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DEDICADO A ROSA... «Maestro, quíteme la piedra, me llamo Lubbert Das» El Bosco
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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2007. Anécdota de Reyes![]() María Dolores Aranda y Luis Cernuda Debido a las fechas en que nos encontramos, me gustaría reproducir una anécdota que contaba María Dolores Aranda sobre Luis Cernuda en el número 12 de la revista Kena al año siguiente de su fallecimiento. Su interés no radica únicamente en la belleza que encierra, sino que además es una muestra significativa de la personalidad tan peculiar del poeta sevillano. Contaba Luis Cernuda ─el gran poeta español muerto en México en el pasado mes de noviembre─ que poseía de niño una ciega fe religiosa. Quería obrar bien, mas no porque esperase premio o temiese castigo, sino por instinto de seguir un orden bello establecido por Dios. Había pasado la Navidad y el Año Nuevo ─parece que aún le oigo decir─ y esperaba con la natural expectación en un niño de escasos seis años, la llegada de los magníficos personajes en quienes creía sin la menor sombra de duda. ─Papá... ¿Has visto a los Reyes Magos? ─Si, hijito -respondió el interpelado mientras acomodaba al pequeñito sobre las rodillas. Hace años, tuve la fortuna de encontrarlos en las afueras de la ciudad. Con intensa emoción, el futuro poeta rogó al padre que le hablase sobre los personajes de Oriente. Este, dispuesto a complacerle, describió con elocuencia las nobles figuras de Melchor, Gaspar y Baltasar, el más simpático de todos. Habló de su belleza, de su bondad, de la majestad impresionante del atuendo lujoso, de la maravillosa comitiva. Y de cómo preferían a los niños que se portaban bien, eran obedientes y nunca lloraban. ─Quiero verlos─ pidió impresionado el pequeño. ─Si lo intentas, te castigarán sin regalos. El muchachito, callado, hermético, corrió a su habitación. Garrapateó en un papel algo, lo metió en un sobre y con bastante misterio lo entregó al asistente de su padre para que montado en el caballo corriera a entregar la misiva a los Reyes Magos o a sus criados. En el sobre había escrito: «A los Magos que siguen a la estrella». En el papel recordaba haber puesto más o menos las siguientes palabras, con las inevitables faltas de ortografía: «Papá me ha contado que os vio una vez, pero que yo no puedo veros porque entonces no me vais a traer juguetes ni regalos. Pero no me importa. No os quiero por eso. Os quiero porque sé que sois hermosos y buenos como los ángeles que están en el Cielo con Dios y yo quiero veros para quereros más, aunque no me traigáis regalos». «Nana de la cigüeña», de Rafael Alberti a Miguel Poveda![]() Poemas del exilio, de Miguel Poveda
Nana de la cigüeña - Miguel Poveda
Que no me digan a mí Si la cigüeña canta
Rafael Alberti, Marinero en tierra.
No importa que el poema pertenezca a su obra más temprana, la ejecución de Poveda, con un magnífico acompañamiento al piano por parte de Enric Palomar, logra vincularlo a su producción realizada en el exilio, a través del cruce de palos flamencos como el martinete o los tanguillos con ritmos rioplatenses, ya sean las milongas o los tangos. Poveda, con una ejecución llena de contención, logra transmitir la serenidad propia de una nana. La otraTú no eres quien crees que eres. Eres otra, otra que es más extraña y más profunda. Cuando te beso no te beso a ti, beso a la otra que eres tú y que vive perdida entre tus besos, y al tocarte toco a aquella que nadie ha conocido, la misteriosa, la que amasa vientos en las profundidades de un suspiro. Es la otra la que habla cuando callas, es la que dice lo que tú no dices, lo que nunca dirás, y es la que sueña si acaso tú te olvidas de soñar. Sí, busco a esa que eres y no eres, y a la que siendo a punto estás de ser. La busco en el calor de las mañanas de verano, en la leña de unos labios, en lo oscuro de un cuerpo complaciente, en la tierra bendita de unos ojos, en el destello de un abrazo hirviente, incluso la busqué dentro de ti. Pero siempre he sabido la verdad: sé que no lograré encontrarla nunca, porque cuando la encuentre serás otra.
Fallece Claudio Guillén![]() Claudio Guillén El pasado sábado falleció en su domicilio Claudio Guillén, una de las personalidades más insignes de la filología actual y buque insignia de la literatura comparada, por supuesto en España, pero también en Europa. Se trataba de una de esas escasas figuras con prestigio a ambos lados de la frontera, más que merecido por obras que las generaciones han venerado hasta convertir en clásicos, sobre todo en el caso de Entre lo uno y lo diverso, referencia obligatoria que ningún estudiante de filología ha podido pasar por alto. Uno tiene la sensación de que ha muerto una de esas raras avis de las letras hispánicas, un sabio de los que ya no van quedando, hijo de Jorge Guillén, pero también de la generación del 27 en general, por lo que supone de herencia intelectual. Claudio Guillén fue un erudito de vastos conocimientos en literatura española y extranjera, los necesarios para desempeñar la dificilísima labor de la literatura comparada, que no son pocos. Por eso, su muerte hace que nos sintamos un poquito más huérfanos intelectualmente hablando. |
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