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DEDICADO A ROSA... «Maestro, quíteme la piedra, me llamo Lubbert Das» El Bosco
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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2007. XXX Feria del Libro Antiguo y de Ocasión en Sevilla![]() XXX Feria del Libro Antiguo y de Ocasión Aunque con bastante retraso, nunca es tarde si la dicha es buena: entre el 23 de noviembre y el 9 de diciembre tiene lugar en Sevilla la XXX Feria del Libro Antiguo y de Ocasión. Como ya ocurriera con la Feria del Libro se produce un nuevo cambio de ubicación para volver a su lugar de origen, de la Plaza San Francisco a la Plaza Nueva, ya que el cambio del año pasado era provisional, motivado por las obras del metrocentro. El horario aproximado de la Feria es de 10 a 14 horas de la mañana y de 17 y 21 horas de la tarde, pero como ya saben cada stand tiene su propio horario. Aún tienen algunos días para disfrutar de este encuentro sevillano imprescindible con la literatura y los libros. Paseando por los stands podrán encontrar una buena cantidad de libros a un precio magnífico, libros extraños o descatalogados, y por supuesto libros de cuidadas y excelentes ediciones, como Aguilar o Crisolín. De todos modos, aunque Diputación Provincial ha duplicado la subvención para la Feria, de 3000 a 6000 euros, el año pasado estaba mejor en lo que a primeras ediciones se refiere. No deje de visitar dos de los stands más interesantes de la feria: la clásica librería Renacimiento y librería Carmichael Alonso. Con la comodidad de poder visitar previamente sus catálogos por Internet y pedir el libro en cuestión que queramos. Aquí es, sin duda, donde podrá encontrar los ejemplares más interesantes. Una cita que no se puede dejar pasar, sobre todo para aquellos que como yo son amantes de regalar buenos libros en estas inevitables fechas. Las primeras no lecturas![]() Viñeta de Forges Imagino lo cansado que debe ser trabajar en la preparación de una revista mensual durante todo el mes anterior. Llamar a tal o cual escritor de postín, pedirle un artículo o reseña sobre este tema o aquel libro, discusiones varias con escritores, periodistas y críticos, discusiones entre el Consejo Editorial, la preparación de la maquetación, el trabajo de imprenta… un lío, vamos. Imagino lo terrible que debe ser la sensación de que todo ese trabajo ha sido inútil, o cuando menos, falso. Imagino la tirada de 50.000 ejemplares en sus cajas, miles de revistas preparadas para ser difundidas por librerías y grandes superficies de todo el país. Ya no hay marcha atrás: tal vez no se percaten de la impostura, tal vez piensen que somos optimistas o que descubrimos la panacea al problema. Algo así es lo que debieron pensar los encargados de la revista Mercurio cuando el 1 de diciembre El País les flageló con un artículo ─nada menos que de una página, para mayor recochineo─ en el que se hace un estudio pormenorizado del retroceso de nivel de lectura de nuestros alumnos, precisamente con Andalucía a la cola. Y es que el temido Informe PISA, para desgracia de algunos, no miente y pone de manifiesto una situación que va más allá del escándalo. La vergonzante realidad no es que los jóvenes no lean, sino que sean incapaces de entender, usar o analizar textos. Partiendo de este dato se puede comprender perfectamente el fracaso de la lectura a estos niveles: es normal que algo que no son capaces de comprender les aburra o incluso asquee; al tiempo que se explica también el fracaso escolar, porque al igual que no pueden sobrellevar una novela o un poema son incapaces de manejar un texto científico. El País apunta una posible solución en la inversión media por alumno de educación no universitaria, que es mayor en el País Vasco, Navarra y Asturias, donde los resultados en cuanto a lectura son superiores. Y he aquí delante el Mercurio, con esos colores tan suaves, cálidos y vistosos en la portada. Con ese letrero «Las primeras lecturas» que es una invitación a abrir la revista y recrearse con un dossier monográfico dedicado a la literatura infantil y juvenil. Con una editorial que dice que «en España el libro infantil y juvenil se encuentra en una situación de estable madurez»; con ese optimismo barato de Emili Teixidor ─autor de La lectura y la vida en Ariel─ que da trucos de manos y recetas superficiales para aficionar a nuestros jóvenes a la lectura, con la eterna y clásica referencia a la no obligatoriedad de la lectura en los sistemas educativos, bandera de los animadores políticamente correctos; con ese análisis de circunstancias de Lorenzo Silva sobre La isla del tesoro que está muy por debajo del que hiciera Cotroneo; o el recorrido de Care Santos por las editoriales y autores españoles con perlas como la siguiente: «¿Leen los adolescentes? El tanto por ciento que lo hace de forma frecuente es ligeramente superior al de los lectores frecuentes adultos». Uno se pregunta de dónde saca Care Santos sus estadísticas, posiblemente inventadas, y si conoce el Informe PISA, para saber si su alusión a España como país de analfabetos es casual o fina ironía. En fin, es una pena todo ese trabajo, esfuerzo y papel para nada o casi nada. Sólo espero que por encima de la aparente crítica destaque mi generoso espíritu conmiserativo. Por cierto, lo que más gracia me hace son las alusiones a los pesimistas. Si es que la cultura popular tiene más razón que un santo: un pesimista no es más que un optimista bien informado. Domingo, 02 de Diciembre de 2007 18:42. # Esta piedra. Tema: Ex libris No hay comentarios. Comentar. «Requiem», de Rafael Alberti (inédito)![]() El joven Rafael Alberti, en su casa La Gallarda, durante su exilio en Uruguay en 1947 Babelia dedica esta semana un número casi monográfico al grupo poético del 27 ─¿cómo es posible que siga perpetuando un término tan poco exacto como el de generación?─ para celebrar el 80º aniversario de su aparición. Siempre me ha parecido curioso este tipo de aniversarios, porque uno puede perfectamente saber qué año, qué mes, que día y qué hora es el aniversario del nacimiento o de la muerte de este o aquel escritor, pero encajar algo tan complejo para lo que ni siquiera existe consenso en su nomenclatura en una fecha concreta parece la típica falacia simplista de libro de texto. De acuerdo, si existe la obligación de elegir una fecha escojamos la del 16 de diciembre de 1927, pero siempre a sabiendas de que el 27 es mucho más que el homenaje a Góngora en el Ateneo de Sevilla. Lo que es el 27 ya se venía fraguando muchos años antes y aún se prolongaría años después, por lo menos hasta el comienzo de la Guerra Civil. De todos modos, no crean que estoy en contra de este tipo de celebraciones, sino más bien todo lo contrario, siempre y cuando sirvan para resucitar la quizá demasiado adormilada memoria con propuestas como las del Babelia de esta semana. Pocas veces se podrá decir que un Babelia es magnífico en casi todas sus páginas, salvo por alguna entrevista a un desagradable personajillo literario. No todos los artículos tienen la misma profundidad ni la misma agudeza, por supuesto. Frente al superficial tratamiento que hace José Manuel Caballero Bonald, que no va más allá de las cuatro obviedades clásicas y generales de siempre, me quedo con un artículo de Antonio Muñoz Molina sobre el anciano Alberti. Muñoz Molina habla de la impostura y de la máscara de sí mismo, en esa necesidad de rendir fidelidad a los rasgos de la propia identidad, que el artista se ve obligado a interpretar a partir de cierta edad. A partir del caso más evidente, Borges, habla de un Alberti obligado a reiterar los rasgos del personaje que había ido creando con el paso de los años. Aunque Muñoz Molina dé con el dardo en la diana, su texto provoca cierta sonrisa porque parece escrito desde el orgulloso resentimiento del joven que no fue invitado a entrar en el círculo de amistades del viejo vate gaditano y recibió el que quizá es el peor de los tratos: la fría indiferencia. Tampoco tienen desperdicio los artículos de Jesús Ruiz Mantilla, Ian Gibson, Luis Muñoz o Javier Rodríguez Marcos.
Y es que la gran estrella en esta ocasión, de entre todos los integrantes del 27, es Rafael Alberti, del que se publican tres poemas inéditos, como se hiciera no hace mucho en esta misma publicación con Federico García Lorca o, salvando las distancias, con Julio Cortázar. Los tres textos son una prueba evidente de lo que Ricardo Gullón llamó las «alegrías y sombras de Rafael Alberti»: dos de ellos se encuadran en la etapa de Marinero en tierra y de El alba del alhelí y el tercero en la de Sermones y moradas. Aunque según Beatriz Hernanz, la estudiosa que los ha sacado a la luz, en el segundo de ellos, titulado «Ingenuidad», está prefigurada casi la totalidad de la obra del futuro Alberti es bajo mi punto de vista el más prescindible de los tres. El poema vinculado a Sermones y moradas que empieza «Es una frente la que hoy pide auxilio» es deslumbrante a ratos, con versos y giros que recuerdan al desolador Lorca de Poeta en Nueva York. Este poema, en apariencia escrito por un poeta maduro, fue seguramente descartado por su exceso de irreverencia religiosa que hubiera levantado las críticas de más de uno en la España de la época. El poema titulado «Requiem» evoca al joven pintor Alberti paseando por el museo del Prado y copiando incansablemente a los grandes maestros de la pintura. Es un poema de luminosidad apagada, en penumbra, entristecido por el recuerdo del cuerpo amado, por la pérdida. Se va dibujando a dibujando a pinceladas, que bien podrían ser las de Giotto o Piero Della Francesca o bien las del Greco o Zurbarán, un cuadro en el que se adivina la figura de Cristo. Las referencias al color, a la luminosidad y a la mística son abrumadoras ─«de color siglo XIII y muy viejo…»─. Este aspecto culto se une al popularismo de Marinero en tierra a través de continuas exclamaciones, interjecciones, repeticiones, interrupciones y un verso rápido, veloz, como un pincel sobre un lienzo. «RÉQUIEM» Aquí... aquí... donde tú estuviste Donde estuvo ya inmóvil tu cuerpo... Aquí... aquí... a esta luz amarga De color siglo XIII y muy viejo... Quiero hacer este verso Triste, Muy triste Como rayo de luna sobre el Campo Muerto Me encuentro. ¡Y ahora sí que estoy solo! Unas luces enfermas de color ceniciento..., Un Cristo..., Unas flores mustias de blancor enfermo... ¡como cuando estaba ya inmóvil tu cuerpo! ¡Tu cuerpo! : largo y abultado como las estatuas del Renacimiento. ; y la túnica humilde... de pliegues helénicos... ; y tus manos místicas... ¡Oh, las ascéticas manos de los muertos! ¡Oh, el color, el color de los muertos! : Color de llanura cuando ya hace frío... Color de este verso. Aquí... aquí: ¡Como aquella noche! Me acuerdo de mi juramento,... Que te hice temblando... temblando... Al oído... ¡ya sin eco! Y ahora: Quiero Renovar "aquello"... Y seguir siendo bueno, Muy bueno... Aquí, aquí, donde tu estuviste... ; Donde estuvo ya inmóvil tu cuerpo... Aquí... aquí...: a esta luz amarga De color siglo XIII y muy viejo...: Hice Este verso. Julio MCMXX III Retratos, de Truman Capote![]() Retratos, de Truman Capote Existen dos formas de conocer la vida y la personalidad de un autor: a través de lo que él dice de sí mismo y a través de lo que dicen los demás. Al primer camino se llega a través de lo que el escritor deja entrever en sus textos ─método peligroso porque remite al obsoleto biografismo y positivismo comteniano─ y lo que confiesa en los escritos expresamente autobiográficos. El segundo método también tiene sus inconvenientes, porque no todos los estudios u opiniones son igualmente respetables y válidos. Desde luego, ni sé ni mi importa si es más fiable lo que dice un estudioso debidamente documentado o lo que dice alguien que tuvo contacto, íntimo o no, con el autor. El primero enarbola la bandera de la objetividad y el segundo la de la cercanía. Ni lo sé ni me importa: como en todos los sucesos lo conveniente es conocer todas las versiones para formar una visión global más completa. Y los retratos forma una porción muy interesante de esta visión total, porque ofrecen de primera mano testimonio de las filias y fobias entre escritores, artistas y pensadores en general. Hay muchos tipos de retratos, casi tantos como escritores de ellos. Pueden ser absolutamente ficticios, como los que hace Borges en Historia universal de la infamia o parcialmente ficticios, como los de Papini en Gog o El libro negro. Los hay que son breves pinceladas de un puñado de rasgos significativos organizados en torno a una exposición, que es lo que pasa con Españoles de tres mundos de Juan Ramón Jiménez ─o tan breves como los Jesús Marchamalo y Damián Flores en 39 escritores y medio─, o también existen largos fragmentos narrativos que bien podrían ser fragmentos de algún relato o alguna novela. Esto último es lo que ocurre principalmente con el libro Retratos de Truman Capote, aunque no carezca de la síntesis sugestiva al estilo de Juan Ramón Jiménez. El libro de Capote está organizado en largos capítulos correspondientes al encuentro con alguna celebridad, ya sea del mundo del cine, de la literatura o de la fotografía. Además, se añade un apartado final titulado De «observations», que son un conjunto de retratos más breves en los que se muestra el gusto por la pincelada al que antes aludía. En este desfile de personalidades del mundo y de la cultura y del arte Capote consigue contrastar la construcción de un ambiente refinado con la humanidad e incluso la vulnerabilidad de los personajes que describe, sobre todo en aquellos que profundiza más. Parecen eternamente impelidos a buscar una razón para su existencia, lo que se desprende sobre todo de las conversaciones que mantiene con ellos. La deuda de Capote con el periodismo es absoluta, plasmada en la capacidad para recordar y rememorar los encuentros en sus más nimios detalles, sobre todo en los retratos de mayor extensión, lo que los convierte en una pormenorizada crónica social. Así por ejemplo, en el retrato de Marlon Brando se reproducen conversaciones que pretenden parecer literales aunque se intuyen reconstruidas. Este actor, al que no en vano se le dedica la mayor parte del libro, aparece dibujado como un ser generoso y frágil, que busca desesperadamente la compañía y una trascendencia que va más allá de su oficio de actor, cuyo éxito efímero constantemente amenaza con abandonar por el sueño de la escritura. Del mismo modo describe a una Elizabeth Taylor extasiada por la tensión amorosa que le unía a Richard Burton, con referencias desoladoras a Montgomery Clift. En el caso de Marilyn Monroe ─esa adorable criatura─, una de las grandes amigas de Capote, opta por una descripción dramatizada, con alguna que otra historia subida de tono, en la que se alude principalmente a su relación con Arthur Miller. Con Tennessee Williams hace un sentido recuerdo póstumo en el que el dramaturgo queda perfilado como persona de infinita tristeza interior que tiene que recurrir a drogas y alcohol para engañar su angustia. Algunas de las personalidades que también desfilan por el apartado De «observations» son: John Huston, Charlie Chaplin, Pablo Picasso, Coco Chanel, Marcel Duchamp, Jean Cocteau, André Gide, Louis Armstrong, Humphrey Bogart, Ezra Pound o Isak Dinesen. En algunos casos, como ocurre por ejemplo con Pablo Picasso o con Louis Armstrong, ni siquiera llega a conocer a los personajes, sino que la referencia no va más allá de expresar su admiración. En otros presenta aspectos poco conocidos que desvelan nuevos matices. Es lo que ocurre con Ezra Pound, poeta que suele despertar desprecios por su adhesión política al fascismo italiano y por la campaña desprestigiadota que Estados Unidos urdió contra él; en el libro, sin embargo, aparece como un generoso amigo dispuesto a interceder por aquellos que están dentro de su círculo de amistades, como con Joyce, a quien dejó dinero para que acabase el Ulysses. Un retrato que también tiene un gran interés es el de Jean Cocteau y André Gide, que expone de forma lúcida las diferencias diametralmente opuestas de ambos escritores franceses ─el primero imaginativo pero falso y el segundo verdadero pero poco imaginativo─. Miércoles, 19 de Diciembre de 2007 16:03. # Esta piedra. Tema: Ex libris No hay comentarios. Comentar. «El cascanueces y el rey de los ratones», de E.T.A. Hoffmann![]() Grabado basado en «El cascanueces y el rey de los ratones», de E.T.A. Hoffmann Hace un par de navidades publiqué en esta misma página el delicioso relato de Paul Auster «El cuento de navidad de Auggie Wren», una maravillosa narración que con dos detalles ─¡pero qué detalles!─ dio lugar a la película Smoke. Como ejercicio mental me he propuesto buscar cada año para estas fechas, si las ocupaciones festivas me lo permiten, un cuento de temática navideña para hablar de él. En este caso el cuento elegido, «El cascanueces y el rey de los ratones» de Hoffmann, no voy a publicarlo como hiciera con el de Auster por motivos de extensión, y porque en definitiva no es difícil de encontrar por Internet. No es necesario que me refiera al argumento porque como suele ocurrir con muchos relatos infantiles ─y es, en principio, un cuento para niños─ forma parte del acervo popular, dentro del subgénero de los cuentos de hadas, que comenzara con Charles Perrault y que a través de los hermanos Grimm engarza con Michael Ende. Pero la historia del «Cascanueces» debe sobre todo su popularidad al ballet que compuso Tchaikovsky, que no se basa directamente en Hoffmann sino en una obra de Alejandro Dumas titulada Casse-noissette que sí se basa en Hoffmann. En mi contra he de confesar que antes de conocer el cuento de Hoffmann mezclaba ciertas partes con «El soldadito de plomo» de Hans Christian Andersen, otro de esos cuentos infantiles que me han acompañado desde que tengo uso de razón. Lo que se encuentra en Hoffmann más allá del elemento maravilloso y preciosista hasta el dulzor más ahíto ─me refiero a la descripción del reino de las muñecas, cuya herencia se percibe claramente en «El velo de la reina Mab» y en otras partes de Azul… de Rubén Darío─ ha sido una modernidad apabullante. Aunque el esquema de construcción narrativa de este cuento y de otros relatos de Hoffmann sigue un mecanismo muy simple y reiterativo, no hay que olvidar que los estudios de Propp parten de los cuentos tradicionales, la forma en la que introduce el elemento mágico dentro del relato anuncia caminos que resultarán profundamente fructíferos en el siglo XX. En un principio la historia se presenta como un relato realista a la manera tradicional, pero a partir de un momento determinado, y siempre de la mano de un misterioso personaje, se introduce el elemento mágico, que amenaza con invadir e incluso suplantar al mundo real. La modernidad de la obra se concentra, sobre todo, en esta técnica, que posteriormente manejará de forma magistral Kafka en sus narraciones y que en el fondo dará origen al realismo mágico. El protagonista, María en el caso del «Cascanueces», se debate entre estos dos mundos con mejor o peor fortuna, decantándose finalmente por el mundo de la fantasía. Cascanueces es el personaje que sirve de guía, como el archivero Lindhorst en «El puchero de oro», y que acompaña al protagonista en un viaje iniciático que culmina con el triunfo absoluto de la imaginación. La construcción narrativa, como he dicho, es sencilla, basada frecuentemente en dualidades, empezando por la más evidente: realismo frente a imaginación. Los personajes se decantan por uno u otro mundo, aunque muchos de ellos pretendan permanecer en una zona intermedia. El modelo de funciones de Propp ─o modelo actancial en Tesnière y Greimas─ se puede aplicar perfectamente: frente al protagonista hay siempre un antagonista, que puede ser un personaje fantástico, como el rey de los ratones o un personaje realista, como los padres de María. También es fácil localizar a los personajes que eventualmente actúan como ayudantes: el magistrado Drosselmeier y su hermano Federico. En el caso de este último, su participación es fundamental porque entrega al Cascanueces el objeto que le permite alcanzar la victoria sobre el rey de los ratones: una espada. Algo curioso narrativamente hablando es el uso del tiempo, manejado de forma algo tosca por parte de Hoffmann, pero necesario para conseguir un ambiente determinado. La acción comienza explícitamente en Nochebuena y continúa con el día de Navidad, que es el momento en que se entrega a María el Cascanueces como regalo. A pesar de que pasan los días: la convalecencia de María debido al corte con el cristal del armario tras la batalla entre los húsares y los ratones, los días que pasa meditativa y preocupada, otros tantos días bajo las amenazas del rey de los ratones…; el ambiente no deja de ser en ningún momento navideño. Se ha eliminado el tiempo en el mundo realista para conseguir un deliberado efecto de cuento navideño, aunque la Navidad sólo aparezca superficialmente en la historia, como un simple decorado de fondo. Un último aspecto que no puede pasarse por alto, y que en muchas de las versiones que se hacen del cuento se omiten, es el matiz terrorífico de ciertos aspectos de la historia. Me refiero casi exclusivamente a la descripción que se hace del malvado rey de los ratones, con sus siete cabezas y sus siete coronas. Hoffmann consigue crear un personaje cruel, horroroso y despreciable que levanta los odios, miedos y desvelos de los más pequeños, que en definitiva son los auténticos destinatarios de este maravilloso relato navideño. |
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