Salamanca acoge la exposición hasta el próximo 3 de marzoUna exposición de Gustave Doré con obras del Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Estrasburgo revela la faceta de pintor incomprendido por la crítica de su época de este prolífico ilustrador francés del XIX, que puso caras a la Biblioteca Universal y se adelantó medio siglo a las vanguardias que le siguieron.
La sala San Eloy, en Salamanca, acoge desde ayer y hasta el próximo 3 de marzo ochenta obras de este artista, que se codeó con los románticos y fue ante todo caricaturista e ilustrador, con más de 10.000 grabados en su haber, pero también pintor y escultor con un rico imaginario personal. En la muestra, dos espacios enseñan al visitante el Doré más conocido, que mediante grabados y dibujos plasmó en imágenes obras maestras de la literatura como El Quijote de Cervantes, La Divina Comedia de Dante, Macbeth y La Tempestad de Shakespeare, las Fábulas de La Fontaine, Orlando Furioso , La Biblia y también títulos de Rabelais, Balzac, Coleridge y Verne.
Con una técnica «casi automática» y una forma de pintar rápida y espontánea, el francés también se anticipó a las vanguardias de mediados del siglo XX, y en caricaturas, libros de dibujo e ilustraciones para obras históricas se reveló como precursor del cómic e introdujo bromas más propias del dadaísmo que de su época.
Para el conservador jefe del Museo de Arte Contemporáneo de Estrasburgo, Emmanuel Guigon, Doré mostraba una espontaneidad «que lo vincula al siglo XX».
Artista precoz, pues ya trazaba caricaturas a los cinco años y desde muy joven colaboró con las principales revistas humorísticas de su tiempo, Dore vivía sólo para su trabajo y su gran deseo era ser un pintor reconocido.
Por ello, el tercer espacio de la exposición acerca al público esas obras poco conocidas pero a las que el artista, que murió en la cincuentena, consagró mucha más energía que a sus ilustraciones.
Paisajes de infanciaLos paisajes de su infancia y los que se grabaron en su mente cuando acompañaba a su padre en viajes de trabajo protagonizan esta obra más personal de Gustave Dore a la que los críticos franceses de la época no hicieron demasiado caso, aunque sí los británicos.
Se trata de acuarelas que plasman paisajes románticos de cementerios junto a lagos, ciudades como Saint Malo y Cluny, vistas del Tirol austríaco, del Valle del Rin y también imágenes inspiradas en la mitología y en alegorías que explican lo que Emile Zola pensaba de Doré: «Ningún artista se ha preocupado menos por la realidad».
También Baudeleire opinó del ilustrador que «daba un carácter sobrenatural a los paisajes». Además, Gustavo Doré tuvo una especial relación con España ya que no sólo ilustró la más universal obra de Cervantes, sino también el libro L'Espagne , de Charles Davillier, en el que retrató a campesinos andaluces, charros, enanos con bandurrias y demás paisanaje de la época.
Tras su paso por Salamanca, las obras de Gustave Doré viajarán al Museo de Bellas Artes de la capital sevillana, cuyo director, Ignacio Cano, destacó de esta «magnífica» colección el hecho de que «ayuda a abrir los ojos y valorar a un artista fundamental en el panorama del siglo XIX».
J. M. GARCÍAwww.diariodeleon.com