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DEDICADO A ROSA... «Maestro, quíteme la piedra, me llamo Lubbert Das» El Bosco
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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2006. Rosa Meditativa![]() Rosa Meditativa, Salvador Dalí
Nos hallamos camino de lo Bello. Tú, incesante, buscabas en el viento, en la tierra, en el fuego. Yo, sediento, en Virgilio, en Platón, en Apuleyo.
Aquel alba sentimos un destello a lo Claudio Rodríguez. El aliento se nos llenó de vientre y nacimiento. Nunca comprenderemos qué fue aquello.
Te convertirte en llama, en rosa, en cielo, en horizonte, y todo bajo el peso de mi boca. Mordiendo tu tristeza
conseguí arrebatarte el desconsuelo. Duró un instante, lo que dura un beso, y los dos encontramos la Belleza.
(De El incendio del vino)
Tal vez no sea el mejor de mis poemas formalmente, pero desde luego, y a pesar de que siempre me he mostrado en contra de ello, es uno de los poemas que más dice sobre mi persona, en ese juego inevitable de intentar ocultarme detrás de lo que escribo sin conseguirlo en muchas ocasiones. Quizá no haya un solo verso que no contenga una referencia más o menos velada, aunque esta confesión no tiene por objeto descubrirlas, sino poner de manifiesto la inquietud que me produce autobiografiarme en mis poemas. Es por ello que lo aprecio especialmente; sin embargo, como todos, es susceptible de ser modificado.
Un lugar parecido al infierno![]() Prisión de Guantánamo, © US DoD –¿Remordimientos? ¿Repugnancia? ¿Por qué? Ante el condenado no sentía la impresión de tener delante a un vivo, sino a un muerto. Desde el momento en que la sentencia había sido pronunciada, aquél se hallaba vivo sólo por tolerancia y por razones burocráticas. Había sido ya borrado legalmente del mundo de los vivientes y yo podía proceder a mi obra con la misma frialdad que tienen los médicos cuando descuartizan y despellejan un cadáver. El verdadero autor de la muerte, para mí, es el juez; yo no era más que un instrumento, como el cuchillo o la cuerda. ¿Por qué tenía que tener remordimientos? Si hubiese dependido únicamente de mí, no hubiera matado ni siquiera a una araña. Era el Estado quien me entregaba un cadáver viviente y me ordenaba que desembarazase a la Tierra de su presencia. Y luego la mayor parte de los ajusticiados eran asesinos y yo no les hacía nada más que lo que habían hecho a otros, que eran inocentes. [...] (Habla el torturador Tiapa.) Giovanni Papini, Gog.
Amnistía Internacional, en su pasado informe anual sobre los abusos realizados contra los derechos humanos, incluyó a Estados Unidos en la lista de sus 149 países. Los ataques por parte de los dirigentes norteamericanos contra A.I. no se hicieron esperar. Llovieron duras palabras por parte del presidente Bush, el vicepresidente Dick Cheney, la secretaria de Estado Condoleezza Rice, el secretario de Defensa Donald Rumsfeld y el presidente del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, general Richard Myers. Si bien todos estamos pensando en la bahía de Guantánamo, A.I. señala que únicamente se trata de «la punta del iceberg», y que esta misma situación se repite en la base aérea de Bagram, en Afganistán, en prisiones de Irak y en multitud de prisiones secretas. El abogado de derechos humanos Clive Stafford-Smith entró en Guantánamo y contó su experiencia. Stafford-Smith señala alguna de las torturas a las que son sometidos los prisioneros de Guantánamo, entre ellas profanaciones del Corán, descargas eléctricas, el strappado o garrucha –técnica empleada por la Inquisición Española–, etc. Donald Rumsfeld aprobó personalmente un memorándum en diciembre de 2002 que permitía el uso de medios de interrogatorio ilegales, bajo el nombre de técnicas «coercitivas», para burlar así la prohibición internacional del uso de torturas y malos tratos. Entre estas técnicas se autorizan las siguientes: aislamiento prolongado durante meses, encapuchamiento con música elevada que aísla al prisionero impidiéndole respirar y produciéndole pánico y desorientación, desnudar a la víctima, humillaciones sexuales, largos periodos de interrupción reiterada del sueño, técnicas de semiafixia, calor y frío extremos, simulacros de ejecución, uso de perros, etc. En diciembre, aprovechando el Día Internacional de los Derechos Humanos, Amnistía Internacional entregó en la Embajada de Estados Unidos en Madrid 11000 firmas a favor del cierre de Guantánamo. En Guantánamo se mantienen detenidas alrededor de 500 personas, entre ellas niños. No hay cargos contra estas personas, pues no fueron sometidas a juicio –cualquier juicio se llevará a cabo en el seno del ejército–. Se calcula que puede haber otras 12000 personas más recluidas en prisiones estadounidenses distribuidas por todo el mundo. Después de cuatro años de negociaciones la Comisión de Derechos Humanos de la ONU tuvo que rechazar la invitación del Departamento de Defensa para visitar Guantánamo porque las condiciones que imponía el Pentágono eran inaceptables. ¿Cómo es posible que permitamos que esto se siga prolongando?, ¿por qué nos empeñamos en mirar hacia otro lado, permitiendo que miles de personas sufran torturas en nombre de la democracia y de la «guerra contra el terror»?
Alegrías y sombras«Quiero alcanzar, en vida, la fama, la inmortalidad. Hasta que el mundo no se me arrodille para que yo, desde un balcón cualquiera, pueda echarle un gargajo, no estaré contento. Y llegará ese día». Rafael Alberti, Correspondencia a José María de Cossío, pág. 37.
Y llegó ese día. A aquellos que vean en Alberti al afable ancianito que murió apaciblemente en el Puerto de Santa María, les recuerdo al Alberti que cantó Sobre los ángeles, al Alberti «al que se llevaban mil demonios», en palabras de Juan Manuel Díaz de Guereñu. Son, como lo expresara magníficamente Ricardo Gullón, las «alegrías y sombras de Rafael Alberti». Ni más ni menos que las que hay en cualquier ser humano. ¿Y por qué será que ambos poetas me fascinan hasta límites insospechables? "Domingo en el Louvre", de Willy Ronis![]() Domingo en el Louvre, Willy Ronis No imagino cuál debió ser la impresión de Felipe IV y de Mariana de Austria cuando, al entrar en la habitación en la que Velázquez aguardaba con el lienzo final de Las Meninas, se vieron reflejados en el espejo de la composición. El cuadro no era simplemente un cuadro, sino una especie de ventana que recogía la imagen exacta de lo que verían los reyes al entrar en la habitación. De esta forma, Velázquez consigue pintar algo que queda fuera del cuadro: sus espectadores. Estos quedarán implicados con la obra para siempre. El rey debió quedar fascinado con ese juego de espacios y dimensiones; la leyenda es de sobra conocida: el mismo Felipe IV pintó a Velázquez en el lienzo de Las Meninas la cruz de la Orden de Santiago a título póstumo después de que éste hubiera muerto. Hoy en día, cuando nos situamos frente a Las Meninas, estamos en la misma posición en la que un día estuvieron los reyes. Así, podemos convertirnos en Felipe IV y Mariana de Austria, quedando nosotros mismos también implicados con el cuadro. De alguna forma, se podría decir que Velázquez ha conseguido introducirnos en su obra, pintarnos detrás de la imagen que se ve en el espejo. Pocas obras han logrado con tanto acierto este complicadísimo hallazgo. Pero no es Velázquez a quien quiero referirme. Me gustaría hablar de una de las fotografías que más admiro y alabo. Se trata de “Domingo en el Louvre”, de Willy Ronis. Este prestigioso fotógrafo toma una escena relativamente cotidiana, un paseo por el Louvre, para llenarla de un lirismo mágico. El cuadro elegido, La coronación de Napoleón de Jacques Louis David, no podía haber sido desde luego más acertado. La técnica que utiliza, la superposición de planos, había sido utilizada anteriormente y volvería a usarse después con magníficos resultados por fotógrafos de la talla de Doisneau. Ronis consigue la interrelación perfecta entre dos artes, la pintura y la fotografía, a través de una espectacular mise en abyme: nosotros miramos a los visitantes del Louvre, que miran a los personajes que dentro del cuadro de David contemplan la coronación de Napoleón. El procedimiento de muñecas rusas nos introduce en un laberinto donde, después de abrir una puerta tras otra, dos disciplinas artísticas se mezclan y confunden. Los visitantes del Louvre participan del cuadro de David del mismo modo que éste se ha colado de lleno en su realidad. Detrás de la foto de Ronis subyace una defensa de la búsqueda de lo maravilloso en lo cotidiano, al tiempo que una proyección del arte sobre la vida. No ha olvidado Ronis un toque de humor que confirma el efecto óptico. La mirada se centra necesariamente en la mujer que, en primer plano, está de espaldas, ajena al cuadro. Tal vez mire otra obra de arte, poco importa, porque en realidad parece admirar la suntuosidad de la catedral de Notre Dame, o tal vez ande perdida, sin comprender aún cómo pudo llegar hasta allí. El arte la atrapó a través del objetivo de Willy Ronis. |
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