
Cent mille millards de poèmes de Raymond Queneau
Dice una máxima popular que «lo bueno, si breve, dos veces bueno» El pueblo dixit, aunque como casi siempre hay que matizar largamente esta verdad entrecomillada, sobre todo si hablamos de arte, un ámbito donde no es necesariamente dos veces bueno lo breve, como tampoco lo es lo extenso. Enjuiciar estéticamente una obra ha de basarse en criterios cualitativos, nunca cuantitativos. Es decir, que una obra tiene la extensión que debe tener, ni más ni menos: el contenido requiere una única y exclusiva forma de expresión que de cambiar un ápice supondría desbaratar la construcción artística, arrancar del castillo uno de sus naipes y exponerlo al súbito quebrantamiento.
El problema cuantitativo, que no es en realidad tal problema ─porque es evidente que abrir un debate ante semejante cuestión sería estúpido─, aparece cuando un artista pretende que su obra alcance fama mundial no tanto por su valor intrínseco como por la espectacularidad que la rodea. Nada nuevo bajo el sol, el arte moderno al cabo. Pero esta escasa forma de arte moderno, llamativo por su carácter hiperbólico y pantagruélico, comete un error de base suponiendo que lo más sorprendente es lo más grande, como si lo más grande fuera lo más artístico. «El tamaño no es lo que importa», viene a refrendar de nuevo la sabiduría popular con no poca picarona gracia.
Y para muestra cuatro botones, ejemplos que representan a tres artes distintos, cine, música y literatura. Me limito a comentar estas obras, evitando cualquier juicio de valor que nos llevara a la pregunta de si verdaderamente se trata de arte o no.
La película más extensa del mundo:
La película más larga de la historia del cine hasta 1986 fue la mítica Lo que el viento se llevó con 293 minutos. Sin embargo, este mismo año se supera la duración de esta película con creces con un experimento que en principio estaba pensado para trabajar con el insomnio y que recibe el nombre de The Cure for Insomnia (La cura contra el insomnio). Esta película tiene la friolera de 5.220 minutos, es decir, 87 horas (tres días y quince horas). Con un bajísimo presupuesto, un único actor ─el artista y poeta Lee Groban─ y un argumento no puede ser más sencillo, pues este personaje aparece leyendo un poema suyo de 4.080 páginas, con algunos cortes en los que aparecen fragmentos de películas pornográficas y de videoclips de heavy metal. Está dirigida por John Henry Timmis IV y sólo se ha proyectado sin cortes una vez, el día de su estreno, en el Art Institute Of Chicago en Illinois.
La canción más extensa del mundo:
En este caso la obra de arte parece haber batido un record insuperable, ya que esta canción, titulada Longplayer, pretende tener una duración de mil años. El proyecto, desarrollado por Jem Finer, comenzó el 1 de enero del 2000 y no finalizará hasta el 31 de diciembre del 2999. En estos mil años la canción, interpretada desde el faro de Trinity Bouy Wharf (Londres) a partir del golpeteo de unos palos de madera en una serie de cuencos tibetanos fabricados con distintos materiales, no se repetirá jamás. Se supone que se puede escuchar la pieza a través de Internet en su página web.
El libro más extenso del mundo:
Que el libro más largo del mundo tenga diez páginas suena a tongo o a relato borgiano. No se trata del libro de arena, sino de un invento que el escritor y patafísico francés Raymond Queneau presentara en 1960 con el nombre de Cent mille millards de poèmes. La explicación es más sencilla de lo que parece: cada página contiene un soneto y cada verso está cortado en tiras, de tal forma que sea posible combinar los versos de cada poema. El número total de combinaciones sería de 10 elevado a 14, es decir, de cien billones de poemas distintos. Serían necesarios varios millones de años de lectura constante para leer todas las combinaciones posibles, para explotar todas las lecturas posibles de un libro de diez páginas.
El poema más extenso del mundo:
La expresión «el poema más largo del mundo» puede interpretarse de forma literal cuando se observa que, expuesto a lo largo, ocupa una extensión de casi un kilómetro. Los 994,10 metros de poema, colocados sobre un circuito de automóviles en Champier (sur de Francia) son obra del autor francés Patrick Huet, que con el título de «Parcelas de esperanza en el eco de este mundo», se permite además hacer el juego de crear con su obra un acróstico con los treinta artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Para aquellos que se dejen impresionar por las cifras comentaré que tiene 7.547 versos, que pesa 110 kilos, que fue escrito durante un mes y medio empleando diez horas diarias y que necesitó la tinta de 160 rotuladores.
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