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DEDICADO A ROSA... «Maestro, quíteme la piedra, me llamo Lubbert Das.» El Bosco
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Nuevo diseñoHe aquí el nuevo diseño de La piedra de Sísifo, creo que más agradable a la vista y más personal. Me gustaría señalar dos cosas: he añadido dos nuevos temas, no porque vaya a hablar de cosas nuevas, sino porque bajo la nomenclatura de "otros" se agrupaban escritos de muy diversa naturaleza; y he sustituido los anteriores nombres de los temas por expresiones latinas (si existe alguna duda basta con poner el cursor encima). No es el diseño definitivo porque aún no he encontrado lo que buscaba, pero de momento es lo mejor que el tiempo, los conocimientos y los medios de que dispongo me permite hacer. Espero que les guste más que el anterior. Sábado, 25 de Marzo de 2006 22:31. # Esta piedra. Tema: Nihil humani a me alieno puto. Comentarios » Ir a formulario
Pues la verdad es que tu casa ha ganado con el cambio. La lectura resulta agradable por el color y por el tipo de letra. La verdad, es que hay que agradecer a Alberto de Blogia lo que hace por nosotros gratuitamente. Un saludo Fecha: 26/03/2006 00:07. Autor: Vailima Compruebo que tú también tienes un perro con 4 patas. Seguro que el tuyo y el mío son hermanos. Aunque de tantas veces que he puesto 4 patas lo mismo ya es un cienpies. Fecha: 26/03/2006 00:09.
Había estado temprano esta mañana aquí y no vi nada. Me asusté. Ahora todo es sólo asombro. Y muy simpático los nombres de los temas en expresiones latinas. Pero una pena que tengamos que esparar tanto por nuevos escritos. Bueno, por mi parte, me voy a Chile dentro de unas semanas. Estaré allá 6 meses, y no sé qué va a pasar con mi blog. Felicitaciones y saludos, y cuatro patas más! Fecha: 26/03/2006 11:42.
Me ha gustado el cambio, pero me gustan las dos plantillas, ésta y la que tenía. En esta la letra es muy sencilla de ller, excelente. Felicidades, todo un trabajal que ha tenido un muy buen resultado. Fecha: 26/03/2006 20:17. Autor: Santino Me alegra mucho que me digas eso, Vailima, viniendo de una verdadera experta en arte. Me ha costado más trabajo de lo que pensaba, porque mis conocimientos sobre php son muy escasos y no cuento con ningún tipo de medios. Roberto es una persona muy agradable que siempre ha resuelto mis dudas rápidamente por correo. Definitivamente estoy muy contento en Blogia, y lo mejor es que sé que poco a poco va mejorando. Un saludo. Muchas gracias, Piscuis :) Harold, no sé qué debió pasar. La plantilla la cambié ayer y hoy en teoría ya debería verse bien. No dejaré de escribir definitivamente, pero cada vez voy espaciando más mis publicaciones. Que te vaya muy bien por Chile amigo, tal vez desde allí puedas echarle algún vistazo a tu blog. No lo abandones. Un saludo. Gracias de verdad Magda. No estaba muy contento con la plantilla anterior, pero veo que era más una impresión personal. Ahora ya me siento más satisfecho. Un abrazo. Fecha: 26/03/2006 20:56.
Hola! Te encuentro tras ver tu mensaje en el foro. A mi m pasa lo mismo con el diseño...seguiremos en la busqueda. Pasaré de nuevo por aki a ver q se cuece. Un beso ;) Fecha: 28/03/2006 01:40.
Hola Santino. Esta plantilla es agradable, mas no sé si es el verde muy acentuado... Y como dices, es una transición. La otra plantilla tenía su elegancia. Será porque las dos tienen algo de tu criterio estético. Por esxperincia propia , sé que lkleva tiempo alcanzar algo que a uno le sartisfaga hasta cierto grado, aceptable. Un cálido salute. Fecha: 29/03/2006 15:52.
UNOS CUANTOS SUPOSITORIOS PARA EL MERLUZO DE TRAPIELLO (CARTA CERRADA POR ENTREGAS O TRATAMIENTO EN FORMA DE SUPOSITORIOS QUE, A PARTIR DE HOY Y HASTA EL PRÓXIMO DÍA 29 DE MAYO DE 2006, LE HE PRESCRITO A ESE NOTORIO PICAPLUMAS A QUIEN DIEGO LARA BAUTIZÓ COMO “EL MERLUZO DE TRAPIELLO”, ANDRÉS POR NOMBRE DE PILA, Y EN ADELANTE “EL PAJILLERO DE LA MESA CAMILLA”, CON COPIA PARA FAMILIARES Y AMIGOS, CONOCIDOS Y DESCONOCIDOS, Y MUY EN ESPECIAL PARA LOS HERMANOS GARCÍA ALIX, PUES EL MERLUZO SE ESCUDA EN ELLOS, Y PARA MIS PROPIOS HERMANOS, AGRUPADOS EN EL BUFETE RIVAS & ASOCIADOS, PUES TAMBIÉN SE SIENTEN AFECTADOS POR LA SARTA DE MENTIRAS, INFAMIAS Y CALUMNIAS QUE EL MERLUZO VIENE ESCUPIENDOME A LA CARA EN SUCESIVAS ENTREGAS DE SUS MOSTRENCOS DIARIOS, Y CON EXTRAÑA SAÑA EN EL ÚLTIMO DE ELLOS, INTITULADO “EL JARDÍN DE LA POLVORA”, CON PETICIÓN EXPRESA DE QUE SEAN DIFUNDIDOS, DE VIVA VOZ O POR ESCRITO, EN LOS MENTIDEROS DE LA VILLA Y CORTE Y EN LAS TERTULIAS DE PUEBLOS Y PROVINCIAS, EN LOS CÍRCULOS RECREATIVOS Y EN LOS SALONES LITERARIOS, EN CASINOS, BARES, REDACCIONES, LIBRERIAS, GALERÍAS DE ARTE, PELUQUERÍAS Y REBOTICAS, EN LOS MEDIOS LIBERTARIOS Y EN LOS CAMPUS UNIVERSITARIOS, EN LOS ARRABALES DE LA ACADEMIA Y EN LOS FOROS DE LA RED, JUNTO A UNA INVITACIÓN FORMAL A QUIENES TENGAN CONOCIMIENTOS DE CAUSA PARA QUE SE SUMEN A ESTA BATIDA CUYOS OBJETIVOS SON MUY SIMPLES: PLANCHARLE LA ARRUGADA NEURONA QUE LE QUEDA AL PERSONAJILLO MÁS RIJOSO DEL MUNDO DE LAS LETRAS, PASARLE EL PLUMERO DEL POLVO AL CORAZÓN MÁS REVENÍO DE LA MADRILEÑA CALLE CONDE DE XIQUENA Y, POR FIN, OBLIGARLE A BAJAR DEL BURRO AL TONTO MÁS SOLEMNE DE MANZANEDA DE TORÍO, AUNQUE SOLO SEA POR EVITAR QUE SIGA HACIÉNDOSE DAÑO A SÍ MISMO Y SALPICANDO A LOS DEMÁS, Y DADO QUE TRAS ESTA BEATA TRINIDAD SE ESCONDE UN ÚNICO CARNET DE IDENTIDAD, EN CASO DE QUE EL MERLUZO SE RESISTA O SE QUIERA ESCAQUEAR, QUEDA AVISADO QUE NO EXISTE HUMANO MODO QUE LE LIBRE DEL ESCARNIO PÚBLICO, DEL ESCARMIENTO EJEMPLAR NI DE LA OBLIGACIÓN DE APECHUGAR CON LAS CONSECUENCIAS DE SUS ACTOS.) I.- LA FORJA DE UN POETA PURO No hace mucho, mi amiga Lidia Lunch publicó un libro que empezaba recordarnos algo evidente, pero que de vez en cuando conviene repetir: en este mundo todos somos jodídamente culpables, pero tú, merluzo, además de culpable, eres tonto, aburrido, envidioso, retorcido, mentiroso, cobarde, hipócrita, mezquino, perdonavidas e hipocondríaco, por entresacar tan solo algunos de los muchos dones que atesoras, congénitos todos ellos y que tienden a agravarse con la edad. Hace treinta años que te conozco. Hace muchos coincidimos j en varias empresas tan breves como episódicas, en algún que otro empeño y poco más. A caballo entre los años 77 y 78 trabajamos una temporada en el programa “Trazos” de la segunda cadena de RTVE, bajo la batuta de Paloma Chamorro y, a consecuencia de ello, durante varios meses compartimos un pisito en el barrio de Aluche de Madrid. La patrona, que andaba en combinación con el jefe de producción del programa, era una actriz de reparto ya retirada y muy simpática a la que en uno de tus tostones anuales, imagino que por adobarlo con algún detalle exótico, la disfrazas de flamenca y la envías de gira por el Líbano como Carmen de Ronda, pero su nombre artístico era Eva Güer, apócope del apellido Guerrero, muy a tono con unas ideas rabiosamente modernas sobre cosmética y decoración que le llevaron a tapizar la mayor pared del salón con mullidos lienzos de skay de un color naranja butano que, por excesivo, tenían hasta gracia pero a ti te ponían de los nervios, la patrona y el tapizado. En aquel marco incomparable cumplimos los dos 25 años y tu alumbraste tus primeros versos, unos poemillas tristones y campanudos escritos muy trabajosamente, dicho sea de paso, y empezaste a rumiar tu primer libro de versos. Ya tenías publicada una monografía sobre el escultor abstracto José Luis Sánchez, un libro de conversaciones con el pintor geométrico Eusebio Sempere y habías firmado el guión de un documental sobre Julio Romero de Torres. Poco a poco ibas labrándote un curioso cartelito de crítico de arte moderno, servicial y sensiblero, progresivamente atormentado por la manía obsesiva de ser, por encima de todo, poeta, solo poeta, y excepto a la poesía, a todo lo demás empezaste a hacerle ascos, a ponerle mala cara, a ganarte el apodo de Sor Melindres con el que se te empezó a conocer. Todo se te antojaba una filfa, alfalfa si cabe, pane lucrando que diría don Latino, ganapanes por los que no estabas dispuesto a seguir empeñando ni una pestaña de tu alma de poeta. Extravagancia que, por cómica y desmesurada, nadie te tomaba muy en serio. Te consolábamos, eso sí, en tus momentos de flaqueza y desfallecimiento, muy teatrales por cierto, y lo hacíamos con un punto de ternura y una punta de pitorreo, muy lejos de sospechar el tamaño de tu soberbia, la gravedad que alcanzaría tu desvarío. Decías, con inflexión grave y afectada: de todas las amantes la poesía es la más celosa y exigente, y a fuerza de repetirlo terminaste creyéndotelo. Te dio como un pasmo que tomaste por trance, y con el mismo gesto de mansedumbre y resignación infinitas con que las beatas acometen el vía crucis a pesar de las varices, emprendiste la ascensión del Parnaso. Los comienzos fueron duros, siempre lo son, incluso para el futuro autor de “La vida fácil”, ese clásico de la poesía inconsútil, por decirlo con un adjetivo que tú detestas, seguramente porque te viene como un guante. Tu primer Virgilio fue José Miguel Ullán, castellano como tú de una Castilla aún más profundas si cabe, y natural de un pueblo con un nombre aún más sonoro que el de tu pueblo. Tras la muerte de Franco, Ullán regresaba del exilio aureolado por una leyenda extraordinaria en la que se fundían política y poesía, el París de los conciábulos antifranquistas y las soirêes de Marguerite Duras, los versos iconoclastas de la “Antología Salvaje” y las pesadillas maoístas de Julio Álvarez del Vayo, senil presidente del FRAP y auténtico Avinareta de nuestro tiempo. No recuerdo bien en que momento del camino le saltaste a la chepa, supongo que en la estación de Valladolid, lo cierto es que a Madrid llegaste encaramado sobre su hombro, el derecho creo. Tu Virgilio, lo reconocerás, cumplió con su cometido y te dejó colocado en uno de los círculos exteriores del infierno, tampoco hay que exagerar, de nombre Guadalimar. Al demonio encargado de fustigarte con el tridente le llamaban el Fenicio, y tú acudías a diario desde un pisito compartido, allá por el metro de Empalme, a trabajar como un chino oficiándole de negro. Ullán, y eso para ti fue un problema insuperable, te obligaba a transitar por arrabales de la poesía donde no te sentías seguro, perdías pie, trastabillabas, te daban los calofríos. Al principio no parecía importarte demasiado, y durante varios años usaste su nombre a guisa de salvoconducto, lo exhibías con orgullo, como un fantasma posado sobre tu hombro, el izquierdo creo. Nos contabas hazañas inauditas de tu ídolo de juventud, aunque siempre un poco de oídas pues, a la hora de las correspondencias, Ullán pasaba de ti, nunca te sacaba de paseo y no perdía ocasión de humillarte en público y en privado. Tu sufrías en silencio pues el de las humillaciones era el único terreno en el que estabas verdaderamente curtido, y por las noches sufrías de insomnio y de pesadillas atroces. Como todo masoquista, para ti era como una droga y las drogas nunca te sentaron bien, ni las blandas ni las duras, ni las buenas ni las malas, aunque en este último tostón, el decimotercero, empleas la jerga del yonqui y hablas de adicciones y monos con esa despreocupada ignorancia del que nunca se entera de que va la vaina. Ocurre, simplemente, que tú estabas hecho de una pasta demasiado delicada y quebradiza, una masa que había empezado a hornearse en un seminario, entre devocionarios y misales, y terminó moldeándose en una facultad de provincia con el libro rojo del presidente Mao. Más que tímido eras aprensivo, untuoso a más no poder, y vivías como embargado por una especie de pánico cerval al prójimo, no digo ya a lo desconocido. De ese capítulo poco memorable de tu biografía rendiste cuentas, cuando ya frisabas los cuarenta, en tu segunda novela, “El buque fantasma” (1992), aún peor si cabe que la primera. Entre tus amigos y los que ya no lo éramos tanto, produjo un sentimiento unánime de vergüenza ajena leer las andanzas de tu alter ego, aquel Martín Benavente, “incombustible conquistador que no oculta sus fragilidades, que en los años sesenta y setenta fue un hombre de acción y, veinte años después, contempla sin solemnidad esa época, tan heroica según los nostálgicos, y acaba comprendiendo que en realidad fueron tiempos más bien desdichados y extravagantes”. Un pobre desgraciado, en fin, “cuyas mentiras nunca hicieron daño a nadie”, curiosa presunción cuanto menos a tenor de la legión de amigos desairados o traicionados en su buena fe que cada año vas inmolando en el inagotable altar de tus complejos. Amistades, relaciones, que no dudas en sacrificar abombando el pecho mientras proclamas estupideces del calibre: “el gitano canta y el escritor, piensa”. Pero allá por el año 77, cuando te agarraste como una lapa al círculo que formábamos, entre otros, Juan Manuel Bonet, Pancho Ortuño y yo mismo, el damnificado eras tú. Al programa de la Chamorro, a la sección de RTVE de la CNT, a las campañas contra la ley de Peligrosidad Social, al mundo de los libros viejos y de los pintores nuevos, al piso de la calle Padre Piquer del barrio de Aluche, llegaste escopeteado, huyendo del infierno del Fenicio y, por los mohines de gratitud que entonces nos prodigabas sin tasa, se diría que de toda tu vida anterior, y lo hiciste con un equipaje mínimo y en circunstancias de las que me ocuparé en próximos supositorios, pues no voy a desaprovechar la oportunidad que tan generosamente me brindas para ofrecer a los lectores un testimonio fresco y ameno de lo que vi y viví tan a lo vivo en su momento.. Era todo un espectáculo verte escribir en el cuartito que te servía de despacho y dormitorio, sobre una de esas mesitas camillas prefabricadas de aglomerado con los faldones gastados, observar el ceremonioso ritual con que disponías los útiles de escritor: un cuaderno, el fajo de cuartillas en blanco, la pluma estilográfica ni mala ni buena, un lápiz muy afilado, un abrecartas, un par de libros, el diccionario, alguna postal y un jarroncillo de cristal donde alguna que otra vez, nunca supe si por racanería o por pudor, bostezaba una rosa viuda (las blancas y las amarillas eran tus favoritas), todo bajo la luz mortecina de un flexo barato. Yo barruntaba que ese sentido de la liturgia tan aguzado lo habías adquirido en el seminario. Ignoraba que antes fuiste monaguillo de tu tío Cesar, y entre los ocho a los catorce años, en León te habías metido entre pecho y espalda varios miles de misas oficiadas en latín y, nevara o diluviara, siempre a las ocho de la mañana. “En mi casa, desde chicos, -alardeas tú al recordarlo- se nos inculcó como el más sagrado de los principios el de la responsabilidad, de modo que no recuerdo haber faltado nunca a aquellas misas, durante dos años, de los ocho a los diez, todos los días, y luego, de los diez a los trece o los catorce, durante los veranos. Por las tardes había que volver a la Maternidad, para asistirle en los bautizos. También tenían lugar a diario, incluidos los domingos.” Dudo mucho que tanta constancia en el cumplimiento del deber te haya asegurado un sitial en el reino de los cielos, pero no me cabe la menor duda que, aquí en la tierra, te impregnó de un aroma indeleble a sotana y agua bendita, a sacristía y semen rancio que, en tu caso y por decirlo con una formula tuya que pasará a los anales, ha sido el “verdadero hurmiento que fermentará toda la masa de lo porvenir”. Era un primor, en fin, verte reclinado sobre la mesa camilla con profundo recogimiento: reposabas con suma delicadeza la barbilla sobre la mano izquierda con el dedo índice muy tieso, cerrabas los ojos concitando a las musas y cuando estas, algo alarmadas por tus requerimientos, se hacían las remolonas, entonces repicabas imperiosamente las yemas de los dedos de la mano derecha contra la superficie de la mesa, no a modo de tamboril, no, sino midiendo las sílabas de un endecasílabo rebelde, ajustándole los acentos, luchando a brazo partido con alguna cesura o sacándole lustre a una metáfora que se te resistía. De tanto en tanto, salías de tu ensimismamiento y con aire triunfal garrapateabas con caligrafía de pata de mosca algunas palabras sobre el papel, puede que todo un verso, con el lapicero en primera instancia y, solo cuando estabas muy seguro del golpe de inspiración, te decidías a gastar la pluma. Y así fue como una de aquellas noches, mientras lidiabas con las musas a pecho descubierto, se te apareció Juan Ramón Jiménez en todo su esplendor, te rozó con la punta de sus finos dedos y te hizo entrega de la llave de oro de la poesía pura. Acontecimiento decisivo o, aún mejor, misterio gozoso que divide tu vida en un antes y un después. El tránsito desde la poesía salvaje hasta la poesía pura, de la veneración por Ullán a la devoción por Juan Ramón, J.R.J. en adelante, fue ya un sendero sembrado de rosas, pero con las rosas, bien lo sabes, vienen las espinas, y con las espinas los episodios chuscos, aunque tu ya parecías inmune a las cosas de este mundo, andabas como traspuesto, iluminado, según contabas, por una íntima determinación. Insisto en lo de íntima pues tu apariencia seguía siendo la misma y, a juzgar por los retratos que se publican en las contraportadas de tus libros y en los suplementos literarios de los periódicos, a la vuelta de tres décadas apenas ha cambiado: las mismas chaquetas de espiguilla, los mismos jerséis de pico, el mismo aspecto de mosquita muerta, la misma mirada esquiva que intenta ser franca sin conseguirlo. Cambió la orientación pero no la naturaleza de tu comercio con las musas, doy fe de ello pues dormíamos, como quien dice, pared contra pared y yo terminé familiarizándome con los ruidos que me llegaban del otro lado, interpretando tus gemidos, jadeos y suspiros como si fueran las señales de un náufrago y, de alguna manera, tú lo eras y, en consecuencia, un artista del manubrio, lo que no supone desdoro alguno, faltaría más, sino otra forma de emular a J.R.J. que, según Bergamín, también lo era. Al llamarte “pajillero de la mesa camilla” no estoy haciendo un chiste fácil sino traduciendo a un lenguaje llano el pretencioso eufemismo de “Caballero del Punto Fijo” con el que te gusta adornarte. Entre la mesa camilla y el modesto camastro donde dormías apenas había un metro de distancia, y en él transcurría prácticamente toda tu vida. En esto, debo reconocerlo, has mejorado mucho: la distancia entre la cama y la mesa camilla que hoy utilizas es de cuatro o cinco metros, y el tamaño de esta mesa camilla actual es mayor que el de la cama de entonces, no digo ya la calidad de los faldones, pesados como cortinas de teatro, o la del brasero eléctrico que calienta tus inviernos, una auténtica pocholada. Semejantes lujos fueron posibles gracias a Miriam, una gran chica, las cosas como son, que conociste en televisión y hoy es tu mujer. En cuanto tuviste oportunidad te mudaste a su piso en la calle Conde de Xiquena, y ya no te has vuelto a mover de allí. En Aluche me dejaste como herencia a un hermano pequeño. A las pocas semanas de la mudanza Juan Manuel Bonet me llamó por teléfono: Andrés está muy mal, dijo. ¿Que le ocurre?, pregunté con lógica alarma. No se sabe, pero parece grave. Quedamos citados aquella misma tarde para visitarte y, en efecto, no tenías buen aspecto. Nos recibiste en la cama, en tu nueva alcoba estilo italiano, con el embozo hasta la barbilla, afiebrado y sudando frío, las ojeras profundas y amoratadas, la mirada perdida, verde, amarillo, lívido. Como moribundo no te faltaba detalle. Con gran esfuerzo levantabas el brazo apenas unos centímetros, no estaba claro si para saludarnos o despedirte definitivamente de nosotros, de la vida, de ese mundo que se había derrumbado sin remedio sobre tu cabeza. Las cortinas estaban corridas, la habitación en penumbra y los amigos te rodeábamos, solícitos, hablando con voz queda, apagada, como contribución al cuadro de tu agonía, tan conseguido que daba casi pena que no fuera en serio. A la entrada, Miriam nos había informado que el médico te había reconocido sin encontrar ningún síntoma preocupante. Una crisis de ansiedad, dictaminó el galeno y te atiborró de valium, supongo. Un jamacuco, que dicen en Sevilla, cuando alguien se fuma un canuto de doble cero y es incapaz de metabolizarlo. Y quien dice un canuto dice cualquier otra cosa. Un atracón de Juan Ramón, dictaminó Juan Manuel, que todavía conservaba el ojo clínico. Yo, menos sensible a los desgarros poéticos, me maliciaba que aquel tableaux vivant no era sino una forma bastante retorcida de marcar el territorio. El tiempo nos ha dado la razón a los dos. (Continuará) Fecha: 30/03/2006 08:50.
Me gustaba el diseño anterior y me gusta éste. Creo que ambos responden a una estética más que aceptable. Todo es cuestión de gustos y de con qué te sientas más cómodo. Saludos Fecha: 30/03/2006 17:07. Autor: Santino Seguiremos en la búsqueda, Keys. Yo también me pasaré a hacerte una visita. Un saludo. Vir&, yo también pensé que quizá fuera demasiado verde, pero también es verdad que en cierta forma lo he buscado, tal vez para encontrar algo que caracterizara el diseño y lo hiciera personal. Un saludo. ATrapillo, sólo tengo que decirte que este no es el lugar apropiado para este tipo de manifestaciones. No lo voy a borrar porque tienes libertad de expresión y atacas a alguien que para mí es lejano, pero yo siempre he tratado de mostrarme pacífico, no he entrado al trapo en cierto tipo de cosas y te aseguro que podría haberlo hecho. Por lo demás no tengo nada en contra de Trapiello, salvo algunas precisiones que hice en su momento. Gracias, Gatito. La verdad es que para mí el cambio es muy a mejor. Mantengo cierto tipo de cosas, porque al fin y al cabo el fondo es la causa de que el diseño sea verde. Un saludo. Fecha: 30/03/2006 19:58.
Yo siempre añado o quito cosas del blog, me gusta maquearlo;) el tuyo transmite paz y calma;) Cuídate, besos y un big abra: Alma;) (f) Fecha: 31/03/2006 11:42. Autor: Santino Muchas gracias, Alma. El verde es uno de los colores más relajantes, aunque ese no sea el motivo de que la página tenga ese color. Ya no creo que añada más cosas, pero sí quisiera cambiar el formato del texto. Al final acabaré probando el wordpress, porque los resultados que he visto me han gustado mucho. Un saludo. Fecha: 02/04/2006 18:58. Autor: Nieve Muy chulo, muy bonito, demasiado bien te ha quedado si dices que no tienes muchos conocimientos!! yo lo maximo que hago es coger las opciones que me da blogia, todavia no he sabido ni poner el encabezado, asi que fijate, lo mas que hago es cambiar los colorcitos, asi que cualquier cosa que sea mas que eso... Espero que tu te sientas agusto, que realmente es lo que mas importa... Muchos besitos Fecha: 02/04/2006 19:21. Autor: Santino Muchas gracias, Nieve. Con internet es muy fácil aprender, porque hay tutoriales por todas partes, pero el tema no me interesa tanto, así que he mirado lo básico para conseguir lo que quería. Blogia te da muchas opciones. Besos. Buenas joup. Me alegra verte por aquí. Últimamente ando un poco liado y no tengo mucho tiempo para leer ni para escribir, pero esta situación no será eterna. Un saludo. Fecha: 04/04/2006 21:15.
pues!!!!!!!!! :D te quiero leer mas prontooo mi amigo santino... che pues de nada yo aqui nomaj sin sueño... :$ Besos y tomate una taza de leche ya? :D bye Fecha: 05/04/2006 07:05. Autor: Mythos Esta bastante mejor que antes que era un diseño más simple aunque has dejado este verde oliva en las entradas que sigue sin gustarme mucho xdd Un verde como el del cajetín de presentación quedaría mejor. Aunque no sé si crearía conflicto con la letra. En fin, en todo caso, mejor. Y lo importante es el contenido y no el continente xdd Era algo así Saludos, desaparecido Fecha: 05/04/2006 17:27. Autor: Santino Muchas gracias, joup. De verdad que tus palabras me animan. Por desgracia tengo deberes ineludibles que me impiden hacer una de las cosas que más me gustan: escribir. Pero aunque poco, nunca dejaré de hacerlo. Gracias a ti también, Piscuis. Sólo me resulta posible escribir los fines de semana, y a veces ni eso. Intentaré para este fin de semana publicar una entrada sobre fotografía. Mythos, me alegra mucho verte por aquí. En cuanto al fondo, ya he intentado algunos cambios. Principalmente quería colores claros, para que se vieran mejor las letras. Lo intenté con el blanco y con algunos verdes claros, pero no me convencían. El verde que dices tú efectivamente hace que las letras no se lean bien. Una buena presentación ayuda. Siento estar más incomunicado que de costumbre, pero ya sabes bien cuáles son mis circunstancias, y ahora mismo no podría hacer otra cosa. No creas que no me acuerdo de ti, de todos vosotros. Espero que os vaya todo muy bien, y ya hablaremos. Un saludo. Fecha: 05/04/2006 20:04. Autor: Gruchegnka Ah sí... tengo suerte, parecen lecturas muy interesantes, Literatura Norteamericana promete ser interesantísima... Voy a echarle un vistazo a su blog... Salud! V.- Fecha: 06/04/2006 03:33. Autor: Santino Sé bienvenida, Gruchegnka. La literatura norteamericana es mi vieja asignatura pendiente de la que me gustaría ponerme al día en cuanto me sea posible. Es imposible entender la literatura sin este pilar imprescindible en los dos últimos siglos. Un saludo. Fecha: 06/04/2006 20:18. |
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