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La piedra de Sísifo
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La piedra de Sísifo
DEDICADO A ROSA...

«Maestro, quíteme la piedra, me llamo Lubbert Das.»
El Bosco

Mis piedras

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Infiernos imprescindibles


Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2009.

«Romance del enamorado y la Muerte», anónimo

Un sueño soñaba anoche,

soñito del alma mía,
soñaba con mis amores,

que en mis brazos los tenía.
Vi entrar señora tan blanca,

muy más que la nieve fría.
—¿Por dónde has entrado, amor?

¿Cómo has entrado, mi vida?
Las puertas están cerradas,

ventanas y celosías.
—No soy el amor, amante:

la Muerte que Dios te envía.
—¡Ay, Muerte tan rigurosa,

déjame vivir un día!
—Un día no puede ser,

una hora tienes de vida.

Muy deprisa se calzaba,

más deprisa se vestía;
ya se va para la calle,

en donde su amor vivía.

—¡Ábreme la puerta, blanca,

ábreme la puerta, niña!
—¿Cómo te podré yo abrir

si la ocasión no es venida?
Mi padre no fue al palacio,

mi madre no está dormida.
—Si no me abres esta noche,

ya no me abrirás, querida;
la Muerte me está buscando,

junto a ti vida sería.
—Vete bajo la ventana

donde labraba y cosía,
te echaré cordón de seda

para que subas arriba,
y si el cordón no alcanzare,

mis trenzas añadiría.

La fina seda se rompe;

la muerte que allí venía:
—Vamos, el enamorado,

que la hora ya está cumplida.

 

 

     El auténtico motivo de que haya hablado aquí de «El gesto de la muerte» de Jean Cocteau es para poder explayarme a gusto del que considero hoy en día como el mejor poema que conozco. Sé que esta apreciación puede parecer hiperbólica, pero les aseguro que no es ni mucho menos gratuita. El objetivo de estas palabras, y aún de otras, no es sino justificar el altísimo pedestal que ocupa un poema del que existen una más decena de versiones, que no está fijado definitivamente por escrito porque no tiene autor conocido, porque pertenece al pueblo, como toda la poesía inmensa.

 

     Todos aquellos que me conozcan saben que soy bastante objetivo al respecto. La poesía popular no me apasiona precisamente, prefiero el endecasílabo antes que el octosílabo y el Romancero no es para mí desde luego un cuerpo textual que sirva de referencia. Por supuesto, hablo en líneas generales, lo que no impide que puedan gustarme libros o poemas concretos tradicionalmente incluidos dentro de esa corriente conocida con el nombre de poesía popular. Por este motivo, y porque el descubrimiento de «El enamorado y la Muerte» me resultó devastador en su época, creo que debo unas palabras para aclarar la conmoción que me supuso y lo que para mí representa poéticamente.

 

     Nada más comenzar se repite hasta cuatro veces el lexema de sueño, con distintas terminaciones. Esta reiteración enmarca todo el relato posterior en un ambiente de ensoñación que oscila entre lo placentero y la pesadilla, y que al fin y al cabo, ya que en el sueño es todo posible, abre el camino al surrealismo. Porque sólo desde el sueño, o desde el plano más puramente simbólico, adquieren coherencia ciertos elementos del poema.

 

     La personificación de entidades abstractas, como el Amor o la Muerte, son interpretados por los personajes como algo perfectamente posible. El enamorado, y más tarde la amada, no se detienen a cuestionarse la posibilidad de que esas entidades hayan tomado forma humana. Sin embargo, sí están personificadas con todas sus consecuencias, sometidas a las leyes humanas, lo que permite que el enamorado pueda preguntarse ―lo que realmente le extraña― por dónde ha entrado esa entidad si todas las puertas y ventanas estaban cerradas o que no se extrañe lo más mínimo cuando la Muerte le revela su verdadera identidad, como tampoco se extraña su amada cuando le confiesa que la Muerte la anda buscando. En esta humanización la Muerte no tiene el aspecto que actualmente se le asocia: en lugar de ser un esqueleto vestido con una caperuza negra y armado con una guadaña es una señora muy blanca. En lugar de asociar el negro, que es el color del luto, se le asocia el blanco, el de la palidez, la falta de salud, la enfermedad. Curiosamente, en la sociedad actual este color se ha vaciado en gran medida de su componente nefasto para pasar a identificar la pureza y la virginidad previa al matrimonio.

 

     En la conversación que mantienen el enamorado y la Muerte ha reminiscencias de todos aquellos pactos con entidades superiores, desde el Fausto de Goethe hasta El séptimo sello de Ingmar Bergman. En este caso no es exactamente un pacto, sino una concesión: en principio puede parecer que la Muerte, en un afán de humanización, es capaz de apiadarse del enamorado y de concederle un plazo de vida para que pueda despedirse de su amada. La verdadera pregunta, nada baladí, es si la Muerte, como una entidad todopoderosa que es, no sabe de antemano que no puede llevarse al enamorado en el acto y que debe darle necesariamente una hora de vida para que vaya a ver a su amada y se produzca así el desventurado desenlace.

 

     Ese hecho es lo que hermana este romance con «El gesto de la muerte», la antigua historia recuperada por Jean Cocteau. En ambos relatos la Muerte se materializa y actúa como una especie de actante que precipita de forma irremediable el desdichado final. Si la Muerte no se hubiera aparecido ante el jardinero, si no le hubiera hecho un gesto de sorpresa, este nunca hubiera viajado hasta Ispahán y no habría muerto. De la misma manera, si la muerte no avisa al enamorado, si no le concede una hora de vida, un tiempo que aprovecha para visitar a su amada, no se hubiera podido producir, al menos en condiciones naturales. Es por eso que esta vindicación de la muerte es al mismo tiempo la negación de su poder: la muerte actúa, pero limitada por la cadena lógica de la causa y el efecto, ya que no puede llevarse inmediatamente al difunto, sino que necesita la mediación de una causa ―la caída del cordón― de la que se derive su muerte. Justo cuando el enamorado cae del cordón se cumple la hora, lo que licita a la muerte para actuar libremente.

 

     Uno de los aspectos más hermosos del poema, en gran medida heredado de su origen popular, es la concisión de los versos. Los diálogos, volcados a la forma octosilábica, dicen estrictamente lo imprescindible de forma explícita, aunque implícitamente están llenos de contenidos que perturban al lector. Cuando la Muerte se identifica como tal ya no es necesario dar más explicaciones, como tampoco lo es cuando el enamorado le confiesa a su amada que la Muerte le anda buscando. Lo que no impide que la amada dé una explicación más pormenorizada de por qué no puede reunirse con el amante o que incluso utilice un pleonasmo, «para que subas arriba», que reafirma la idea de la ascensión y que de alguna manera adelanta el trágico final.

 

     Estos son algunos de los motivos que me han llevado a calificar este poema como el mejor que conozco. Podría dar muchos más motivos, como por ejemplo la acertada y brillante elección y combinación del vocabulario, un elemento que por sí sólo ya eleva el texto a la categoría de magnífico poema. El tema no puede ser más universal, amor y muerte, y sin embargo, el enfoque, a pesar de tener ya varios siglos y de que carezca de autor conocido, no puede ser más original. Fatalismo y amor, quizá sea ese el verdadero motivo que hace de «El enamorado y la Muerte» un texto sin el cual ya no puedo concebir la literatura.

Martes, 01 de Diciembre de 2009 18:01. # Esta piedra. Ut pictura poesis Hay 6 comentarios.


Escritores contra escritores, de Albert Angelo

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Escritores contra escritores de Albert Angelo

     Lejos de cualquier mito romántico, la imagen que da de los escritores Francesco Piccolo en su libro Escribir es un tic es la de unos personajes corrientes y molientes, dedicados a sus quehaceres con paciencia y constancia, y con el manejo de una técnica concreta que casi los iguala con fontaneros o con bibliotecarios. La compleja personalidad de los escritores, esa que hacía a Borges postular un desdoble, un escritor y un no escritor en la misma persona, la considero derivada de otras circunstancias. Dejando aparte el hecho de que cada escritor es hijo de su padre y de su madre ―y de que los hay tímidos como Juan Rulfo, secos como César Vallejo, antipáticos como Juan Ramón Jiménez, payasos como Gómez de la Serna, serios como Ortega y Gasset, carismáticos como García Lorca o de personalidad avasalladora como Neruda―,  creo que ese desdoble es la derivación lógica de un oficio que entraña el coqueteo con la posteridad. Las mieles de la eternidad son demasiado apetecibles para que en muchas ocasiones a estos individuos, los escritores, no les importe pisar y pasar por encima de otros escritores para alcanzar la cima del éxito. O más bien habría que pensar que los enfrentamientos son los normales entre el género humano, con la particularidad de que trascienden del mero conflicto personal.

 

     Para dar testimonio de estos enfrentamientos Albert Angelo recoge en Escritores contra escritores, a modo de antología, un buen puñado de declaraciones en las que los escritores se lanzan pullas y puyazos unos a otros. Siguiendo un orden estrictamente alfabético, el antologista pone el nombre del escritor atacado, seguido de las declaraciones y del nombre del escritor atacante. Las fuentes que ha utilizado quedan reflejadas al final de forma confusa y genérica, porque no se indica bien de qué lugar concreto las ha tomado. Pero el gran fallo del libro, más que la anglofilia señalada por el prologuista Jordi Costa, es quizá su estructuración: hubiera sido mucho más ameno un ensayo que pusiera de manifiesto las polémicas entre los escritores, ilustrado con las declaraciones directas. A veces, cuando el ataque es confuso porque hay muchos antecedentes detrás ―y esto ocurre demasiado a menudo―, Albert Angelo informa brevemente entre paréntesis del motivo de la polémica.

 

     Se echa de menos una referencia a los enfrentamientos clásicos en la literatura. Ya sea el de Quevedo, Góngora y Lope de Vega ―del que apenas se ofrecen datos, como tampoco se ofrecen apenas testimonios de los airados y conflictivos Juan Ramón Jiménez y Azorín―; de las generadas por el huracán Neruda ―con su corte de enemigos, con Pablo de Rokha a la cabeza, seguido por Huidobro, Nicanor Parra o Juan Ramón Jiménez―; de la pelea entre Mario Vargas Llosa y los intelectuales de la izquierda, especialmente García Márquez, Mario Benedetti o Julio Cortázar; o el tradicional enfrentamiento entre los pesos pesados del pensamiento Ortega y Gasset y Unamuno, que llevarían al primero a decir del segundo lo siguiente: «Unamuno en mí y para mí es una herida que no quiero abrir; algo que deseo no tocar porque me revuelve impresiones casi de angustia que prefiero dejar dormidas. Nadie puede imaginar lo que he padecido con él». En ocasiones estos ataques son fruto claro de un intento de reafirmación generacional, casi una rabieta adolescente contra los padres, como le ocurre por ejemplo a César Aira con los escritores del boom, entre los que atacó a Cortázar diciendo que «el mejor Cortázar es un mal Borges».

 

     No deja de ser curiosa la frecuencia con la que determinados escritores insultan o son insultados. Es cierto que hay escritores de carácter arisco más propensos al ataque, como los ya mencionados Juan Ramón Jiménez o Azorín, pero con la excepción de Nabokov, que parece odiarlo todo o casi todo en literatura, los atacantes parecen repetirse más bien porque Alberto Angelo ha consultado bibliografía más específica en estos casos, más allá de la vaguedad de la prensa, los magazines, Internet o la televisión. Son los casos de Kingsley Amis y Martin Amis ―tanto insulto acumulan padre e hijo que incluso llegan a atacarse entre ellos―, de Roberto Boñalo, de Vicente Huidobro o de Francisco Umbral. Entre los más vilipendiados se encuentran los escritores polémicos: Neruda ―por envidia y también por cuestiones políticas―, y por supuesto Umbral y Camilo José Cela ―ambos se lo ganaron a pulso―. Del primero diría Miguel Delibes que «escribe como mea» y del segundo Sánchez Ferlosio afirmaría: «Hace treinta años que no lo leo. Es un pelmazo. Y me tiene sin cuidado que le hayan dado el Nobel o no». Es sorprendente que dentro de esta lista de atacados entre un escritor que es fundacional para la lengua y la literatura inglesa, William Shakespeare, de quien Tolstoy, por ejemplo, diría: «la fama indiscutida de que goza Shakespeare como escritor es, como todas las mentiras, una gran maldad».

 

     Desde luego, es cuestión de gustos. Sinceramente, que Enrique Vila-Matas o que Juan Marsé ataquen a Lucía Etxebarría me parece del todo loable. Que Roberto Bolaño diga de Isabel Allende que «me parece una mala escritora simple y llanamente» o que «llamarla escritora es darle cancha» me parece del todo acertado, aunque no dejó de generar respuesta por parte de Isabel Allende, que contestaría «eché una mirada a un par de [sus] libros y me aburrió espantosamente». Los insultos contra Umbral o contra Cela están sobradamente justificados, y no puedo dejar de remitirme a esa genial antología del insulto que es Manual de literatura para caníbales de Rafael Reig, donde se da la mejor semblanza del auténtico Cela que he visto hasta el momento.

 

     No puedo dejar de hablar tampoco del prólogo con que se abre el libro, un breve texto de Jordi Costa que tiene el quinceyano título de «La puñalada como una de las Bellas Artes». Es un texto desagradable, amargo e irónico, que rebosa generalizaciones y tópicos por los cuatro costados, y que da una visión del escritor como un «ser que oscila entre la patética autocompasión y la agresiva soberbia». Jordi Costa, al decir que «el Escritor es un lobo para el Escritor», olvida muchos escritores tienden a reunirse en círculos literarios y que de estos círculos, además de conflictos y odios, han surgido grandísimas amistades que se han mantenido o que se mantienen a lo largo de toda la vida. Pongo como ejemplo, por lo que tiene de paradigmático, la amistad que unió al grupo poético del 27, o la amistad que todavía hoy mantiene unidos a muchos de los escritores del boom hispanoamericano.

 

     Sin más, les dejo algunas sorprendentes declaraciones sacadas del libro para ir abriendo boca.

 

     Mark Twain contra Jane Austen: «Cada vez que leo Orgullo y prejuicio me entran ganas de desenterrarla y golpearle el cráneo con su propia tibia»

 

     Ezra Pound contra Chesterton: «Chesterton es como la vil capa de escoria de un estanque... En mi opinión crea un entorno donde el arte es imposible»

 

     Onetti contra Cortázar: «Él siempre se mostró como un hombre muy humilde, muy desinteresado, pero nada. Era de una vanidad tremenda»

 

     Vicente Huidobro contra García Lorca: «Es un poeta mediocre. Para mí no tiene ningún interés. En general, los poetas españoles carecen de imaginación y de inteligencia poética»

 

     Gil de Biedma contra Blas de Otero: «Este hombre es el varón de dolores, no hace más que llorar por España a todas horas»

 

     Gil de Biedma contra Ezra Pound: «Su edad mental es de 15 años»

 

     Juan Benet contra Benito Pérez Galdós: «Cambiaría toda la obra de Galdós por una página de Stevenson»

 

     Lord Byron contra Keats: «Aquí tienen la poesía infantil de Johnny Keats. Ya basta de Keats, yo les suplico; despelléjenle vivo. Si no lo hacen ustedes no me quedará más remedio que desollarle yo mismo. No hay forma de soportar la idiotez y la necedad de ese maniquí»

 

     Joseph Conrad contra Rimbaud: «No entiendo ni jota de Rimbaud»

 

     Umbral contra los escritores del exilio: «Les habíamos limpiado la casa mientras ellos cobraban en dólares sus clases americanas» y «una buena página de Cela vale por casi todo el exilio»

Jueves, 03 de Diciembre de 2009 21:04. # Esta piedra. Ex libris Hay 4 comentarios.


Manifiesto en defensa de los derechos fundamentales de Internet

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     En Om & Asociados me he topado con el manifiesto que reza el título de la entrada. Soy bastante escéptico con respecto a la utilidad de las quejas por parte de los usuarios, bastante negativo en cuanto al reconocimiento del poder limitado del individuo ante el monstruoso poder de la ilimitada institución o industria. Sin embargo, mediante el uso de redes sociales el usuario puede cómoda y rápidamente sentirse unido desde el confort de su hogar, lo que hace que esta herramienta sea tremendamente útil para mostrar conformidad o disconformidad con los asuntos más variados, como a demostrado con todo este tema la plataforma Facebook.

 

     He sabido por las noticias que este manifiesto ha surgido a partir de una reunión de Ángeles González-Sinde, Ministra de Cultura, con representantes del sector de Internet ―emprendedores, blogueros, analistas y periodistas―. En esta reunión González-Sinde se mostró poco clara en el hecho de si pretende imitar el modelo francés en cuanto al uso de Internet, posibilitando al gobierno para cerrar sitios web o para cortar conexiones sin la necesidad de que un juez dé su visto bueno. La propuesta de esos mismos representantes fue este manifiesto, que ha corrido por Internet como reguero de pólvora. El PP por supuesto ha exigido rápidamente la dimisión de González-Sinde, que además se ha visto bastante perjudicada por el hecho de que Zapatero haya confirmado que el gobierno no cerrará en ningún caso páginas web. María Teresa Fernández de la Vega ha intentado suavizar las declaraciones de Zapatero, afirmando que en ningún caso contradicen a las de González-Sinde, pero es evidente que sí existe esa contracción. En cualquier caso, es preferible que González-Sinde dimita, porque ha demostrado ser un eslabón muy débil y no estar a la altura de las circunstancias; y el PSOE, por su parte, debería replantearse su política cultural. Cuando dos derechos entran en conflicto, en este caso el derecho de autor y el de la libertad de expresión y de circulación de la cultura, nunca debe sobreponerse uno al otro, sino que hay que intentar conciliarlos, replanteándose los puntos de vista obsoletos.

 

     A pesar de creo que se ha exagerado el tema, que ciertos sectores se han encargado de darle el bombo necesario para perjudicar a sabiendas, a pesar de que el presidente mismo ha declarado que el gobierno no va a cerrar páginas ni a tomar determinadas actuaciones, quiero poner el manifiesto para expresar el inconformismo que me produce la política que el Ministerio de Cultura ha decidido tomar en lo que refiere al tema de Internet y de los derechos de autor.

 

     Si están de acuerdo basta simplemente con darle un poco de publicidad. Les pongo aquí el manifiesto directamente:

 

 

 

     Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…

 

1.      Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.

2.      La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.

3.      La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.

4.      La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.

5.      Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.

6.      Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.

7.      Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.

8.      Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.

9.      Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.

10.  En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

 

     Este manifiesto, elaborado de forma conjunta por varios autores, es de todos y de ninguno. Si quieres sumarte a él, difúndelo por Internet.

Viernes, 04 de Diciembre de 2009 20:02. # Esta piedra. In continenti Hay 1 comentario.


Biblos, superhéroe de biblioteca

     Cualquier iniciativa destinada a fomentar la lectura entre los más jóvenes es algo digno de ser aplaudido, más todavía en nuestros días, en los que esto no es nada fácil, sin caer en clichés que de sobra han demostrado ser completamente inútiles. En este sentido, se ha presentado en la Biblioteca Pública de Huelva un cómic titulado Biblos, superhéroe de biblioteca, en el que un peculiar superhéroe tendrá que enfrentarse a situaciones y aventuras relacionadas con el mundo de los libros y concretamente situadas en un entorno tan cercano a los lectores como es la biblioteca. El objetivo principal, al fin y al cabo, es acercar a los niños las posibilidades que existen en un espacio como la biblioteca, al tiempo que se les inculca el valor por la lectura y por los libros. Así es como encontraremos a Biblos, ayudado por los dos jóvenes aprendices de superhéroe Marcapáginas y Surferbook, enfrentándose a las fechorías del Doctor Errata.

 

     Todavía no he podido ver el cómic, pero lo que me parece una pena es que el dibujo no esté más trabajado. Esperemos que al menos pueda compensarse con un guión mínimamente sólido y eficaz que cumpla con las expectativas de fomentar la lectura.

Jueves, 10 de Diciembre de 2009 20:40. # Esta piedra. Ex libris Hay 7 comentarios.


El quimérico inquilino, de Roland Topor

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El quimérico inquilino de Roland Topor

     Roland Topor es uno de esos injustamente desconocidos escritores con una obra grandiosamente desconocida. Para encuadrarlo basta saber que fundó junto con Fernando Arrabal y Alejandro Jorodowsky ―el de la espléndida Fando y Lis― un movimiento de vanguardias denominado «Grupo Pánico», volcado sobre todo en el teatro, con influencias fuertemente surrealistas y del absurdo. Hijos de la patafísica, este polifacético artista francés, ilustrador, pintor, escritor o cineasta, llegó a elaborar los decorados de Ubú rey para el teatro nacional de Chaillot en París. A pesar del interés que pueda tener la obra de Topor, su novelística ha pasado a la historia fundamentalmente por la soberbia adaptación que Roman Polanski hiciera de El quimérico inquilino en 1976.

 

     El argumento del que parte Topor es en principio de lo más normal: Trelkovsky es un tipo más bien mediocre con un carácter débil y complaciente que se ve obligado por las circunstancias a buscar nuevo apartamento, lo que le lleva a alquilar uno situado en la calle Pyrénées. El único inconveniente es que unos días antes la antigua inquilina, Simone Choule, se ha intentado suicidar arrojándose por la ventana. Trelkovsky irá a visitar a Simone Choule al hospital, protagonizando uno de los episodios claves de la novela, cuando la antigua inquilina, absolutamente destrozada, parece perder por completo la razón cuando grita al oír su nombre. Pocos días después morirá y Trelkovsky se trasladará al nuevo apartamento.

 

     La degeneración psicológica de Trelkovsky comienza al aceptar las intransigentes normas del propietario del inmueble, el señor Zy, que le prohibe terminantemente hacer cualquier tipo de ruido o subir compañía. En la fiesta de inauguración Trelkovsky violará las dos normas, comenzando así una espiral de obsesiones que desembocará irremediablemente en la locura. Poco a poco las precauciones que va tomando para no hacer ruido van dominando su vida: pronto se sentirá permanentemente vigilado, constantemente sometido a juicio por todos sus vecinos, y reprobado cuando su conducta se desvía un ápice de las normas. Esta obsesión llevará a Trelvosky a plantearse qué pensarán sus vecinos ante cada pequeño gesto y lo confinarán en su apartamento, alejándolo de forma tajante del trato humano. De alguna manera, el asco y el odio que siente hacia sus vecinos se proyectan sobre el conjunto de la raza humana, que llegará a ver a todos los que le rodean como monstruos amenazantes: «Rostros con los grandes ojos desorbitados de los sapos, rostros secos y afilados de hombres agriados, caras anchas y fofas de bebés monstruosos, cuellos de toro, narices de pez, labios leporinos. Si entornaba los ojos podía imaginar que se trataba de un solo rostro que se transformaba poco a poco. Trelkovsky se sorprendió de encontrar caras tan extrañas. Marcianos, todos eran marcianos». Finalmente él mismo se reconoce como un miembro más de ese monstruoso género.

 

     Se podrá definir El quimérico inquilino en pocas palabras como el camino de un hombre normal hacia el infierno de la locura. Lo sorprendente de esta trayectoria es que el lector acompaña a su protagonista casi paso a paso. Y Trelkovsky va perdiendo la cabeza de una manera tan sutil que casi se siente enloquecer con él. Las reacciones de Trelkovsky no pueden ser más verosímiles: nunca deja de tener los pies en el suelo, nunca deja de mirar a la realidad y a la cordura, trata de racionalizar todo el sinsentido de contemplan sus ojos, tal y como haría cualquiera en su lugar. Pero la lección que Topor pretende transmitir es mucho más devastadora: lo que sostiene al hombre en la cordura es un fino hilo que puede romperse en cualquier momento. El proceso que dará paso a la más absoluta demencia no tiene freno. Trelkovsky pronto empieza a intuir extrañas confabulaciones con el objetivo de destruirle. Con una mezcla de frustración y odio esta es la reacción que tiene cuando un vecino golpea su techo al caérsele un objeto al suelo y formar un pequeño estrépito: «Lleno de amargura, Trelkovsky se echó en la cama, decidido a no hacer el menor movimiento el resto de la noche para no proporcionarles el placer de un pretexto. Llamaron a la puerta. ¡Eran ellos! Trelkovsky maldijo el pánico que le invadía. Escuchaba los latidos de su corazón, que hacían ecos a los golpes que provenían de la puerta. Pero tenía que hacer algo. Una oleada de injurias e imprecaciones brotó de su boca».

 

     En este paso a la locura, en este descenso a los infiernos, el surrealismo juega un papel fundamental. Lo extraordinario penetra en lo cotidiano y Trelkovsky comienza a ver pequeñas cosas y sucesos extraños sin aparente importancia a su alrededor: «el inmueble era escenario de extraños fenómenos a los que dedicaba horas de observación. Trataba en vano de comprenderlos. Seguramente concedía demasiada importancia a pequeños sucesos anodinos desprovistos de significado». Pero el elemento que finalmente abre las puertas de la realidad de par en par al surrealismo es el delirio de la fiebre. Este delirio hace que la realidad se transforme, que el espacio se vuelva minúsculo, que los elementos más cotidianos se vuelvan amenazadores. Estas visiones se van acentuando con fuerza, hasta culminar prácticamente en el absurdo y el despropósito. Trelkovsky, llevado ya por la paranoia de la locura, reinterpretará la realidad, siempre desde el punto de vista de su perturbada razón. La imagen que quizá se corresponda más con la situación descrita por Topor en El quimérico inquilino es la de la parte del infierno de El jardín de las delicias del Bosco o con algunos de los cuadros de las tentaciones de San Antonio, manifestaciones del surrealismo más tenebroso.

 

     Uno de los elementos más importantes en esta contaminación de surrealismo por parte de la realidad es el mundo de lo onírico. La descripción de sueños es un procedimiento recurrente en la novela que contribuye a desdibujar los límites entre sueño y realidad, sobre todo por cuanto la pesadilla, que es la forma de sueño que aparece, repercute y transforma la realidad. Es habitual que cuando Trelkovsky se despierta de una pesadilla el mundo real sea tan amenazador como el del sueño. De hecho, esta importancia del sueño en la novela permite relacionar la novela con un viejo texto recogido por Borges en su Antología de la literatura fantástica, el conocido «Sueño infinito de Pao Yu», de Sueño en el aposento rojo. Este texto señala y dialoga de forma evidente con la novela de Topor.

 

     Además del sueño, en el «Sueño infinito de Pao Yu» aparece también el doble y el tiempo circular que permite alargar la lectura hasta el infinito. Aunque en El quimérico inquilino el doble es algo que no se plantea hasta el final, a lo largo de toda la novela está presente la reflexión sobre la propia personalidad. A medida que Trelkovsky va cediendo a la locura su carácter va cambiando radicalmente, como una especie de sacrificio para ganarse el respeto de sus vecinos: «En adelante intentó evitar a sus amigos. No quería que su presencia les disparara la imaginación. Si se mantenía a distancia, se calmaría. Ya no salía apenas. Disfrutaba de las veladas que pasaba tranquilamente en casa, sin ruido. Pensaba que serían como pruebas de buena fe para los vecinos». Esa modificación en el carácter de Trelkovsky va acompañada de una progresiva identificación con la personalidad de la antigua inquilina, su gusto por las novelas históricas, por el chocolate en lugar del café, por ir con zapatillas y bata por el apartamento. Después de aparecer una mañana maquillado como una mujer llega a la conclusión de que sus vecinos están tratando de transformarle en Simone Choule, lo que implica también su trágico final al arrojarse ―o ser arrojado― por la ventana del apartamento.

 

     La transformación en Simone Choule se consuma definitivamente en el último capítulo, con un final que tiene mucho del «Sueño infinito de Pao Yu». El tiempo cíclico ya había sido intuido por Trelkovsky, que llega a preguntarse desde cuándo puede estar produciéndose la misma historia en su apartamento, cuántos inquilinos más han repetido el fatal desenlace de Simone Choule. Esa circularidad del tiempo, como en la historia de Pao Yu, hace que la historia se prolongue hasta el infinito. Trelkovsky, condenado a los infiernos, a vivir una y otra vez su castigo, se relaciona con otros personajes míticos también de destino absurdo e infinito, como Tántalo o Sísifo.

 

     La única válvula de escape a todo este infierno es también un viejo amigo del surrealismo: el humor en su vertiente más negra. Arrabal había dicho sobre el humor en el prólogo que hace del libro que «es el puente que se tiende entre la realidad cotidiana y el sueño maravilloso, el horror y la risa, y es el lugar, totalmente libre, en el que las cosas adquieren la forma de nuestros deseos». Este humor, que recuerda al propio Arrabal o a Samuel Beckett, tiende a ridiculizar a los personajes, sobre todo al protagonista. Cae con facilidad en lo escatológico, como por ejemplo cuando Trelkovsky desea hablar con Stella tras su primer encuentro pero siente que necesita ir urgentemente al baño, o cuando va por la calle tirándose pedos a cada paso. Su objetivo no es el de suavizar la dureza de la novela sino el de dejar un sabor de boca, más amargo si cabe, en el lector.

 

     Como decía al principio, una obra grandiosamente desconocida. Es una pena que la obra de Topor no esté más extendida. A Arrabal se le conoce, más por aspectos ajenos a la literatura que por su propia obra, pero Topor continúa en la sombra, a pesar de que tocó todas las artes y en todas ellas supo imprimir su carácter peculiar y su sello personal. Muy recomendable El quimérico inquilino para todos los amantes del buen surrealismo y del terror psicológico. Una obra de lectura obligada, una entrada por la puerta grande a la obra de uno de los grandes genios de la literatura de la segunda mitad del siglo XX.

 

 

 

     Este libro es una carta de póker

Viernes, 11 de Diciembre de 2009 16:09. # Esta piedra. Ex libris Hay 6 comentarios.


Reto 2009 cumplido

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     Al igual que el año pasado  Meribelgica ha propuesto un reto libresco para todo el año 2009. En este caso el reto se ha planteado como una partida de póker, en la que las cartas, por supuesto, son sustituidas por libros. El año pasado con el Reto 2008 se me echó el tiempo encima y tuve un mes de diciembre cargado de lecturas; este año, sin embargo, he sido más previsor, y he empezado a leer libros desde el momento en el que apareció el reto.

 

     La forma en que se formuló el reto permitía una mayor libertad también a la hora de elegir las lecturas, porque en realidad cada una de las jugadas posibles equivalía a un minirreto. Libros relacionados con los puntos cardinales, con los elementos, con los géneros literarios, con los pecados capitales, o sencillamente recomendados por otros lectores y participantes del reto.

 

     Una vez más, repasando el reto, celebro algunos de los descubrimientos que he hecho, pero sobre todo, me alegro de que haya supuesto el empujón que me ha lanzado por fin a leer algunos libros que tenía pendientes desde hacía tiempo. Los libros que más me han gustado han sido Ensayo sobre la ceguera ¯y es que Saramago es siempre una garantía¯, Fahrenheit 451, La escafandra y la mariposa de Jean-Dominique Bauby, La carretera de Cormac McCarthy, La isla del tesoro y El quimérico inquilino de Roland Topor. Los libros que no han estado para nada a la altura de mis expectativas han sido Juegos de la edad tardía, Niebla de Unamuno o Firmin de Sam Savage. La gran decepción ha sido sin duda Michel Houellebecq, con el que me ha pasado algo parecido a lo que me pasó en su momento con Milan Kundera.

 

     Aquí les dejo la lista de los libros que he utilizado para el Reto 2009. Si alguien quiere ver la valoración que hago de cada libro que acceda a mi página del Reto 2009.

 

     Escalera RETO

R: La llave de Sarah, Tatiana de Rosnay

E: Como agua para chocolate, Laura Esquivel

T: El quimérico inquilino, Roland Topor

O: Estudios sobre el amor, José Ortega y Gasset

Comodín: La luz prodigiosa, Fernando Marías

 

     Escalera Puntos Cardinales

Norte: Diario, Ana Frank

Sur: El amor en los tiempos del cólera, Gabriel García Márquez

Este: El embrujo de Shanghai, Juan Marsé

Oeste: Ensayo sobre la ceguera, José Saramago

Comodín: El niño con el pijama de rayas, John Boyne

 

     Escalera Elementos

Agua: El viejo y el mar, Ernest Hemingway

Aire: La conquista del aire, Belén Gopegui

Tierra: Viaje al centro de la tierra, Julio Verne

Fuego: Fahrenheit 451, Ray Bradbury

Comodín: La escafandra y la mariposa, Jean-Dominique Bauby

 

     Escalera Géneros

Narrativa: Juegos de la edad tardía, Luis Landero

Poesía: Eros es más, Juan Antonio González-Iglesias

Teatro: Bajarse al moro, José Luis Alonso de Santos

Ensayo: El defensor, Pedro Salinas

Comodín: Niebla, Miguel de Unamuno

 

     Escalera de Pecados

Lujuria: Las partículas elementales, Michel Houellebecq

Gula: Biografía del hambre, Amélie Nothomb

Avaricia: El oro de los sueños, José María Merino

Pereza: Ampliación del campo de batalla, Michel Houellebecq

Ira: Guerra Mundial Z, Max Brooks

Envidia: El mundo es un pañuelo, David Lodge

Soberbia: Manual de literatura para caníbales, Rafael Reig

 

     Escalera de Recomendaciones

Recomendación 1: Maus, Art Spiegelman

Recomendación 2: La isla del tesoro, Robert Louis Stevenson

Recomendación 3: La carretera, Cormac McCarthy

Recomendación 4: Firmin, Sam Savage

Recomendación 5: Seis personajes en busca de autor, Luigi Pirandello

Recomendación 6: Cómo hablar de los libros que no se han leído, Pierre Bayard

Recomendación 7: Apocalipsis Z, Manuel Loureiro

Martes, 15 de Diciembre de 2009 00:00. # Esta piedra. Ex libris Hay 6 comentarios.


Django Reinhardt, el gitano belga

     Conocer la vida de Django Reinhardt supone amar todavía más la música de Django Reinhardt. La primera vez que escuché al gitano belga fue en ese sublime homenaje al  jazz y al swing que es Acordes y desacuerdos de Woody Allen, una película en la que Sean Penn interpreta a un guitarrista magistral, bohemio, pendenciero, arrogante y mujeriego, que sin embargo no podía evitar emocionarse con la música del maestro. Django Reinhardt, Jean-Baptiste, llamado Django por su tribu de gitanos, nacido en un carromato y criado en cantos y bailes populares, sublime guitarrista, el más grande guitarrista de jazz, aún con dos dedos menos en su mano izquierda, o precisamente por eso. Su clave fue fusionar el swing con los ritmos folklóricos gitanos ―y versionando música clásica―, formando una melodía cálida y contagiosa. De él Jean Cocteau escribió: «Django muerto, es como una de esas fieras apacibles que se mueren en su jaula. Vivió como uno sueña vivir: en un carromato, seguía siendo un carromato. Su alma era itinerante y santa. Y sus ritmos le pertenecían como las rayas pertenecen al tigre, como la luz que irradiaba y como sus bigotes. Los llevaba en la piel…»

 

     Les dejo una de sus piezas más populares, «Minor Swing», sobre todo a raíz de un anuncio que se ha emitido últimamente por televisión. Su disco más importante, y prácticamente imprescindible, es Djangologie, con varios volúmenes.

Jueves, 17 de Diciembre de 2009 17:45. # Esta piedra. De auditu Hay 1 comentario.


El regreso de Aminatou Haidar

     No hace mucho que Aminatou Haidar volvió a Marruecos. Su estado físico era lamentable, después de poco más de un mes en penosas condiciones. Los médicos, sin embargo, dieron su visto bueno para que el viaje se produjera lo antes posible ―como si su regreso equivaliera a quitarse un problema de encima―.

 

     No, Aminatou no estaba en buenas condiciones. El viaje en patera la había dejado exhausta. Y al llegar a España el panorama no era ni mucho menos el que le habían vendido: un mes ocultándose, moviéndose a hurtadillas, con el miedo de ser localizada, de ser reconocida, de que algún policía la parara y le pidiera los papeles que no tenía, descubriendo así que había entrado en España ilegalmente. Porque viajar en patera, arriesgar su vida en una embarcación casi de papel, exponerse a acabar ahogada en algún punto del mar Mediterráneo, es algo que sólo pueden saber aquellos que han conocido de verdad la desesperación. Por no hablar de su estado psicológico: perder en el viaje a su marido y a su hijo de quince años, dejar en Marruecos a un hijo de seis años con la promesa infructuosa del futuro mejor, o llegar a un país desconocido, acompañada de un puñado de famélicos desconocidos, que sólo comparten con ella el dolor de la pérdida y del desarraigo. No conocer el idioma y tener que huir, no rendirse jamás. Tanto esfuerzo, tanto sacrificio y tanto dolor para que al final un pastor la denuncie y acabe en manos de un par de guardias civiles.

 

     Efectivamente, la Aminatou Haidar de la que habla este relato no es la activista saharaui conocida internacionalmente. Nadie, aparte de un par de funcionarios de aduanas, sabe cuál es su nombre en España, y aún ellos no han podido evitar la extraña sensación de que aquella mujer anónima tenía el mismo nombre de otra que había aparecido en las noticias de todo el mundo. Su trágica historia nunca aparecerá en las noticias, más allá de la simple cifra estadística anual. Su cara no aparecerá en carteles ni en camisetas con frases reivindicativas. Ningún político reconocido internacionalmente moverá un dedo por ella, la ONU no se planteará jamás si su situación crea un conflicto humanitario. No habrá intelectuales que escriban manifiestos a favor de ella, ni se crearán plataformas que se movilicen por sus derechos. No representará jamás un problema ni para España ni para Marruecos, por lo que el funcionario de turno no vendrá jamás a ofrecerle la nacionalidad. Nunca se convertirá en un símbolo de la libertad, ni siquiera de la injusticia o de los derechos humanitarios.

 

     De hecho, la única coincidencia entre nuestra Aminatou Haidar y la famosa activista, aparte del país de origen, es el nombre. Nunca ha luchado por los derechos de su pueblo ni por la libertad del Sahara. Si acaso ha pretendido mejorar la situación precaria de su familia, de sus padres, de sus hermanos, de su marido o de sus hijos. No por eso se le puede acusar de egoísmo, como mucho, de supervivencia.

 

     Pero la diferencia que más llama la atención entre las dos Aminatous es que una deseaba con todas sus fuerzas quedarse en España y la otra volver a su país. Lo verdaderamente curioso es que un mismo final, un idéntico titular, recoja dos historias tan distintas.

Domingo, 20 de Diciembre de 2009 22:16. # Esta piedra. Sui generis Hay 1 comentario.


Ya no me encontraron

     En 1931 Lorca escribiría Así que pasen cinco años, uno de sus dramas tradicionalmente clasificados como irrepresentables, debido al carácter fuertemente simbólico y surrealista de la trama. Al final de esta obra, que gira en torno al miedo a la muerte, el joven protagonista es asesinado de un disparo. Cinco años después Lorca moría asesinado de un disparo, cerrando una especie de ciclo premonitorio que se abre con el título de este drama.

 

     Ahora, 78 años después, el poder profético de Lorca sigue conmocionando al mundo. Saber que iban a excavar en la fosa de Alfacar me produjo un sentimiento cruzado. Pero con la noticia de que los restos de Lorca no están en la fosa ―muy a pesar de Ian Gibson― se me han puesto los vellos de punta al recordar unos versos de Poeta en Nueva York, concretamente el final del poema «Fábula y rueda de los tres amigos». E incluso alguno habrá creído que ficciones como las de Fernando Marías en La luz prodigiosa son reales.

 

     Aquí les dejo el trozo en cuestión. Personalmente no puedo comentar más, esta vez me he quedado sin palabras.

 

 

[…] Cuando se hundieron las formas puras

bajo el cri cri de las margaritas,

comprendí que me habían asesinado.

Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias,

abrieron los toneles y los armarios,

destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro.

Ya no me encontraron.

¿No me encontraron?

No. No me encontraron.

Pero se supo que la sexta luna huyó torrente arriba,

y que el mar recordó ¡de pronto!

los nombres de todos sus ahogados.

 

     Federico García Lorca, Poeta en Nueva York

Lunes, 21 de Diciembre de 2009 23:15. # Esta piedra. Ut pictura poesis Hay 3 comentarios.


«Otra historia navideña», de José María Merino

     Lo cierto es que a la hora de escribir «El regreso de Aminatou Haidar», a medio camino entre el relato de ficción y la noticia periodística, se han conjugado dos circunstancias: las fechas navideñas y la historia de Aminatou Haidar, que a un pelo ha estado de acabar de forma trágica durante varios días. Se supone que en esta época del año se nos llena el corazón de buenos deseos y de valores humanos, como los que ha podido tener el gobierno de Marruecos al aceptar el retorno de la activista sin concesiones. O eso, o ha tenido que ceder para evitar la presión internacional, y sobre todo la de la ONU, porque la cuestión iba más allá del conflicto entre España Y Marruecos.

 

     Esta historia, en estas fechas precisamente, me ha traído a la memoria un microrrelato de Días imaginarios de José María Merino que releo cada cierto tiempo porque me encanta. El breve relato de Merino, titulado «Otra historia navideña», es muy propicio para reflexionar sobre la supuesta bondad de estas fechas. Tengo que admitir que me he basado parcialmente en él para escribir mi historia, pero Merino tiene la facultad de decir más y mejor que yo en menos palabras.

 

     El artificio de Merino es sencillo pero efectivo: actualizar a nuestros días la que quizá sea la historia más conocida e importante del mundo ―y más todavía en estas fechas―. El resultado es desgarrador. Aunque nadie quiso alojar a José y a María para que pudiera dar a luz, un posadero le ofreció un establo y los pastores de la zona se acercaron siguiendo el rastro de la Estrella de Oriente para traerle obsequios. Hoy en día no habría estrella, quizá por la contaminación, y seguramente ni un establo le hubieran ofrecido a un José y a una María que no eran bienvenidos en Belén. La situación que Merino plantea en su microrrelato es más habitual de lo que parece, pero el paralelismo que realiza la singulariza y universaliza, dándole una dimensión que va más allá de lo puramente anecdótico.

 

     No quisiera dejar un mal sabor de boca en estas fiestas. Que el texto de Merino sirva antes que para el pesimismo para la reflexión. Las injusticias no acaban ni el mundo se detiene porque sea Navidad.

 

 

     Entre los inmigrantes que habían arribado ilegalmente en la embarcación figuraban también dos subsaharianos, un hombre y una mujer en avanzado estado de gestación. Los agentes que suscriben siguieron su rastro por la rambla de Cala Carbón, desde la playa hasta unos antiguos establos que se encuentran unos cien metros al norte de la carretera del faro. Cuando los agentes llegaron, ya se había producido el alumbramiento. Unos pastores que tienen sus rebaños en la zona habían prestado auxilio a los dos subsaharianos, que presentan síntomas de agotamiento y deshidratación. El niño ha muerto.

 

     José María Merino, Días imaginarios

Martes, 22 de Diciembre de 2009 18:01. # Esta piedra. Ex libris Hay 2 comentarios.


Propósitos del 2010

     En orden arbitrario:

 

La espuma de los días de Boris Vian

La conjura de los necios de John Keennedy Toole

Océano mar de Alessandro Baricco

El almuerzo desnudo de William Burroughs

Lo bello y lo siniestro de Eugenio Trías

Celestino antes del alba de Reinaldo Arenas

El circo del Dr. Lao de Charles G. Finney

Lolita de Vladimir Nabokov

Oh Jerusalem de Dominique Lapierre y Larry Collins

La poesía posmoderna de Luis Alberto de Cuenca de Javier Letrán

Jueves, 31 de Diciembre de 2009 10:51. # Esta piedra. Ex libris Hay 3 comentarios.






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