El enlace entre Miller y Monroe en 1956 se consideró el máximo nexo entre la inteligencia y la belleza. / EFE-DA Mito del teatro mundial del siglo XX, el escritor falleció a los 89 años a causa de una dolencia cardíacaArthur Miller, el autor que entró en los anales de la dramaturgia estadounidense con La muerte de un viajante, falleció el pasado jueves a los 89 años a consecuencia de una dolencia cardiaca en su domicilio de Connecticut.Agencias
Nueva York - Madrid
Realizó los sueños de infinidad de contemporáneos al casarse con Marilyn Monroe y ganar un premio Pulitzer, pero el sustento básico de muchos de sus escritos fueron las pesadillas del fracaso, la soledad, el acoso y el sinsentido. El autor se destacó por sus retratos descarnados de individuos ahogados por una estrecha moralidad y las presiones de la sociedad y la familia. Además de un excelente dramaturgo, de los más grandes en lengua inglesa, que junto a Eugene O’Neill y Tennessee Williams forma el gran triunvirato de la escena teatral mundial, Miller es también conocido por su intenso activismo político y social, una actividad que no ha estado exenta de contradicciones.
Vocación literaria
Nacido en Nueva York el 17 de octubre de 1915, hijo de los emigrantes vieneses judíos Isidoro Millar y Augusta Bernett, la futura figura literaria se costeó los estudios de Letras en la Universidad de Michigan con su propio trabajo en un almacén. Su vocación literaria fue temprana y ya en 1938, mientras cursaba estudios universitarios, recibió varios premios por su comedia Todavía crece la hierba.
A los 28 años estrenó la comedia
The Man Who Had All the Luck, traducible literalmente como
El hombre que tenía toda la suerte, que posiblemente era como se sentía el joven dramaturgo por aquel entonces, pues a partir de esa obra pudo llevar con regularidad sus textos a escena.
Al término de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) escribió
Todos eran mis hijos, que se estrenó en 1947 y se representó en varios países. Con esta obra, uno de sus mayores éxitos, recibió en 1948 el premio de la Crítica de Nueva York. A partir de entonces, sus obras se traducen a numerosos idiomas, son representadas por los más importantes actores y llevadas a escena por directores de renombre, entre ellos Elia Kazan.
Sin embargo, su consagración definitiva llegó en 1949 con
La muerte de un viajante, con la que recibió el codiciado premio Pulitzer y de nuevo el de la Crítica neoyorquina. Esa obra, paradigma de la literatura de Miller, se ha convertido en pieza fija del repertorio de los mejores teatros y llegó al cine y la televisión en varias ocasiones, una de las más recordadas en 1985 con la versión para la pequeña pantalla dirigida por Volker Schlöndorff y con Dustin Hoffman en el papel del vendedor cuyo fracaso vital simboliza el declive del "sueño americano". Como ésta, otras de sus obras ocurren en el ambiente familiar, pero Miller usó los dramas íntimos y cercanos para enviar mensajes sobre política, moralidad y en especial el carácter alienante de la sociedad.
Así, en
Las brujas de Salem en 1953, que ganó un premio Tony, Miller escribió sobre la caza de brujas en esa colonia del estado de Massachusetts en el siglo XVII, una metáfora sobre investigaciones que el Congreso realizaba en aquella época sobre las actividades supuestamente comunistas de los intelectuales estadounidenses. Miller sufrió el acoso del Comité de Actividades Antiamericanas y llegó a comparecer ante él en 1956. Otras obras dramáticas de Miller incluyen Incidente en Vichy (1965), El premio (1968) y Cristal roto (1994). También escribió un guión,
Vidas rebeldes (1961), una novela
Enfoque (1945) y un ensayo sobre la Unión Soviética,
En Rusia (1969).
En España, el dramaturgo neoyorquino fue galardonado con el premio Príncipe de Asturias de las Letras en la edición de 2002. En aquella ocasión, el jurado lo consideró "el maestro indiscutible del drama contemporáneo que con independencia de espíritu y notable sentido crítico ha sabido transmitir desde la escena las inquietudes, los conflictos y las pasiones de los hombres".
Miller es considerado tanto un escritor psicológico como social, preocupado por desentrañar los comportamientos de los individuos a través de sus motivaciones, de sus razones; sus personajes son reconocibles, tipos más que comunes y cotidianos, pero cuyas vidas eleva el autor dramático a la categoría de universales a través de la fuerza que imprime a sus obras. Quién no recuerda a Willy Loman, el viajante, representante elevado ya a la categoría de clásico de los estragos que causa una sociedad con un capitalismo rampante sobre quienes renuncian a sus principios más humanos para triunfar en el mundo de los negocios, los valores materiales, y el culto al éxito. Y sólo para ser destruido finalmente por la misma maquinaria que con tanto sacrificio personal ha contribuido a sostener.
Miller concibe el teatro como crítica social, como exponente de la naturaleza de la sociedad, y a través de él reclama con insistencia cambios drásticos en los valores que la sustentan. Como él mismo comenta en el prefacio a una de sus últimas obras, la colección de ensayos titulada Al correr de los años (2002), "uno daba por sentado, y a decir verdad sin necesidad de pensar demasiado en ello, que incluso la idea de escritor tenía poco que ver con alguien que proporciona entretenimiento (cosa en lo que básicamente se ha convertido); al contrario, se asociaba a alguien que se proponía reconstruir la humanidad", y apostilla entre paréntesis con humor, "(y, por supuesto, hacerse famoso al mismo tiempo)".
La estela de MarilynMarilyn ya era una estrella con todos los oropeles, joyas, pieles, fama, depresiones y adicciones, cuando aterrizó de golpe en la vida de Arthur Miller. La actriz buscaba en él la estabilidad, el apoyo emocional, el refugio que no había encontrado en otras relaciones, en su trabajo, ni en sí misma. Y también el estatus intelectual que nadie le otorgaba. Se conocieron en el Actors Studio y en 1956 se casaron (el tercer matrimonio para ella). Durante una larga temporada, vivieron apartados de las cámaras, pero la actriz pasaba por una de las peores crisis emocionales de las muchas que tuvo en su vida y el sueño de amor comenzó a romperse apenas al año de darse el sí. Marilyn le llegó a ser infiel con Yves Montand, al que conoció en la película El multimillonario. Aun así, Miller la perdonó, pero el matrimonio hacía agua y la carrera de la actriz comenzaba a tambalearse. Marilyn tenía problemas con el alcohol y los tranquilizantes. En 1961, Monroe y Miller se divorciaron y ella entró en su época más oscura, que derivó en su tan igual oscura muerte en 1962. El escritor logró rehacer su vida e incluso volvió a casarse con la fotógrafa de prensa Inge Morath; sin embargo, la estela de la rubia cinematográfica más famosa de todos los tiempos fue muy difícil de borrar.
Miller y el cineMaestro induscutible del teatro, Hollywood no pudo evitar rendirse a los encantos de la obra de Arthur Miller y llevó a la pantalla grandes adaptaciones de varias de sus obras. Dejó también muestras de su talento en el guión del clásico Vidas rebeldes. La primera adaptación cinematográfica de su obra se produjo en All my Sons (1948), dirigida por Irving Reis y protagonizada por Edward G. Robinson y Burt Lancaster. Tres años más tarde llegó la primera versión de Muerte de un viajante con Laslo Benedek en la dirección y Frederic March y Mildred Dunnock en los papeles protagonistas. Casi 35 años más tarde, en 1985, Volker Schlöndorff volvía a recrear esta obra, con un inspirado Dustin Hoffman en el papel protagonista, y John Malkovich como uno de sus hijos.
Según el
New York Post, Miller tenía cáncer y neumonía además de problemas cardíacos. Su asistente, Julia Bolus, explicó ayer que la semana pasada fue trasladado del hospital, donde había sido ingresado al empeorar, a la granja del siglo XVIII que compró cuando estaba casado con Marilyn. "Es donde quería ir", declaró al tabloide la hermana de Miller, Joan Copeland.
Allí murió, rodeado de familiares y amigos. Junto a él estaba la pintora de 34 años Agnes Barley, con la que Miller inició una relación después de que en el 2002 muriera la que fue su esposa durante casi cuatro décadas, la fotógrafa Inge Morath. También estaba Rebecca, la hija de Miller y Morath, que es cineasta y está casada con el actor Daniel Day-Lewis, con el que Miller compartía, entre otras cosas, el amor por la carpintería. "Me fascina la idea de crear una nueva sombra en la tierra", dijo una vez el escritor.
Hasta que la enfermedad obligó a ingresarle, Miller había seguido escribiendo. Su último trabajo de ficción, una historia corta titulada
Castores --sobre un hombre que reflexiona sobre su vida tras ver cómo matan a un animal en su propiedad--, aparece publicada en el último número de
Harper´s.
El autor también estaba trabajando con la Biblioteca de América en un antología, estaba recopilando sus diarios para un libro y colaboraba con el productor David Reichenthal en las preparaciones de la producción de
Muerte de un viajante, que se estrena en mayo en Londres.
Otro de sus relatos,
The turpentine still, se publica en el próximo número en
Southwest Review. También en este trabajo, centrado en un personaje que empieza a pensar en su legado cuando se encuentra en Haití con un expatriado a punto de morir, Miller miraba hacia la muerte.
La pérdida de Miller ha creado una sensación de vacío en el mundo de las letras. Edward Albee, un autor al que Arthur Miller una vez alabó diciéndole que sus obras eran "necesarias", ayer devolvió las loas y aseguró que el trabajo del fallecido había sido "esencial" para el pensamiento contemporáneo.
Agencias Nueva York-Madrid, www.diariodeavisos.comEsther Álvarez, www.lavozdeasturias.comIdoya Noaim, www.lavozdeasturias.com