La piedra de Sísifo
La piedra de Sísifo
DEDICADO A ROSA...

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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2006.

Narrativas

     A través de Magda recojo la noticia de la publicación de una nueva revista digital sobre literatura llamada Narrativas, coordinada y diseñada por el escritor Carlos Manzano. En la presentación del primer número (Abril-Junio 2006) se define claramente la línea que seguirá la publicación: «Narrativas es una revista electrónica que nace como un proyecto abierto y participativo, con vocación heterodoxa y una única pretensión: dejar constancia de la diversidad y la fecundidad de la narrativa contemporánea en castellano».

     Narrativas, con una periodicidad trimestral, se puede descargar en un archivo PDF gratuitamente desde su página. El diseño, sobrio y sencillo, es perfecto para los amantes de la letra impresa en papel, ya que sigue un formato de edición tradicional, algo que se agradece, en un mundo digital en que las ediciones tienden a no pocas veces a seguir diseños demasiado vistosos, en los que la vista se pierde.

     Como curiosidades destacar la entrevista a María Dubón, escritora muy poco dada a este tipo de manifestaciones, y el espléndido artículo de Magda sobre Juan García Ponce.

Sábado, 08 de Abril de 2006 19:20. # Esta piedra. Tema: Ex libris Hay 8 comentarios.


Elliott Erwitt en el Prado

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Elliott Erwitt - Museo del Prado, Madrid 1995

      Si hace algún tiempo teníamos la ocasión de acompañar a a Willy Ronis un Domingo en el Louvre, en esta ocasión les propongo seguir a Elliott Erwitt en una visita al museo del Prado. Y es que este fotógrafo ha sabido intuir mejor que ninguno que el museo es un espacio artístico que ofrece mucho juego en cuanto a situaciones: permite la conjunción de dos artes, la reflexión estética y social sobre el hecho artístico y la socialización en un lugar de confluencias entre personas con distintos intereses, no siempre culturales. A este respecto Erwitt dijo: «la gente visita museos por motivos que no tienen nada que ver con lo que los museos contienen. Son lugares donde se ejerce la sociabilidad. Puesto que hay que estar en alguna parte, más vale estar en un lugar donde haya aire acondicionado y calefacción». Por ese motivo en la obra de Erwitt, además de los perros, el museo tiene un lugar destacado, como se ha podido comprobar recientemente en la exposición titulada Museum Watching que hace poco se ha realizado en Barcelona.

     Pero más importante en Erwitt que los museos es el humor optimista y la ironía amable que le permite desentrañar diversos aspectos de la condición humana. Si bien no deja a un lado por completo la vertiente seria, a través del tratamiento jocoso Erwitt consigue revelar el absurdo de situaciones presentes en la vida cotidiana. Ya sean hombres discutiendo sobre el sentido de lienzos en blanco o la fotografía seleccionada y que se puede entender como una profunda e interesante visión sobre el arte por muchos motivos.

     Es prácticamente imposible que esta foto sin nombre -Erwitt no suele titular sus obras, sino que únicamente ofrece el lugar y la fecha- no nos arranque al menos una leve sonrisa, independientemente de ideologías sexistas. Ese es precisamente uno de los grandes aciertos de la fotografía: a pesar de que tiene un contenido claramente sexista, no se puede atribuir a ninguno de los dos lados de la balanza. Erwitt consigue un tratamiento "neutro", capaz de hacer sonreír a todos por igual.

     Aunque Erwitt asegura no preparar de antemano las situaciones cómicas, es difícil creer que la disposición de la imagen sea producto del azar. La fotografía queda dividida en dos partes, con un fondo simétrico, que se descompensa en el plano de los personajes. Cuando la mirada se acerca en un primer momento a la imagen, la visión se dirige casi necesariamente al lado derecho, a la parte masculina, atraída por la aglomeración de hombres, expectante por ver qué hay detrás. Una vez se ha comprobado miramos la parte izquierda, y entonces comprendemos el sentido de la situación. Ese debía ser el reparto y no otro. Si hubiera situado un grupo de mujeres y un hombre, o dos grupos con el mismo número de personas el efecto no habría sido el mismo.

     Por eso, detrás del tratamiento lúdico de la situación debe haber necesariamente algo más: no olvidemos que estamos en un museo, que el arte está siendo captado mediante una visión artística, arte a través de arte, fundidos en un único producto. Tras la comicidad de la escena, Erwitt ofrece una reflexión acerca de los dos modos posibles de contemplar el arte y como consecuencia de los dos tipos de productos estéticos y de receptores posibles.

     Los papeles de lector macho y de lector hembra de Cortázar se invierten en Erwitt, pero como en Cortázar, en Erwitt también sería un error interpretar necesariamente a los lectores macho con hombres y a los lectores hembra con mujeres. Los hombres de la fotografía se agrupan en manada, como animales, devorando la forma de La maja desnuda con la mirada; mientras que la mujer, en un acto solitario y reflexivo, es capaz de ver el fondo de La maja vestida, más allá de su ropa. En el primer caso, la recepción del arte es más instintiva y hedonista, en el segundo es un desciframiento intelectual, algo mucho más profundo y rico, y cuyos precedentes casi se podrían rastrear en La deshumanización del arte de Ortega. Teniendo en cuenta esta interpretación, se podría incluso decir, salvando las distancias, que La maja desnuda es el best seller y La maja vestida el arte de minorías, de elites intelectuales.

     Por supuesto todo esto puede no estar presente en la fotografía, pero desde luego la sonrisa que ha provocado sí es tangible. Ahora que cada cual decida.

Domingo, 09 de Abril de 2006 16:34. # Esta piedra. Tema: Ars longa vita brevis Hay 13 comentarios.


«Un lector», Jorge Luis Borges

Que otros se jacten de las páginas que han escrito;
a mí me enorgullecen las que he leído.
No habré sido un filólogo,
no habré inquirido las declinaciones, los modos, la laboriosa mutación de las letras,]
la de que se endurece en te,
la equivalencia de la ge y de la ka,
pero a lo largo de mis años he profesado
la pasión del lenguaje.
Mis noches están llenas de Virgilio;
haber sabido y haber olvidado el latín
es una posesión, porque el olvido
es una de las formas de la memoria, su vago sótano,
la otra cara secreta de la moneda.
Cuando en mis ojos se borraron
las vanas apariencias queridas,
los rostros y la página,
me di al estudio del lenguaje de hierro
que usaron mis mayores para cantar
espadas y soledades,
y ahora, a través de siete siglos,
desde la Última Thule,
tu voz me llega, Snorri Sturluson.
El joven, ante el libro, se impone una disciplina precisa
y lo hace en pos de un conocimiento preciso;
a mis años, toda empresa es una aventura
que linda con la noche.
No acabaré de descifrar las antiguas lenguas del Norte,
no hundiré las manos ansiosas en el oro de Sigurd;
la tarea que emprendo es ilimitada
y ha de acompañarme hasta el fin,
no menos misteriosa que el universo
y que yo, el aprendiz.

     Jorge Luis Borges, Elogio de la sombra, 1969.


      Pocos versos habrá en la historia de la literatura más citados que el arranque de este fabuloso poema; versos que por otra parte invitan a una profunda reflexión sobre la relación que existe entre la lectura y la escritura. Y es que no hay que olvidar que detrás de casi todo buen escritor existe un mejor lector, entendiendo en este caso la lectura como un proceso de recreación que dejará un poso sobre el cual el escritor podrá cimentar su posible labor posterior.

     Pero la figura de Borges no aúna simplemente a un espléndido escritor y lector. Es un verdadero humanista, posiblemente uno de los últimos, en una época en la que hay tanta información que nos desborda. Como los humanistas del siglo XVI, Borges era un profundo conocedor del latín y de las posibilidades de la lengua romance, lo que demuestra en un estilo sencillo pero esencial y preciso, con una profunda conciencia de las etimologías de cada palabra. Su pasión por el lenguaje le llevó no sólo a escribir relatos, poesía, crítica, reseñas, prólogos, ensayos, etc., sino también a estudiar anglosajón antiguo o a admirar con devoción las viejas sagas, Snorri Sturluson o a Sigurd -tal vez no parezcan obras muy cercanas al lector común, pero como demostró el propio Borges, y como demostraron otros como Julio Martínez Mesanza o Tolkien, el espíritu épico es intemporal-.

     Este poema supone una auténtica síntesis biográfica en la que el vate argentino destaca cómo el destino, a modo de ironía dramática, lo relegó a una perpetua dormienda. En una ocasión escribí: «En 1955 la lenta ceguera obliga a Borges a apartarse definitivamente de la letra escrita, aunque seguirá cultivando con gran dominio la conversación, siguiendo las enseñanzas de su amigo y maestro Macedonio Fernández, y como también había hecho Sócrates. Homero y Milton también fueron ciegos. Ya en esas fechas Borges habría formado una conciencia literaria madura, y a pesar de que no pudo volver a leer, se refugio en la soledad secreta del recuerdo, siguiendo los pasos de Funes el memorioso, uno de sus personajes». Además del refugio en la memoria, son bien conocidas las veladas en que visitantes, conocidos y amigos leían pasajes a Borges, que fue el único modo que tuvo de no perder por completo el contacto con la palabra de papel. No parece que el optimismo con el que Borges afronta su ceguera sea una fachada superficial -baste recordar el título de la obra Elogio de la sombra-, a pesar de apartarlo de aquello que seguramente más amaba.

     El poema se cierra con una reflexión digna de un Gilgamesh de vuelta de todo, que mezcla a partes iguales secretum iter y ars longa vita brevis. Es cierto que la tarea es ilimitada, que nunca se podrá desvelar el misterio del universo, que incluso el más sabio de los hombres muere como aprendiz, pero no por ello debemos abandonarnos a la desesperación o al desengaño vital. El esfuerzo no es vano, ni aún cuando el final sea, como pensaba Borges, un eterno dormitar.

     Por eso, permítanme que sobre el escritor, el lector, el filólogo o el sabio, admire ante todo en Borges una actitud frente a la vida y frente al conocimiento con la que me identifico plenamente.

 

Otros poemas sobre libros:

«Libros», de Luis Alberto de Cuenca.

«Los otros libros», de Emilio Ruiz Parra.

«Oda al libro», de Pablo Neruda.

Domingo, 23 de Abril de 2006 15:33. # Esta piedra. Tema: Ut pictura poesis Hay 15 comentarios.


Biblioteca quijotesca: «La locura en El Quijote», de Luis Alberto de Cuenca

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Luis Alberto de Cuenca, fotografía de José Antonio Rojo

     Hace varios años tuve la suerte de que cayera en mis manos por casualidad un libro titulado Baldosas amarillas publicado por Luis Alberto de Cuenca en 2001 en Celeste Ediciones. Este libro, ya descatalogado, volvió a mis manos tiempo después, y aún puede adquirirse a precio de ganga si se busca concienzudamente en librerías. Pero si no le es posible encontrar Baldosas amarillas, siempre podrá adquirir la reedición que acaba de publicarse recientemente en Ediciones Irreverentes con el título de De Gilgamés a Francisco Nieva. Un itinerario fantástico. No se trata únicamente de vino viejo en odres nuevos, ya que el autor ha añadido cuatro nuevos trabajos, dos de ellos dedicados al Quijote y un tercero a San Juan de la Cruz, que es una prodigiosa e iluminada síntesis de la poesía del místico.

     Puede parecer curioso que Luis Alberto de Cuenca incluya en un itinerario fantástico, junto a Horace Walpole o a Francisco Nieva, uno de los libros fundadores de la novela realista. Pero sucede que el complejo personaje de don Quijote sirve de puente entre lo fantástico y lo real, porque aunque la realidad se transforme al pasar por el tamiz de su locura, no hay que olvidar que esta está templada en el yunque de la sublime cotidianidad, que en cualquier momento puede volver a poner los pies en la tierra, como efectivamente hace en el último momento. No hay que pensar que esa contradicción que cobra forma en don Quijote, uniendo lo triste y lo brillante, la destrucción y la plenitud, sea el resultado del célebre desengaño barroco, sino que, por suerte o por desgracia, es condición indispensable de la vida.

     Dejo aquí el breve pero revelador trabajo «La locura en El Quijote»:

     Cuando a uno lo invaden las luces y las sombras del Quijote sabe que la vida real está en medio, dándole un ritmo de bodegón al paisaje romántico de la locura. No hay personaje, escena, situación o diálogo de la más alta novela que vieron los siglos en que no siente cátedra de señorío o de humildad la miserable y prodigiosa vida de los hombres, esa triste y brillante máscara que reúne destrucción y plenitud en un mismo bouquet de gestos, y que es capaz de circular por el callejón del desengaño con la misma pagana displicencia con que lo hubiera hecho, y para siempre, Eva por las avenidas del paraíso de no mediar el episodio de la manzana. Locura, sí, pero templada en el yunque de la sublime cotidianidad, de modo que, por arte de magia, puede mutarse en la sagesse de Paul Verlaine a poco que la muerte enseñe los colmillos al otro lado del espejo.

     Háganme caso y compren el libro. No se arrepentirán.

     Nota: Si no encuentran el libro en su librería habitual consulten aquí para saber cuál es el distribuidor de su zona y pídanlo.

Sábado, 29 de Abril de 2006 18:45. # Esta piedra. Tema: Ex libris Hay 11 comentarios.






La piedra de Sísifo
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PIEDRA
DE
SÍSIFO

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