Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2005.
De los autodidactas
De los autodidactas decía Machado que hay que desconfiar. Su lógica me parece que guarda detrás de lúcido razonamiento, porque ya es bastante difícil aprender con la ayuda de buenos maestros, pero cuando se consigue sin ayuda de nadie resulta cuando menos sospechoso, y más aún si se presume de ello. Sin embargo, siempre me ha parecido una de esas tantas opiniones matizables que tiene Machado -junto al tema de la mujer, por ejemplo-.
Me parece correcta la forma de pensar del que fue un gran maestro, ¿pero qué ocurre cuando sólo se cruzan en tu vida reyes Ubúes, despreciables seres que te arrancan las ansias por aprender de raíz, a fuerza de ineptitud y maldad despreciable? Desde luego, no muchas veces se puede aprovechar esa situación como hizo Alfred Jarry. Ni estaría bien que todos los hiciera, porque con un padre Ubú en el mundo ya tenemos suficiente.
Pero hay que admitir que no todos podemos tener la suerte de Aristóteles, que tenía como maestro a Platón; ni la suerte de Platón, que tenía como maestro a Sócrates; ni la suerte de Sócrates que tenía como maestra a Diotima -detrás probablemente estaría Safo, a quien Sócrates no llamó "bella" sino en el sentido etimológico de la palabra, entendido como sabia-. Ni todos tenemos la suerte de un Borges, con maestros de la talla de Macedonio Fernández y Cansinos Asens; porque Borges fue capaz de captar bien la esencia socrática, el diálogo como fuente de conocimiento. Pero no dudo que fue mucho más allá.
El caso más paradigmático de los autodidactas es, por supuesto, Miguel Hernández. Es la mejor forma de plantearse hasta qué punto es autodidacta un autodidacta. Este poeta-cabrero aprendió por sí mismo, pero hasta cierto punto. ¿Se podría decir que Góngora no fue maestro de Miguel Hernández? No hay duda, desde luego, porque el Hernández más temprano bebió en los ritmos gongorinos. Del mismo modo, no cabe duda de que Góngora tuvo maestros de la talla de Horacio u Ovidio. Y lo mismo ocurre con otros tantos de esos llamados autodidactas, Alberti y Lorca -hasta cierto punto, por supuesto-. Pero en última instancia todos somos un poco autodidactas, cualquiera que tenga una mínima curiosidad.
¿Acaso no se puede considerar a los libros como los mejores maestros, a falta de alguien de carne y hueso? Porque si llevamos la reflexión al límite de sus consecuencias, nada de lo que somos nos pertenece, como decía Papini en Gog, nada de lo que aprendemos puede ser aprehendido a priori. Quizá es un punto de vista demasiado radical, pero desde luego, siempre hay que tener en mente aquellos sabios versos de Quevedo, que supo bien de qué iba el asunto: Retirado en la paz de estos desiertos, /con pocos, pero doctos libros juntos, /vivo en conversación con los difuntos, /y escucho con mis ojos a los muertos.
Encadenando razonamientos, tan bien como Machado gustaba de hacer, se puede llegar a la conclusión de que no hay autodidactas. Sólo hay personas que cuentan con maestros de carne y hueso, y personas que cuentan con maestros de papel. Sospecho que Machado tal vez se equivocaba -quizá llevado por la autopromoción de sí mismo, o de su Juan de Mairena, otro profesor-, o no reflexionó lo suficiente sobre este asunto.
A veces, las historias que conocemos no son como las conocemos. Sólo a veces. Entonces pueden cambiar y ser otras historias. Cuando esto pasa hay que tomarlas rápidamente, antes de que vuelvan a su estado original. Así comprendemos mejor por qué son tal como son.
Allí estabas, triste, ojerosa, con un trozo de alma entre las palmas de tus manos, apenas cogida a pellizcos, apenas entre un puñado de suspiros débiles. Allí estabas. Y era como si no estuvieras, como si nunca hubieras estado. Tus rodillas besaban la tierra, y sus besos caían, enterrados en tu pena. Mirabas hacia arriba, donde estaba él.
En sus ojos no había reproches. Detrás de su calma negra, de su filo de oscura tranquilidad, latía la pasión de un amor incontenible, latían los celos de un mar embravecido, latía la duda del ser o no ser, del vivir o morir, latía la magia de una noche de verano, latía la maldad de un asesino, traidor y conspirador, latía el mundo, por cierto. Y a pesar de todo, una oscura calma, sin reproches.
—Dadme otra oportunidad, Señor. Dejad que intente ser feliz, dejad que mi amor extienda sus alas, que encienda las noches, que queme al sol y seque las fuentes del mundo. Dicen que es tan poderoso el amor, que todo lo imposible lo vuelve posible. Os pido que me deis la oportunidad que Cristo dio a Lázaro...
—Pequeña y dulce estrella, ya sabéis cuánto os amo —¿había lucha dentro de él o todo estaba decidido?—. Así que os daré una única oportunidad, para que me demostréis lo equivocado que estaba. Os daré una única oportunidad de ser feliz, de que seáis felices. Tal vez me haya equivocado, después de todo. Pero recuerda que a pesar de todo os amo...
Tus llorosas súplicas se convirtieron en gozosos gemidos. Ahora le tocabas los pies con tus piadosas manos, las lágrimas virginales jugaban y bailaban por tu rostro blanco, y al caer al suelo y chocar con la tierra se escuchaban risas. Él os había concedido otra oportunidad.
Aquella noche, después de cientos de años, fue diferente a las demás. Por primera vez, después de repetir el mismo ritual de dolor y muertes cada noche, condenados al sacrificio eterno, por primera vez, la contienda entre Romeo y Paris se alargó un par de minutos. Cuando Paris cayó muerto, y Romeo se disponía a beber la terrible ponzoña, los gritos de Fray Lorenzo le advirtieron de que Julieta estaba con vida. Y Romeo no bebió, por primera vez en cientos de años, por primera noche, Romeo vivió. Así fue como cambió la historia, por única vez.
Por única vez, Julieta, al despertar, no te encontraste con un manto de espadas ensangrentadas, venenos y cuerpos sin vida. Te abrazaste a tu amado Romeo, mientras os jurabais amor eterno. Pero no había tiempo para que el corazón latiera y la dicha creciera. Romeo acababa de matar al conde Paris, la guardia real llegaría en cualquier momento. Era necesario huir. Así lo hicisteis, volviendo a Mantua, donde os ocultasteis. Ya no era posible volver a Verona: Romeo no sólo era doblemente asesino, sino que fue acusado de robar el cadáver de Julieta. Montescos y Capuletos montaron en cólera, y sus odios crecieron con la misma velocidad que creció el amor entre Romeo y Julieta. Verona ya no era una ciudad segura. La reconciliación entre las dos familias ya parecía imposible.
Pero Julieta, eras feliz con Romeo, juntos, ocultos en Mantua. Sólo Fray Lorenzo conocía vuestro paradero, y nunca se lo revelaría a nadie. Preferisteis olvidar Verona, y aunque vivíais en una humilde casa en Mantua, hicisteis de vuestros labios un auténtico hogar eterno. Os solazabais mutuamente con las más dulces palabras. Por fin, habíais roto la trágica cadena en que se habían convertido vuestras vidas.
Sin embargo, no sólo del amor se vive. Entonces fue cuando empezasteis a pasar penalidades económicas. Y para poder manteneros, Romeo tuvo que montar un pequeño comercio. No daba mucho dinero, pero vosotros seguíais siendo felices: sólo necesitabais lo justo para vivir, y para ser felices con vuestro amor sobraba.
Al cabo de unos años, Dios quiso obsequiar vuestro amor con dos hijos y una hija. Erais tan felices... aunque el dinero del comercio no era suficiente para mantenerlos a todos. Y tu amado Romeo tuvo que salir a trabajar por las noches. Ahora os veíais mucho menos. Romeo llegaba cansado de trabajar, y su lengua venía cansada también para dedicarte algunas dulces palabras. Ya no todo podía ser amor. Teníais obligaciones, las vidas de tres niños en vuestras manos.
Durante años el carácter de Romeo fue cambiando, tan poco a poco, que cuando te quisiste dar cuenta, Julieta, hacía años que no escuchabas una sola palabra de amor. Romeo ya no era más el peregrino perdido que se arrepentía en tus labios con besos santos, ya no era más la rosa de nombre Montesco, ni el rayo en mitad de la noche. Antes hubierais estado toda la noche despidiéndoos, hasta el amanecer, y ahora que amanecíais juntos, ya no había despedidas. El rubor de tus mejillas se fue apagando lentamente, y te sumiste en una profunda melancolía. Antes habías jurado que no podías contar el caudal de tu tesoro, y ahora jurarías que no hay tal tesoro. Después de todo, entonces no tenías más que catorce años, y ahora eras una fruta madura.
Poco a poco te fuiste sumiendo en una noche sin luna ni estrellas. Te pasabas el día cuidando de tus hijos, entre sollozos y llantos silenciosos; y cuando Romeo llegaba al hogar, no tenía para ti más que el casto beso de una virgen y unas pocas palabras que te pedían la cena. ¿Cómo hablar con él, pobre Julieta?, ¿cómo decirle lo que sientes sin ofenderlo?, ¿cómo decirle que ya no le amas porque él no te ama? Pero eran otros tiempos, y las damas debían permanecer junto a sus esposos, a pesar de todo.
Así que tuviste que aguantar. A pesar de que en la iglesia, único lugar que pisabas fuera del hogar, llegaban rumores hasta tus oídos de que Romeo era un borracho conocido en todas las tabernas y tugurios de Mantua. A pesar de que decían que se entendía con una dama llamada Rosalía, a la que él había amado ardientemente años atrás, y cuya pasión había vuelto a despertar. Tal vez fuera ese el motivo de la frialdad de su comportamiento.
Ahora estabas pálida en casa, mientras tu bebé lloraba, y otro de tus hijos te pedía que le calentaras leche. Tú también llorabas, en silencio, como lo hacías todo. Callándote la amargura de años, el desengaño de un alma partida a trozos desiguales. Y te lamentabas por lo que había pasado aquella noche, pobre Julieta, deseando que Romeo hubiera apurado el veneno antes de que Fray Lorenzo llegara, como solía suceder de costumbre. O tal vez que Paris lo hubiera matado. Cualquier excusa para morir de dolor al despertar, y poder darle fin a tu vida. Para que vuestro amor hubiera vivido.
Ahora empiezas a comprender, después de tantos años. Rezas porque todo vuelva a ser como antes, y las plegarias que salen de tus labios consumidos se pierden en el llanto de tus hijos. Ya nadie te quiere. Estás sola. Compréndelo, Julieta, sola. Nadie te desea, te ama, ni te necesita. Cuanto antes lo asumas, antes podrás comprender todo lo que has perdido, y el trágico final que le espera a tu vida. ¿Haber muerto aquella noche una tragedia? Ahora piensas que es la mayor de las felicidades, que la triste historia de Romeo y Julieta, tal y como todos la conocen, no es tan triste después de todo, porque es la historia de un amor eterno, de un amor completo. Ahora sí que es triste y trágica tu historia.
Lloras y rezas, pidiéndole a Dios, o a Shakespeare, haber muerto aquella noche. Te arrepientes de haberle pedido una oportunidad. Después de todo, ahora empiezas a comprender. Shakespeare te dijo que te amaba, que quería lo mejor para ti, y era cierto. Ahora sabías la verdad: no fue el odio de dos familias, no fue la lucha entre Montescos y Capuletos lo que mató a Romeo y Julieta; ellos murieron para que su amor viviera. Ese es el sacrificio que exige el amor eterno. Shakespeare también lo supo, y por eso vuestra historia tenía ese final.
—No llores más, pequeña y dulce estrella —la voz era suave y profunda—. Ya sabéis cuánto os amo. Os he dado una única oportunidad, pero no voy a dejar que os consumáis en la tristeza. Es momento de volver a la noche eterna, en que ambos morís y perpetuáis vuestro amor en la memoria de todos los ardientes enamorados adolescentes. Es momento de crear el mito y la magia. La vida real es muy dura para vosotros, dejad que haga mi magia y volváis a la noche eterna.
Sus lágrimas, a pesar de la melancolía, seguían siendo piadosas y llenas de agradecimiento.
Aquella noche, Romeo bebió la ponzoña antes de que Fray Lorenzo llegara. Al despertar, te encontraste con un manto de espadas ensangrentadas, venenos y cadáveres. Lloraste amargamente sobre el cuerpo de Romeo. ¡Oh, cuánto lo querías!, ¡oh, qué felices podríais haber llegado a ser juntos! Pero la muerte cruel te lo arrancaba de entre los brazos. Besaste el poso de sus labios, apurando la última gota de veneno, y después clavaste la daga en tu pecho, para que tu corazón dejara de latir por Romeo. Habías olvidado el milagro. Y ahora, una noche más, estabais muerto, y vuestro amor vivo para la eternidad.
Ya habías olvidado que así es como debía y debe ser; que ese es el precio que hay que pagar por llamarse Píramo y Tisbe, Romeo y Julieta, o Humphrey Bogart e Ingrid Bergman.
en sevilla. Dibujo de la Cárcel Real, en la que estuvo preso Miguel de Cervantes.
Otras actividades. La inminencia del cuarto centenario de la publicación de 'El Quijote' sirve de acicate al historiador sevillano para repasar los actos conmemorativos celebrados con motivo de esta efeméride en los tres siglos anteriores
A mediados de enero de 1605 llegaban a las librerías de Madrid los primeros ejemplares de la novela El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. El éxito fue tal que, agotada esta edición, a los tres meses ya estaba preparada la segunda, y aparecían ediciones piratas en Lisboa. Su autor, un poeta de escaso mérito, manco de la mano izquierda, cautivo en Argel y preso en la cárcel de Sevilla, desgraciado en su vida familiar, incapaz de encontrar en hueco en el mundillo literario de la época, se llamaba Miguel de Cervantes Saavedra. Aún le faltaban once años para dejar este mundo, pero el reconocimiento social y literario no le alcanzó en vida. Sí lo tuvo, y extraordinario, esa novela cuyo cuarto centenario conmemoramos.
En el primer centenario (1705) fue imposible celebrar nada, porque España vivía la primera guerra civil de su historia, dividida entre partidarios de la Casa de Austria y la de Borbón, en la conocida como Guerra de Sucesión. En el segundo, aunque no faltaron sesiones y escritos de homenaje, baste decir que la publicación más sonada fueron los comentarios del Anti-Quijote (1805), cuando ya se oían murmullos de descontento político y se presentía la Guerra de la Independencia. El año 1905 tampoco fue propicio para conmemoraciones centenarias. Fue particularmente trágico en Rusia, donde los obreros amotinados contra el zar Nicolás II murieron a miles, preludio de la próxima revolución. En el mes de junio, en París, a la salida de la Ópera, una bomba anarquista atentaba contra el rey de España Alfonso XIII y el presidente de la República francesa. La crisis política en Madrid era tan aguda que hubo tres cambios de gobierno en un año. En Andalucía, el hambre y la miseria provocaban continuos motines populares entre los obreros en paro, que asaltaron panaderías en Lebrija y Osuna. El propio conde de Romanones, ministro de Agricultura, de visita en Sevilla, hubo de reconocer que era testigo de una "miseria horrible". Y el bondadoso cardenal Spínola, en un gesto insólito de caridad, recorrió las calles de Sevilla pidiendo limosna para los obreros.
En esta circunstancia histórica tan adversa, el país del Quijote se dispuso a celebrar el tercer centenario de la primera novela moderna, gloria de la literatura española. Los escritores ya preparaban la conmemoración con anterioridad, dando como fruto de sus reflexiones, artículos periodísticos y algún libro memorable, como la Vida de Don Quijote y Sancho, de Unamuno, que enaltecía a los personajes literarios en detrimento del autor. Oficialmente, España fue el primer país en reproducir en sellos de correos un molino de viento, como homenaje a la figura entrañable del caballero andante. En Madrid hubo un ciclo de conferencias en el Ateneo y en el mes de mayo una suscripción popular para erigir un monumento a Cervantes.
Las academias se sumaron al centenario con escaso entusiasmo, con simples discursos en sesiones ordinarias. En la Española se leyó un texto de Juan Valera, y en la de la Historia otro del académico canario Francisco Fernández de Bethencourt.
En el Colegio de Médicos de Madrid disertó sobre el tema el gran científico Santiago Ramón y Cajal. Modesto homenaje el de la capital de España hace un siglo, que contrasta con los múltiples actos extraordinarios que prepara en este cuarto centenario.
En Sevilla, pese a la pésima situación económica y social, las autoridades se volcaron en el tercer centenario, programando unos actos públicos de gran resonancia en toda la ciudad. El alcalde, don Fernando Barón y Martínez de Agulló, encargó un informe previo a una comisión de tres concejales, que fue aprobado por el Ayuntamiento en la sesión ordinaria del 5 de mayo. La motivación era explícita: "para que las futuras generaciones recuerden por siempre nuestro entusiasmo". Se aprobaron las ocho propuestas del dictamen, entre las que debemos destacar, además de las propiamente cervantinas, otras iniciativas de carácter benéfico-social, como construir un albergue nocturno para pobres, entregar mil pesetas a la Asociación Sevillana de Caridad para sus fines caritativos y donar el terreno necesario para la construcción de una Escuela modelo propuesta por la Junta de Primera Enseñanza. Como colofón de tanta generosidad pública, la corporación municipal en pleno acordó pedir al Gobierno de la nación la concesión de la Gran Cruz de la Orden de Alfonso XII a doña Carmen Benítez y Cortina, que había donado a la ciudad las escuelas primarias que llevaban su nombre, perpetuando, además su caritativa donación al rotular con su nombre la plaza donde "mandó levantar a sus expensas el hermoso edificio que para siempre ha destinado a la enseñanza", y que aún sobrevive, frente a la iglesia de San Roque.
En relación con el homenaje propiamente dicho, se acordó "levantar por suscripción popular un monumento a Cervantes en la plaza de la Constitución, mirando a la calle de las Sierpes, contribuyendo el Ayuntamiento con diez mil pesetas" y asistir corporativamente al homenaje que la Real Academia Sevillana de Buenas Letras quería tributar al autor de El Quijote instalando una lápida conmemorativa en la fachada de la misma calle donde antiguamente estaba situada la cárcel de la ciudad, "domicilio" del novelista en 1597. Como se sabe, Cervantes fue recaudador de impuestos para la Gran Armada, recorriendo Andalucía desde 1587, con centro en Sevilla, ciudad a la que menciona en múltiples ocasiones y a la que define con aquel famoso verso del soneto al túmulo de Felipe II: "Roma triunfante en ánimo y nobleza".
Academia y Ayuntamiento unieron sus esfuerzos y se organizó una procesión de todas las llamadas "fuerzas vivas" de la ciudad: claustros docentes, Asociación de actores, Sociedad Económica, Ateneo, colegios profesionales, academias, Cuerpo consular, maestrantes y títulos nobiliarios, militares, eclesiásticos, Audiencia, Cruz Roja, directores de periódicos, Delegado Regio, Ayuntamiento en pleno, diputados y senadores por Sevilla. Amenizado por la Banda municipal y presidido por el pendón de la ciudad, el cortejo se detuvo en el número 95 de la calle de las Sierpes, en cuya fachada se había instalado la lápida de la academia, para seguir después al Teatro San Fernando, donde se iba a celebrar el homenaje municipal, que consistió en un discurso de Javier Lasso de la Vega, la lectura de un trozo de El Quijote leído por José Gestoso, y lectura de poemas de los poetas sevillanos del momento (Mercedes Velilla, Eloy García Valero, Luis Montoto y Francisco Rodríguez Marín, hoy todos en el callejero) amenizado con piezas musicales, como la Marcha de las antorchas de Meyerbeer.
Por su parte, la Academia de Buenas Letras, que había demostrado en tantas ocasiones su cervantismo, celebró por la tarde una velada literaria pública y solemne, en la que se leyeron párrafos de la inmortal novela, se recitaron poesías y se distribuyó entre los asistentes una edición limitada de Rinconete y Cortadillo, la más sevillana de las novelas de Cervantes, para la que se habían encargado dibujos originales al pintor sevillano José García Ramos, según consta en las actas. La sesión se celebró en el salón de la Academia de Medicina, donde leyeron sus poemas Manuel Chaves y García Valero. El ilustre Rodríguez Marín disertó sobre ser la cárcel sevillana el lugar donde se engendró El Quijote, y Luis Montoto finalizó exponiendo la predilección de Cervantes por Sevilla, motivo más que sobrado para cualquier homenaje.
Los transeúntes que fijen su mirada en la lápida académica y en el busto de Cervantes podrán revivir este tercer homenaje ante la inminencia del cuarto, que se anuncia con ediciones y celebraciones con menos pompa retórica, pero con mayor repercusión cultural y social, exaltando más a la novela que al novelista.
Si Don Quijote y Sancho son personajes de ficción conocidos mundialmente, su creador es el soberano indiscutible de la literatura española, por encima de adversarios de la talla de Lope de Vega. Quizás Sevilla debería avergonzarse de haberlo tenido encarcelado entre sus muros, aunque este encierro sirviera para fecundar la fertilísima imaginación de un recaudador de impuestos llamado Miguel de Cervantes.
Noticia extraída de www.diariodesevilla.com y escrita por Francisco Aguilar
Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Omara Portuondo, Chucho Valdés y Ibrahim Ferrer graban un disco con temas de cantautor español Joan Manuel Serrat
CANNES, Francia, ene. 24, 2005.- Veintiún artistas cubanos grabaron un disco con temas del cantautor español Joan Manuel Serrat que fue presentado en el Mercado Internacional del Disco y la Edición Musical (MIDEM) de Cannes (sureste de Francia).
Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Omara Portuondo, Chucho Valdés, Ibrahim Ferrer y el grupo de Compay Segundo son algunos de los artistas que han versionado canciones del cantante catalán, en un proyecto que dio como resultado un disco doble que saldrá a la venta en abril próximo.
"Es un proyecto mágico que fue creándose casi por sí mismo. Cada día se sumaba algo o alguien nuevo", dijo el director de la discográfica catalana Discmedi-Blau, Alex Eslava, promotor del disco Cuba le canta a Serrat.
La idea surgió cuando a la discográfica llegó un grupo cubano "poco conocido" con la intención de hacer un álbum con versiones de Serrat, un proyecto que no gustó a Eslava.
Sin embargo, pensaron hacer un disco en el que diversos artistas cubanos "rindieran homenaje" a "Nano", nombre con el que sus amigos conocen a Serrat.
"Desde que lanzamos el proyecto, todo ha ido bien. Pensábamos hacer un solo disco de doce canciones, pero la idea tuvo tanta repercusión que al final hemos tenido que hacer uno doble", aseguró.
El propio Serrat ha estado al tanto del proyecto desde que dio sus primeros pasos y no sólo ha mostrado su entusiasmo, sino que "ha sugerido y orientado el repertorio", dijo Eslava.
Otra de las pruebas de que el disco tiene algo de mágico es que cada uno de los artistas cubanos mostró su preferencia por una canción de Serrat "y no hubo coincidencias", según Eslava.
El disco doble estará acompañado, además, por un documental de 59 minutos que podría ser distribuido como DVD o ser emitido por televisiones.
También se han grabado cuatro vídeos musicales que, como el resto del proyecto, han sido grabados en Cuba.
Eslava afirmó que el disco ha despertado un gran interés en el MIDEM de Cannes, donde se dan cita discográficas independientes de todo el mundo.
Discmedi-Blau quiere lanzar el disco "de forma paulatina" en toda Europa, Sudamérica, México, Estados Unidos y Japón.
"Es un gran reto para una empresa pequeña como la nuestra", afirmó Eslava.
El amor de Sudamérica por el cantante del Poble Sec es tan grande que la discográfica catalana ya piensa en repetir la idea con otros países y Eslava indicó que "podría" hacerse con artistas argentinos.
Amancio Prada canta hoy en el Auditorio a favor de la infancia (León)
Amancio Prada, en una de sus últimas interpretaciones en el Auditorio Ciudad de León
El juglar berciano deleitará al público con un repertorio basado en las obras de García Lorca
Se han puesto a la venta entradas de la fila 0 para quien quiera colaborar sin estar en la gala
Organizado por la Fundación Juan Soñador, esta noche a las 19.30 horas, en el Auditorio Ciudad de León, el cantautor de Dehesas Amancio Prada actuará en una gala benéfica a favor de la infancia y la juventud. La finalidad es recaudar fondos para los proyectos de atención a la infancia desfavorecida, con especial dedicación a los niños y jóvenes de edades comprendidas entre los ocho y los 24 años.
Nicolás Arcilla, peluquero de reconocido prestigio, fue el impulsor de esta idea en la que entre otras entidades colabora Diario de León. Está previsto que en la gala de esta noche el actual alcalde de León, Mario Amilivia, abra la gala en el Auditorio, donde además de otros miembros de la asociación estará presente Santiago González, quien explicará los motivos y presentará un vídeo de la fundación. Elena Martín y Yolanda Vidal abrirán las actuaciones con la presentación de la colección Amanecer, y será el cantautor Amancio Prada quien cerrará la gala. El presidente de la Fundación Juan Soñador, Ángel Fernández Artime, se encargará de clausurar el acto. Además del aforo, se han puesto a la venta entradas de la fila 0 para quienes quieran colaborar sin estar presentes en la gala.
Presencia de Amancio Prada Amancio Prada ha tenido este año que acaba de concluir una intensa actividad de conciertos que comenzó en el verano en Nápoles y continuó en Albuquerque, Nuevo México, EE.UU. Estrenó Coplas a la muerte de su padre , su versión musical sobre el poema de Jorge Manrique en el marco del Congreso Internacional Jorge Manrique, En las guerras y en las paces , organizado por la Fundación Jorge Guillén y patrocinado por la Fundación Siglo, que se celebró en Paredes de Nava (Palencia) los días 18 y 19 de octubre. En noviembre inició la gira con su nuevo trabajo junto al poeta Juan Carlos Mestre, con quien ya visitó el Auditorio leonés. En diciembre, Galicia recibió en sus templos las palabras de Rosalía de Castro y San Juan de la Cruz entretejidas por la clara voz de Amancio, y además concluye la grabación de su próximo disco sobre textos y músicas de Chicho Sánchez Ferlosio. Con Elogio de la palabra , Amancio y Juan Carlos Mestre, acompañados por Sacha Crisán, hicieron el canto con la palabra y añadieron el sonido de un violonchelo interpretado por Sacha Crisan. Fue un espectáculo en el que el lirismo rezumó en cada verso y en cada melodía.
Hoy volverá a deleitar al numeroso público que ya tiene reservada su localidad para escuchar los versos de Lorca, uno de los poetas más líricos de nuestra historia musical, que sabe expresar la belleza de forma elegante e insólita, con un estilo que persigue la belleza y muestra un tiempo evocador y mágico. Lugar: Auditorio Ciudad de León Hora: Hoy, a las 19.30 horas .
Salamanca muestra la faceta de ilustrador de Gustave Doré
Salamanca acoge la exposición hasta el próximo 3 de marzo
Una exposición de Gustave Doré con obras del Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Estrasburgo revela la faceta de pintor incomprendido por la crítica de su época de este prolífico ilustrador francés del XIX, que puso caras a la Biblioteca Universal y se adelantó medio siglo a las vanguardias que le siguieron.
La sala San Eloy, en Salamanca, acoge desde ayer y hasta el próximo 3 de marzo ochenta obras de este artista, que se codeó con los románticos y fue ante todo caricaturista e ilustrador, con más de 10.000 grabados en su haber, pero también pintor y escultor con un rico imaginario personal. En la muestra, dos espacios enseñan al visitante el Doré más conocido, que mediante grabados y dibujos plasmó en imágenes obras maestras de la literatura como El Quijote de Cervantes, La Divina Comedia de Dante, Macbeth y La Tempestad de Shakespeare, las Fábulas de La Fontaine, Orlando Furioso , La Biblia y también títulos de Rabelais, Balzac, Coleridge y Verne.
Con una técnica «casi automática» y una forma de pintar rápida y espontánea, el francés también se anticipó a las vanguardias de mediados del siglo XX, y en caricaturas, libros de dibujo e ilustraciones para obras históricas se reveló como precursor del cómic e introdujo bromas más propias del dadaísmo que de su época.
Para el conservador jefe del Museo de Arte Contemporáneo de Estrasburgo, Emmanuel Guigon, Doré mostraba una espontaneidad «que lo vincula al siglo XX».
Artista precoz, pues ya trazaba caricaturas a los cinco años y desde muy joven colaboró con las principales revistas humorísticas de su tiempo, Dore vivía sólo para su trabajo y su gran deseo era ser un pintor reconocido.
Por ello, el tercer espacio de la exposición acerca al público esas obras poco conocidas pero a las que el artista, que murió en la cincuentena, consagró mucha más energía que a sus ilustraciones.
Paisajes de infancia
Los paisajes de su infancia y los que se grabaron en su mente cuando acompañaba a su padre en viajes de trabajo protagonizan esta obra más personal de Gustave Dore a la que los críticos franceses de la época no hicieron demasiado caso, aunque sí los británicos.
Se trata de acuarelas que plasman paisajes románticos de cementerios junto a lagos, ciudades como Saint Malo y Cluny, vistas del Tirol austríaco, del Valle del Rin y también imágenes inspiradas en la mitología y en alegorías que explican lo que Emile Zola pensaba de Doré: «Ningún artista se ha preocupado menos por la realidad».
También Baudeleire opinó del ilustrador que «daba un carácter sobrenatural a los paisajes». Además, Gustavo Doré tuvo una especial relación con España ya que no sólo ilustró la más universal obra de Cervantes, sino también el libro L'Espagne , de Charles Davillier, en el que retrató a campesinos andaluces, charros, enanos con bandurrias y demás paisanaje de la época.
Tras su paso por Salamanca, las obras de Gustave Doré viajarán al Museo de Bellas Artes de la capital sevillana, cuyo director, Ignacio Cano, destacó de esta «magnífica» colección el hecho de que «ayuda a abrir los ojos y valorar a un artista fundamental en el panorama del siglo XIX».
La retórica del género biográfico adopta, por lo general, un tono respetuoso y distanciado del personaje. El título de esta biografía incompleta de Julio Cortázar responde a la intencionalidad de su autor, y aunque se prolongue hacia atrás, hasta los lejanos antepasados del escritor, llega tan sólo a su primer regreso a Europa.
El segundo será ya con Aurora Bernárdez, su primera mujer, a la que conoció en Buenos Aires y de la que se dice certeramente que “es una de las caras, uno de los lazos, objetivamente el más trascendente, el que en definitiva va a permitirle instalarse cómodamente en Ítaca y en la Historia”. Cuando conocí a Cortázar, a finales de 70, aún no disfrutaba de su cuidada/descuidada barba, o sea que la biografía hubiera debido prolongarse hasta bastante más allá de su regreso a París. Escrita con inteligente sentido del humor, buen estilo, estructurada, de ágil narración y llena de detalles, viene a romper algunos moldes del género no sólo por lo que nos revela del joven Cortázar y su familia, sino por ese tono desenvuelto, desmitificador y cordial de Eduardo Montes-Bradley, cineasta y periodista. Sus documentales le habían llevado ya hasta él: Cortázar: Apuntes para un documental (2002), para el que tuvo que documentarse y entrevistar a quienes le conocieron más o menos íntimamente. Montes-Bradley sugiere que a Cortázar no le habría disgustado esta biografía y creo que tiene razón. Habría aplaudido el respeto irrespetuoso con el que se le trata, habría agradecido las exhaustivas investigaciones documentales realizadas con rigor desde su abuelo y hasta, quizá, hubiese aprendido algo sobre sí mismo (¿tal vez lo de permanecer en el dintel?).
El objetivo fundamental del biógrafo es romper los tópicos que se acumulan, falsos en parte, sobre el personaje. Se propone desmontar las “biografías de solapa” y pasa por analizar desde su aspecto físico y su altura, sus lecturas y ciertos rasgos de su personalidad que transforman el mito en ser humano. Su actitud ante la política y ante la vida misma nos permite advertir a un personaje poliédrico, alguien que desea gustar a todos y sabe decir a cada uno lo que desea oír. Se trata casi con rigor de psicólogo sobre la ausencia paterna y con severidad el papel de la madre que habría dado una imagen negativa de quien les abandonó, siendo, él y su hermana, muy niños. Esta tesis de la ausencia paterna y de su búsqueda recorre el libro y llega hasta la madurez del escritor, cuando la familia decide renunciar a la herencia de aquel hombre que murió solo, porque admitirla hubiera supuesto asumir también deudas superiores. En un “Diálogo a modo de prólogo”, David Gálvez Casellas y Carles Álvarez Garriga analizan, en el mismo tono festivo del libro, las características de esta biografía: “Ya apenas se escriben biografías como ésta. Ya ni los biógrafos son Richard Ellmann ni las fundaciones vacían sus huchas para financiar estudios como el presente”. Montes-Bradley descubre que la pronunciación a la francesa de las erres no es por su estancia infantil en Suiza, ni por cuestiones familiares, sino porque sufría dislalia. En el capítulo “In Paradise Island”, encabezado con una impagable fotografía de los niños Julio y Ofelia Cortázar, apunta el biógrafo que ha rastreado los archivos familiares, antes de poner fin a la leyenda del origen de Cortázar, nacido en Bruselas. Cierto es el origen, pero una vez más se ha desfigurado la figura del padre. Cortázar vivió rodeado de mujeres desde su llegada a Buenos Aires hasta su mayoría de edad. Las cuatro mujeres consiguen, sin embargo, casarse en un mismo ámbito familiar. Las relaciones con la madre bien merecerían otro paralelismo con Borges. Pese a que Cortázar vive con tres mujeres (sólo se casa con dos), escribe semanalmente a su madre, quien dice que ordenó quemar toda la correspondencia. El biógrafo imagina dos Cortázar que conviven. Posiblemente sean muchos más, aunque rechaza la tesis de que su compromiso político derive de su visita a Cuba. Admitirlo “sería negar sus elecciones y perspectivas en tiempos del Mariano Acosta, su visión de la realidad que le tocó vivir en Bolívar y la naturaleza política de las alternativas con las que coexistió en Mendoza”. Y habrá que sumar la guerra de España, el nacimiento del peronismo. Esta documentada biografía requiere una segunda parte. La primera resulta imprescindible para cualquier cronopio, para quien guste de un género renovado, para los buenos lectores de Cortázar o simplemente para buenos lectores.
PORTO ALEGRE, Brasil.- Durante una conferencia sobre los 400 años de El Quijote y su relación con la visión de un mundo diferente, intelectuales y escritores llamaron a un auditorio cautivo de jóvenes activistas asistentes al Foro Social Mundial a luchar por un mundo de justicia, sin importar que les llamen locos o que los califiquen de utópicos.
El llamado fue hecho por un panel integrado por los escritores José Saramago de Portugal y Eduardo Galeano de Uruguay, por el director de Le Monde Diplomatique , el francés Ignacio Ramonet, y el ex director de la UNESCO, el español Federico Mayor.
El grupo, ante unos 5 mil jóvenes reunidos por casi tres horas en un estadio de la ciudad, dijo que así como Don Quijote fue visto como un loco, por intentar modificar su realidad en el mundo, el Foro Social era también visto como la reunión de "batallones de locos" , pero lo que importaba era avanzar con medidas concretas para acabar con problemas como millones de personas muriendo de hambre, sin acceso a agua potable o sin servicios de salud y educación.
El escritor Eduardo Galeano se refirió a El Quijote "como una novela paradójica, escrita cuando Cervantes estaba encarcelado en Sevilla y que, precisamente, habla de la libertad".
Paradójico resulta también para Galeano que un personaje como éste "destinado a hacer el perfecto ridículo y a la derrota, haya podido andar todo este camino, después de cuatro siglos, y continuar siendo un referente para todos".
Ramonet dijo que el objetivo del Foro Mundial Social no es, como en unos Juegos Olímpicos, criticar la globalización. Lo que queremos es cambiar al mundo y por eso hay aquí batallones de quijotes y quijotas...".
-
Mi opinión:
No es que yo me quiera poner a contradecir a escritores e intelectuales, y menos de la talla de José Saramago, pero ya nos enseñó Unamuno que los curas, barberos y bachilleres, amas y sobrinas se ocultan en cualquier parte, a veces bajo el disfraz de falsos Quijotes. Y no lo hacen sino porque piensan que es la forma más eficaz de curarnos de nuestro quijotismo. Sólo hay que recordar que el bachiller, al igual que los participantes del foro, era un intelectual.
El quijotismo se puso de moda a partir de la crítica romántica, en cuanto que veía una exaltación de los ideales nobles. Hoy en día esa misma moda sigue viva, y sin duda seguirá viva siempre, mientras el Quijote siga siendo uno de los libros más grandes de toda la Humanidad, el ser humano se verá reflejado en sus esperanzas y sus sueños de mejorar el mundo. Pero no hay que caer en la trampa fácil de las modas. El quijotismo es una forma de vida. No es un hermoso adjetivo que se pueda adjudicar cualquiera gratuitamente, porque entonces su hermosura es hueca.
No estoy diciendo que sea este el error del Foro Social, pero desde luego sólo hay qué preguntarse si el Caballero de la Triste Figura habría participado en el Foro Social, y qué habría dicho. Probablemente no hubiera participado, y de haberlo hecho, habría dado el discurso que dio en la única reflexión que hizo referente a este tema: el discurso de las armas y las letras del capítulo XXXVIII. Don Quijote no es una figura dada a las reflexiones, porque cualquier reflexión lleva en sí el germen de lo antiquijotesco. Unamuno lo supo, y sacrificó parte de su quijotismo para desverlarnos la grandeza del caballero. Pero los elogios de Unamuno no cayeron en vacío, sino que fue un germen que abrió caminos a muchas personas. El quijotismo no se reflexiona, se siente. Don Quijote no reflexiona sobre lo que está bien o lo que está mal, sabe qué está bien y qué está mal, y actúa; como tampoco reflexionó jamás sobre su locura. La acción es la semilla del Quijotismo. Y esta es la conclusión a la que llega en su discurso de las armas y las letras: las letras al servicio de las armas.
No es una invitación a la guerra, desde luego. Es una invitación a la acción. Lo que quiero decir es que don Quijote no habría ido a un Foro Social para hablar sobre cambiar el mundo; habría salido a los caminos para cambiar el mundo él solo, o acompañado de algún Sancho eventual. Yo estoy completamente a favor del diálogo, pero cuando ya se ha hablado todo y la situación es evidente -el mal reparto de las riquezas en el mundo- no hay lugar para más conversaciones. De nada sirve que se reúnan para hablar los poderosos con los pobres. Cada uno es libre de hablar o de actuar, pero si se quiere invocar el nombre de don Quijote que no sea en vano, que no sea desde la palabra, sino desde la acción.
Me parece una buena forma de promocionar esta figura entre la juventud, pero las superficialidades y los tópicos no conducen a nada productivo.
Algo más me gustaría añadir. Ya está bien del tópico de que Cervantes escribió el Quijote en las cárceles de Sevilla. Desde luego allí fraguaría la idea, y tal vez preparó algunos capítulos, y acaso llegó a redactarlos. Pero decir que Cervantes escribió una obra tan inmensa como el Quijote en la cárcel de Sevilla es desconocer por completo las cárceles de los siglos XVI y XVII. Yo invitaría al señor Eduardo Galeano a escribir una obra maestra en semejantes condiciones. Y por último, sólo me queda decir que no hay nada más profundamente antiquijotesco que la palabra "Quijota", porque supone una aceptación de las normas de género -que no de sexo- establecidas socialmente. Pero el quijotismo está al margen de los convencionalismos vacíos y superficiales.
Don Quijote en su discurso de las armas y las letras