La piedra de Sísifo
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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2007.

¿Letras éticas?

     En el Babelia del sábado 7 de abril Luis Landero defendía el divorcio absoluto entre la ética y la literatura con las siguientes palabras: «El mundo de la literatura debe ser absolutamente libre. Un escritor debe ser amoral pero, ¿dónde están los límites? Todo es contable y decible, depende de la perspectiva desde la que se cuente. Un personaje sí puede transgredir, puede violar a una niña, son personajes los que lo hacen. Otra cosa es hablar en nombre de ti mismo. Hablo de amoral en el sentido en que Shakespeare es amoral. No hay personajes más libres que los suyos y sus obras son un catálogo de maldades, pero él ni entra ni sale. Sólo muestra la vida como es. El lector tiene que contribuir a la ética».

 

     Aunque el escritor extremeño tiene razón ―sería una estupidez identificar por ejemplo a Ernesto Sábado con Juan Pablo Castel―, no es fácil delimitar la delicada frontera que separa personaje y autor en todos los casos. El auténtico problema es la fastidiosa costumbre, muy humana por otra parte, de realizar juicios morales sobre la persona del escritor. Así se llega a la polémica situación vivida hace algunos años con Hernán Migota y su libro Todas putas, que pretendió censurarse porque el protagonista de uno de sus relatos hacía una apología de la violación al pretender que se reconocieran sus derechos como tal. Lo mismo que ocurrió con la novela Plataforma de Houellebecq, en donde su protagonista decía: «Siento un estremecimiento de entusiasmo cuando me entero de que han matado a un terrorista… Odio al Islam… ha roto mi vida».

 

     En el otro lado de la balanza se sitúan los autores que son plenamente responsables del valor moral de sus palabras, aquellos que hacen algo que está definitivamente fuera del terreno de la literatura. Así el caso del imán Mohammad Kamal Mustafa, autor del libro La mujer en el Islam publicado algunos años, en donde afirma cosas como por ejemplo que los golpes a las mujeres «se deben administrar en unas partes concretas del cuerpo, como los pies y las manos, debiendo utilizarse una vara no demasiado gruesa, es decir, que ha de ser fina y ligera para que no deje cicatrices o hematomas en el cuerpo».

 

     Lo problemático, sin embargo, son las situaciones intermedias: la propaganda ética enmascarada de literatura. Debido a la dificultad de determinar estos casos, en que el autor no tiene suficiente valor como para dar la cara y necesita esconderse detrás de un personaje, no siempre es fácil aplicar las palabras de Landero.

     Literatura o no, éste es el precio más que justo que hay que pagar por la libertad de expresión. Porque siempre será preferible una libertad de expresión agredida que una dictadura intelectual en calma.

Jueves, 12 de Abril de 2007 23:57. # Esta piedra. Tema: Ex libris Hay 5 comentarios.


Cosmopoética 2007

                                                            


 

     Porque allá donde se encuentre la poesía acudirán poetas, una vez más, como cada año, Córdoba se convierte en el punto de encuentro de poetas del mundo entero. Así se configura Cosmopoética 2007, con una programación que desde luego no tiene desperdicio. Un magnífico regalo que les recomiendo para celebrar el día del libro.

Sábado, 14 de Abril de 2007 19:39. # Esta piedra. Tema: Ut pictura poesis No hay comentarios. Comentar.


Adiós al cero patatero

     Como ya sabrán, el Ministerio de Educación pretende desterrar el cero de los boletines de notas de nuestros alumnos de la ESO. Esta medida ha levantado la polémica entre el profesorado porque su inutilidad se ha hecho a todas luces evidente. Eliminar el cero supone que todas sus connotaciones negativas pasen al uno, porque siempre habrá una calificación que designe a los peores. Las dos razones que se argumentan para defender esta medida son que alumno que asiste a clase a lo largo del curso no puede acabar el curso con un cero absoluto en conocimientos ―en la calificación final no se debe tener en cuenta únicamente la nota de los exámenes― y que esta nota tiene efectos negativos para su autoestima. Estas dos razones caen por su propio peso: también se obliga a poner un uno al alumno absentista total y en muchos casos los alumnos muestran indiferencia hacia sus notas. Más que evitar los efectos negativos en la psicología de los alumnos, maquillar los resultados finales pretende salvaguardar la psicología de los padres.

     En el blog de Gatopardo he encontrado un texto de Antonio García Muñoz sobre este tema que me ha parecido muy acertado:

     Quitar el cero de los boletines escolares supone perder un riquísimo espécimen del paisaje educativo, porque con el cero se elimina también al tonto de capirote, al negado, a nuestro entrañable zipi zape de las calabazas, al quinqui. El cero era el vacío donde se alojaban los que no daban un palo al agua, los que reventaban las clases, los que por no escribir no escribían ni su nombre en el examen o lo tatuaban con entretenidos gráficos, los que se emporraban en el recreo, los absentistas. Todas estas adorables criaturas han subido de escalafón y se han ido a juntar con los que ya tienen nota, un uno, que al menos contestaban algo e iban a clase, aunque fuera a pasar el rato. No sé muy bien qué es lo que ha movido a los legisladores a borrar ese cero patatero, tan instalado en nuestra tradición como la o del canuto, pero he oído que tiene motivaciones psicológicas, pues resulta humillante para el portador, una marca a fuego de su fracaso. Precisamente, a estos muchachos que fracasan -o que triunfan disfuncionalmente- les da igual un cero que ochenta y su humillación no procede del cero en sí sino de estar en un aula donde no quieren estar, así que el razonamiento psicológico no cuela. Parece que se trate más bien de ir rebajando el listón para que vayan entrando todos en el saco de aprobados, aun sin alcanzar el también simbólico cinco, que quitado el cero, ahora se convierte lógicamente en cuatro. Y cuando vean que el uno cobra todos los valores negativos del cero, no tardarán en ascender la cuenta a dos. Al fin y al cabo, qué más da un número que otro. De cierto, todo este arbitraje numérico pasará a la historia no bien los psicólogos descubran que esas calificaciones son discriminatorias pues atentan contra la igualdad. Ya nos quitaron el muy deficiente, que era poco menos que llamar subnormal al niño subnormal. En cuestión de años, nos las habremos con solo dos baremos: brillante y casi brillante, hasta que descarten el casi por ofensivo y todos, sin excepción, sean brillantes, cada uno en los suyo, unos en ganas de aprender, otros en ánimos de joder.

Domingo, 15 de Abril de 2007 10:35. # Esta piedra. Tema: In continenti Hay 2 comentarios.


«Matzhevá», de Jorge Valdés Díaz-Vélez

     Que no nos ciegue el pasaje de las Confesiones en el que San Agustín relata su sorpresa al encontrar a San Ambrosio leyendo en silencio en una celda de Milán. La lectura es, en el fondo, un acto enmascarado de diálogo que funciona en dos direcciones. Por una parte, este diálogo es unilateral con aquellos que nos precedieron en el tiempo y que acumularon sabiduría a lo largo de sus vidas, aplicando los versos que Quevedo escribió en el pueblo Torre de Juan Abad: retirado en la paz de estos desiertos, / con pocos, pero doctos libros juntos, / vivo en conversación con los difuntos, / y escucho con mis ojos a los muertos. Por otra parte, hay un diálogo bilateral en el sentido machadiano de conversar con el hombre que siempre va con uno mismo.

     En ese primer sentido escribe Jorge Valdés Díaz-Vélez el poema «Matzhevá», donde una única frase permite conectar dos siglos de historia, convirtiendo un acto que en principio puede parecer individual e incluso solitario en un puente al margen del tiempo, en una puerta que une pasado y futuro. A través de un juego de espejos, de una mise en abîme, el protagonista del poema, que es un lector, se convierte en escritor, haciendo que el que lee sea un lector en segundo grado. Esta voz poética creadora y lectora se convierte en parte de la lectura, en una llamada a futuros lectores y en una advertencia que nos recuerda que escritura y lectura están separados por una tenue frontera que puede ser atravesada en cualquier momento.

     Aquí les dejo con el poema de Jorge Valdés Díaz-Vélez:

«Matzhevá»

En un libro de mi padre, leo
la frase: "A ti, que me estás leyendo".
Es el título de una elegía
escrita hace dos siglos, o un hálito
de la soledumbre que ha subido
al lector imaginario desde
fuera de los círculos del tiempo.
Esa línea guarda en cada sílaba
la fresca impresión de su vehemencia:
ser semilla indócil algún día
limítrofe al de ahora, botella
de quebranto lanzada por alguien
igual a cualquiera de nosotros.
Es, junto a la tarde, un epitafio,
un grito que llega de muy lejos,
y hoy, a 29 de febrero
de 2000, estremece mis manos.
La invoco en voz baja, me ilumina
como una oración en cautiverio;
la digo a quien estuviera oyéndome
doblar esta página con frío.

     Jorge Valdés Díaz-Vélez, «Matzhevá»

     Otros poemas sobre libros:

     «Un lector», de Jorge Luis Borges

     «Libros», de Luis Alberto de Cuenca

     «Los otros libros», de Emilio Ruiz Parra

     «Oda al libro», de Pablo Neruda

Lunes, 23 de Abril de 2007 17:28. # Esta piedra. Tema: Ut pictura poesis Hay 3 comentarios.


Crónica cosmopoética I: Viernes 20 de abril

     Debíamos llegar el viernes a Córdoba a las siete y media para ver a la lectura de poesía de las ocho en el colegio de arquitectos. No había sido posible asistir a ninguno de los actos anteriores, algunos de ellos muy sugerentes, por motivos de trabajo. Desgraciadamente no quedaba más remedio que prescindir de la conferencia de apertura, de los 40 minutos con Sabina, de las distintas lecturas en la universidad o de la mesa redonda sobre la posibilidad de traducir poesía ―una cuestión ésta última no baladí debido al peso que la poesía en lengua no española tiene en el evento―. Con todo, no fue posible llegar a tiempo el viernes a la lectura, y como resultado de la media hora de retraso nos perdimos la lectura de Claribel Alegría, que tenía que irse urgentemente. Cuando llegamos estaba leyendo José Luis Amaro. He de confesar ―quien me conozca lo sabe― que el mayor interés de esta lectura era Luis Alberto de Cuenca, y afortunadamente llegamos a tiempo, porque el orden estipulado era por estricta sucesión alfabética. Mientras los demás recitaban Luis Alberto permanecía con los ojos cerrados, dormitando o tal vez paladeando la poesía de sus compañeros con ese regusto a veces dulce y a veces amargo que los versos dejan en el oído. Cuando le tocó el turno, después de Miguel Casado, Luis Alberto pasó a leer sus poemas como un rayo, sin detenerse a comentar o a introducir los poemas como hacen otros poetas, como queriendo aprovechar al máximo sus diez minutos. No era necesario una introducción, porque Luis Alberto leyó algunos de sus poemas más conocidos: «Amour fou», «La malcasada», «El desayuno», «Cuando pienso en los viejos amigos» o «In illo tempore». Abrir el libro no era más que un viejo ritual: como vate ciego Luis Alberto recitaba con los ojos cerrados versos conocidos como la palma de sus manos.

 

     Lo más destacable en esta lectura aparte de Luis Alberto de Cuenca fueron los poemas de Joan Margarit, cuya voz grave y profunda llenó toda la instancia, conmoviéndonos como ninguno de los poetas presentes había sabido hacer. Además, hay que puntualizar el acierto de Judith Herzberg, poeta holandesa, que optó por leer principalmente traducciones, reservando los poemas en su lengua original para casos muy concretos, y siempre después de la traducción. De esta forma, es posible captar la musicalidad después del sentido, al tiempo que no se cansa al público con largos y tediosos recitados en un idioma que únicamente entiende su autora ―más le hubiera valido a más de un poeta extranjero tomar ejemplo de ella―.

 

     La siguiente cita tenía lugar a las diez de la noche en el palacio de Orive. Una vez más llegamos tarde, pero no tan tarde como para presenciar el bochornoso espectáculo de Matías Ávalos. Al llegar nos obsequiaron con una fotocopia en la que aparecía dibujado un ser aberrante con un parecido muy sospechoso al extraterrestre de la película Predator. En el dibujo de este ser, llamado dislocador, se especificaban las distintas partes de su cuerpo, sus bombonas generadoras de apariencia, sus filtros de salida y entrada y su depósito molecular, como si fuera una página arrancada de un libro de anatomía. Matías Ávalos recitó una serie de poemas dedicados al dislocador y a otro ser también de invención suya llamado simulador. Por supuesto, estos poemas sin título, que carecían de pies y cabeza, resultaban irritantes y molestos, porque nos recordaban la infinidad de cosas mejores que se podían hacer en aquel momento. Si bien es cierto que la poesía rompe con la lógica y el “sentido común” del lengua cotidiano, también hay que decir que la poesía es algo más que juntar palabras, como la pintura es algo más que juntar colores, teniendo en cuenta además que los poemas carecían incluso de musicalidad. A pesar de todo soportamos a este retacillo de Ory ―Carlos Edmundo―, que diría Lope de Vega, para después escuchar a Joan Baptista Humet, que recitó algunas de sus canciones. Sin embargo, estábamos ya tan irritados por el espectáculo de Matías Ávalos que decidimos irnos y dejar la poesía para el día siguiente, prescindiendo también de la sesión trasnochada que tendría lugar a las doce en La Pérgola. Preferíamos ir frescos sobre seguro a la sesión del día siguiente por la mañana en la feria del libro.

 

     Aunque a la lectura en el colegio de arquitectos había asistido una cantidad de público considerable fue muy superior el número de asistentes al palacio de Orive, demostrando así que lo que consigue enganchar al público no es tanto la poesía como la música. En este sentido es fácil comprender que los eventos que tengan un mayor éxito sean la sesión de trovadores o la sesión de trasnoche, en donde poesía y música se dan la mano.

Viernes, 27 de Abril de 2007 17:08. # Esta piedra. Tema: Ut pictura poesis Hay 6 comentarios.


Crónica cosmopoética II: Sábado 21 de abril

     Íbamos con tiempo suficiente a la lectura que tendría lugar a las doce y media en el patio del ayuntamiento de la feria del libro. De esta forma, podríamos pasear tranquilamente por la feria del libro haciendo tiempo hasta que empezara el evento. Pasamos por delante de una exposición organizada para Cosmopoética y como fuera que íbamos pronto decidimos entrar a echar un vistazo. La exposición en cuestión tenía por título “Metáforas en[caja]das” y era obra de un tal Goval, alguien a quien no conozco pero que debe ser muy importante, teniendo en cuenta que no se menciona en ninguna parte su nombre o apellidos ―después he podido saber que se llama José Gómez Valera―. La exposición forma parte de un ciclo llamado “Poesía de los ojos” que pone en relación la poesía con diversos artes plásticos como la pintura, la escultura o el cine. En ella se pueden contemplar una serie de “artefactos poéticos” que muestran dentro de cajas objetos cotidianos que se han manipulado y descontextualizado para despertar el extrañamiento del espectador, al modo de los clásicos ready-mades. Utilizando como eje el humor y la ironía critica la sociedad actual, la época del franquismo, la política exterior estadounidense o simplemente las relaciones humanas. Algunas de ellas tienen su gracia, o incluso dan que pensar, pero es inevitable pensar que el abismo que separa a la poesía de esta forma de expresión es insondable. La mera inclusión de estos ejercicios de reflexión en el territorio del arte ya podría ser cuestionable, ofreciendo un debate que permanece abierto, como se ha podido comprobar en la feria de ARCO.

     Después de ver por encima algunas de las casetas de la feria del libro nos dirigimos al patio del ayuntamiento, en donde se desarrollaría una lectura de poesía con la participación de Shlomo Avayou, Miguel Casado, Kjell Espmark, Eduardo García, María Rosal y Julio Trujillo. De todos ellos fue Kjell Espmark uno de los más interesantes, con una serie de poemas no demasiado largos que demuestran un amplio bagaje cultural en una traducción impecablemente sonora. El resto de participantes estuvieron correctos, sin que ninguno de ellos llamara mi atención.

     Antes de ir a la lectura de la Fundación Antonio Gala, que era a las siete de la tarde, nos dimos un paseo más tranquilo por la feria del libro, comprando algunos volúmenes. Para nuestra sorpresa sólo una caseta valía la pena, la única que vendía libros de poesía y que tenía por tanto algún vínculo con el festival de Cosmopoética. Ya se sabe que las ferias del libro son un evento más comercial que cultural, pero teniendo en cuenta la presencia de Cosmopoética en la ciudad resulta vergonzoso el minúsculo espacio que se ha dedicado a la poesía, que prácticamente ha brillado por su ausencia. Aunque bien abastecida, esta sola caseta no fue capaz de responder a nuestra demanda, en concreto el libro que Luis García Montero presentaba por la tarde, Poesía (1980-2005). Es decir, que esta desastrosa feria del libro no sólo carecía de poesía cuando se celebraba al mismo tiempo que un festival internacional de poesía sino que además, no disponía de ejemplares de un libro que se presentaba en esa misma feria por la tarde. Los organizadores de Cosmopoética deberían haber puesto mayor interés en que la poesía tuviera un lugar relevante en la feria del libro, ya que su intención era acercar este género literario al público en general.

     En fin, algo más cargados, llegamos por fin a la Fundación Antonio Gala para una lectura de poesía en la que participarían Ana Blandiana, Gabriel Frasca, Hugo Mújica, Jaime Siles y una poeta india llamada Arundhathi Subramaniam. El mayor interés era Jaime Siles ―además de una cierta curiosidad por Ana Blandiana, de la que se ha oído hablar mucho en Cosmopoética―, pero desgraciadamente esta lectura pisaba la presentación en la feria del libro del libro de Luis García Montero que ya he mencionado. Así que, como estábamos más interesados en el libro de Montero y la lectura empezaba a resultar cargante nos fuimos antes de ver recitar a Jaime Siles, a quien por otra parte podríamos ver al día siguiente por la mañana. Antes de irnos tuvimos la oportunidad de ver recitar a Ana Blandiana y a Gabriel Frasca. Ana Blandiana estuvo correcta, aunque no cumplió las expectativas, quizá a falta de una lectura más completa y detenida. Sus versos en lengua original, sin embargo, estaban llenos de una musicalidad que llenó la sala dando una sensación que era mezcla de liturgia y ritual secreto. Gabriel Frasca, por otra parte, nos ofreció el momento más denso y agotador de todo el festival. Este poeta italiano, como todos sus compañeros, disponía supuestamente de diez minutos, un tiempo que pasó casi exclusivamente recitando un único poema primero en traducción y después en lengua original. Lo insoportable no fue tener que soportar un mismo poema durante casi diez minutos, sino el hecho de que el poema carecía de la más mínima musicalidad. El poeta, adrede, había eliminado las pausas entre verso y verso, dando la sensación de una prosa rala, más parecida a un trabalenguas que a cualquier texto literario. No existían en realidad diferencias significativas en cuanto a comprensibilidad entre el poema en español y el poema en italiano. Agotados y defraudados nos fuimos dejando a un público visiblemente aburrido para asistir a un acto mucho más interesante, la presentación del libro de Luis García Montero.

     Como es natural en la presentación de un libro de poesía reunida se perfiló un breve recorrido por toda la trayectora de Luis García Montero a modo de entrevista. En realidad el cometido de este agradable diálogo era ir engarzando algunos de los poemas más significativos de la obra de García Montero, leídos por el propio autor. Sin embargo, personalmente me parecieron más interesantes las palabras con que el poeta unía, justificaba y explicaba los poemas, porque en ellas esbozó una teoría poética que abarcaba los aspectos más diversos de la creación artística: la identificación del poema con un espacio público con reglas propias donde confluyen lector y escritor, la necesidad de diferenciar entre el poeta y la voz lírica que aparece en los poemas, la idea becqueriana de la imposibilidad de escribir cuando se siente y del alejamiento del sentimiento pasional para llevar a cabo la creación o su intento por unir la poética culturalista de los novísimos con aquella de cariz más comprometido. Aunque nunca me ha atraído demasiado Luis García Montero debo admitir que pasamos en su compañía uno de los ratos agradables de Cosmopoética.

     Predispuestos de forma negativa por la experiencia que habíamos tenido la noche anterior en la sesión de trovadores nos pasamos por el palacio de Orive sin demasiado interés. Cuando llegamos estaba actuando Mercedes Ferrer ante un entusiasmado aforo que desbordaba el patio. Aunque la música de Ferrer resultaba agradable sus letras eran repetitivas y banales. Por eso, después de escuchar un par de canciones decidimos marcharnos directamente sin ir a la sesión trasnoche. Una vez más la sesión de trovadores había sido un rotundo éxito en cuanto a asistencia de público, mucho más que la lectura de por la mañana en la feria del libro o la presentación del libro de García Montero. La música se convierte en una forma de intentar enganchar a la poesía a un público no especializado, pero hay que tener mucho cuidado con ella porque puede convertirse en arma de doble filo, puesto que en muchas ocasiones la canción es a la poesía lo que el best seller a la novela.

Domingo, 29 de Abril de 2007 01:47. # Esta piedra. Tema: Ut pictura poesis No hay comentarios. Comentar.






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