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DEDICADO A ROSA... «Maestro, quíteme la piedra, me llamo Lubbert Das.» El Bosco
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Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2010. Omar Jayyam, Borges y PerdidosDesde hace unos cuatro años soy algo más que un seguidor incondicional de Perdidos. Más que eso, estoy absolutamente obsesionado con esta serie que posiblemente sea la mejor que se haya hecho jamás. Cuatro años en los que no le he dedicado ni una sola palabra. Sin embargo, al ver el anuncio que Cuatro ha lanzado para promocionar la sexta y última temporada no puedo dejar de comentarlo, por lo menos desde un punto de vista más personal que estético.
La primera vez que vi esta joya del lenguaje publicitario, con canción de Radiohead («Everything in it’s right place») y una cuidadísima selección de imágenes, me pareció de lo más borgiano que había visto nunca en televisión. Y efectivamente no me equivoqué. El texto pertenece a un poema de Omar Jayyam, uno de los sabios más importante entre los siglos XI y XII, además de poeta.
Pues bien, Borges hace numerosas referencias a Omar ―otro Borges a su manera― a lo largo de toda su obra. Aunque la que me vino a la cabeza al ver el anuncio era una muy concreta. En el segundo soneto del poema «Ajedrez» Borges hace una mención directa a Omar y a un pasaje concreto de su poema cuando dice «También el jugador es prisionero / (la sentencia es de Omar) de otro tablero / de negras noches y blancos días». Además, el sentido de ambos poemas es similar: existe algo superior a Dios, bien un destino en el caso de Omar, bien otro Dios que empieza la trama en el de Borges.
No es la primera vez que se hace una referencia indirectamente borgiana. Célebre es ya la escena en la que Sawyer, uno de los protagonistas y el gran lector de la serie, aparece con La invención de Morel de Bioy Casares en las manos. Un guiño que enlaza dos tramas, ambas aparentemente inexplicables, pero que tanto Borges en su prólogo a Bioy Casares como los guionistas de Perdidos han confirmado que se resuelven de forma lógica. Fantástica pero lógica.
Enigmas insolubles y chestertonianos, laberintos, metafísicas del tiempo o dobles son algunos de los temas recurrentes en esta serie que estoy seguro de que hubiera hecho las delicias de Borges si la hubiera conocido.
En fin, la partida acaba para todos aquellos que alguna vez perdimos la cabeza por Perdidos. La vida ya no será la misma. Martes, 02 de Febrero de 2010 16:44. # Esta piedra. Nihil humani a me alieno puto Hay 9 comentarios. Fernando Vicente, retratos de escritores![]() Caricatura de Fernando Vicente aparecida en Babelia No sé si el nombre de Fernando Vicente les sonará, pero estoy seguro de que si frecuentan El País sus inconfundibles ilustraciones sí las habrán visto, generalmente en «La cuarta página» o en el suplemento cultural Babelia. Gracias a mi amiga Kirye descubro que este brillante y prolífico ilustrador tiene un blog dedicado a retratos caricaturizados de escritores. Después de echarle un vistazo rápido me ha parecido una maravilla que no puedo dejar de mostrarles. Espero que lo disfruten. Las lágrimas del sol, de José María Merino![]() Las lágrimas del sol de José María Merino Con esta novela José María Merino cierra las Crónicas mestizas, una trilogía que se compone además de El oro de los sueños y de La tierra del tiempo perdido. Las lágrimas del sol es una obra que consigue dar coherencia y unidad a todo el conjunto, a través de una progresión temática que gravita permanentemente en torno a la implacable avaricia y a sus distintas variantes. E invariablemente el resultado de esa avaricia es una concepción hobbesiana del hombre, como lobo para el propio hombre. El contexto histórico de la novela, del ciclo completo, es la conquista y colonización de las Américas, y sin embargo no puede ser más actual, de universal que es la maldad humana nacida de la codicia.
A lo largo del libro Miguel, su joven protagonista, tiene que enfrentarse a ese paisaje devastado por la codicia del oro. Esta es la descripción que hace un fraile del Perú del momento: «Por encontrar esos tesoros escondidos que decís se torturó sin piedad a centenares de pobres indios y se quemó a muchos vivos. Esas pesquisas llevan siempre consigo muerte de personas, profanación de tumbas y destrucción de viviendas». Más adelante Miguel tendrá la oportunidad de ver con sus propios ojos que las palabras del fraile quedaron escasas para tanta crueldad humana. No es simplemente el deseo del oro lo que hace que soldados cristianos torturen y asesinen a mujeres o a niños indefensos. Es como si hubieran entrado en una espiral de violencia que no tuviera salida: matar por matar, con placer de ver el sufrimiento, que es algo que también se había visto en algún capitán cristiano de La tierra del tiempo perdido.
La violencia ha ido evolucionando a lo largo de la trilogía. En El oro de los sueños el enfrentamiento se producía entre unos soldados cristianos sedientos de oro y unas tribus de indios ya no tan inocentes, de vuelta de la “civilización” europea. La tierra del tiempo perdido sirvió a Merino para centrar la violencia en los ejércitos cristianos. En Las lágrimas del sol los indios casi pasan a un segundo plano, su tiempo ya ha pasado y son masacrados. Es decir, la batalla, curiosamente, no se produce entre cristianos e indios, sino entre cristianos y cristianos ―los indios incluso puede llegar a aliarse con cristianos contra otros cristianos―. La primera parte de Las lágrimas del sol, titulada «La guerra entre hermanos», está precisamente elaborada para mostrar la barbarie de la supuesta civilización cristiana. Es imposible dejar de hacer la referencia cainita a un pasado desgraciadamente nada lejano.
Tal vez sea la contemplación de toda esa barbarie, pero lo cierto es que todas aquellas ansias de aventuras que tenía Miguel, todo el entusiasmo que mostraba al comenzar los dos libros anteriores, se ha tornado en apatía y en cierto desengaño. Nada más empezar Las lágrimas del sol Miguel está tratando de volver definitivamente a su tierra para despedirse para siempre de las aventuras. En sus deseos de volver llega incluso a soñar que está de vuelta y el sentimiento que le produce este sueño es absolutamente contradictorio: «¡y qué profundo alivio sentía de verme allí, y a la vez una gran decepción al pensar que aquella era la realidad, y mis viajes y aventuras sólo el producto de un sueño!». Es precisamente nostalgia de aventuras lo que siente cuando ve aparecer el barco en que llegan doña Ana de Valera y Gil. Las aventuras que doña Ana propone a Miguel son una especie de fatalidad a la que se ve casi arrojado a causa de su sangre española, a causa de ser hijo del sol.
Este contradictorio deseo de permanecer y de viajar, que no es sino una confirmación de su mestizaje, y al cabo, una derivación lógica de su maduración. Al empezar El oro de los sueños Miguel era un niño, pero en el final de Las lágrimas del sol Miguel ha entrado por derecho propio en el mundo de los adultos. No podía ser de otra manera después de tanto dolor y tanto sufrimiento, visto y vivido en sus propias carnes. El punto de inflexión que hace que Miguel abandone definitivamente la infancia es sin duda la muerte de su padrino. A pesar de lo cerca que Miguel había estado de la muerte en todas sus aventuras anteriores, no es hasta la muerte del padrino que experimenta la ausencia como dolor palpable: «no se trataba solamente de un sentimiento, sino de una sutil modificación en mi modo de entender las cosas del mundo, como la sustancia del tiempo, y una conciencia antes desconocida de que la vida se desarrolla entre una sucesión de pérdidas irreparables». Un poco más adelante se dará cuenta de haber perdido el consuelo de la inocencia y verá ese paso a la edad adulta como la cura de una herida dolorosa.
Ya en el territorio de los adultos Miguel tendrá que admitir que de alguna manera también ha gravitado en torno a la avaricia del oro. La búsqueda del tesoro de los Incas es una especie de entrega a esa avaricia, como finalmente reconoce a Lucía. Porque, al fin y al cabo, la sangre española también corre por las venas de Miguel. Su naturaleza india se manifiesta haciéndole repudiar las riquezas, mostrándole claramente que detrás del oro se encuentran lágrimas del sol, pero existe una fatalidad, hija de la sangre cristiana, que le lleva irremediablemente al oro, muy a su pesar ―«estábamos condenados a encontrar la gruta y el tesoro que contenía, con la fuerza irresistible que determina el cumplimiento de los destinos»―.
El acto de escribir, como en los dos libros anteriores, tiene un valor fundamental dentro del libro. Al hablar de La tierra del tiempo perdido ya hice referencia a la escritura salvadora, puesta de manifiesto por Luis Landero en Entrelíneas: El cuento o la vida al hablar de Las mil y una noches. En este caso no es un pirata el que decide salvar la vida de Miguel, pero igualmente se ve obligado a escribir su testimonio de los hechos vividos para demostrar su inocencia. De esta manera, Las lágrimas del sol se plantea como una especie de confesión o declaración exculpatoria, un evidente guiño al Lazarillo de Tormes. La importancia de la escritura reside en su carácter de fijar para siempre la contingencia de los hechos que pasan y se olvidan, como si todo muriera menos lo que queda por escrito.
La escritura es necesaria, no sólo para que el propio Miguel viva, congelado como personaje eternamente en las páginas de Merino, sino para que el testimonio de su época, que en el fondo lo es de todas las épocas, se mantenga siempre vivo en la memoria de los hombres, quizá con la esperanza de que en un futuro el hombre haga las cosas mejor. En palabras de Miguel, «los sucesos se van perdiendo conforme los hombres los viven, pero cuando se conservan por escrito su memoria veraz, adquieren un vigor nuevo y, carentes ya de sangre y de pasiones, se hacen, sin embargo, imperedeceros». El corazón de la tierra, de Juan Cobos Wilkins![]() El corazón de la tierra de Juan Cobos Wilkins Conocer escritores nuevos es una de esas delicias que la vida te depara a cualquier edad. No quiero decir que no conociera, ni mucho menos, a Juan Cobos Wilkins, colaborador habitual en prensa de tirada nacional y en suplementos culturales, entre ellos Babelia. Sin embargo, más allá de su faceta como periodista y crítico literario, lo cierto es que nada había leído ni en novela ni en poesía de este autor onubense. Han querido las circunstancias que un libro de Cobos Wilkins, El corazón de la tierra, cayera en mis manos por parte de un amigo y ni corto ni perezoso he decidido lanzarme además a su poesía con su Biografía impura, aunque eso ya es harina de otro costal.
Antes de hablar de esta novela onubense se me permitirá hacer un paréntesis contextual para aclarar los hechos históricos que se describen en la novela, unos acontecimientos que seguramente en Huelva son sobradamente conocidos, pero que quizá en el resto del mundo no lo sean tanto. La Rio Tinto Company Limited fue una empresa inglesa que entre 1873 y 1954 ejerció de adjudicataria en la explotación de los yacimientos mineros de Riotinto. La empresa había comprado las minas a la I República Española, salvando prácticamente al país de la bancarrota. Esta situación tuvo sus ventajas y sus inconvenientes. Por una parte se produjo un rápido crecimiento de la zona, con un considerable aumento de los puestos de trabajo y una importante industrialización. Pero la contrapartida no fue baladí. Riotinto pasó a convertirse en propiedad de la compañía, que ponía y disponía a sus anchas sin que el Estado pudiese intervenir, o más bien, haciendo la vista gorda porque al fin y al cabo era un negocio que beneficiaba a todos, menos a los trabajadores de las minas y a los habitantes de la zona.
Independientemente de la situación privilegiada que los ingleses tenían en Huelva y en Riotinto, formando una clase social aislada y elitista que menospreciaba a la clase trabajadora, el auténtico problema con la Rio Tinto Company surgió a raíz de las teleras. Las teleras se formaban a partir de las calcinaciones del cobre, lo que producía una enorme nube tóxica que asfixiaba literalmente a los habitantes de un espacio geográfico tan amplio que llegaba incluso a Portugal ―se estima que unas quinientas toneladas de humo al año aproximadamente―. Ante semejante problema de salubridad los ayuntamientos trataron de movilizarse pero el Estado hizo oídos sordos a favor de la gallina de los huevos de oro que era la Compañía. En 1988, llevados por la desesperación, los trabajadores iniciaron una huelga que acaba trágicamente ante el ayuntamiento de Huelva, cuando las tropas del General Pavía cargan durante quince minutos a tiros y bayonetazos contra los manifestantes. El número de muertos, unas pocas decenas según la prensa de la época, o más de dos centenares según estimaciones más actuales, no deja de ser incalculable. Aquel año sería conocido, ya para siempre, como el año de los tiros.
La novela de Juan Cobos Wilkins se basa de forma bastante fidedigna en este acontecimiento histórico, introduciendo además personajes reales de la época, que en la obra alcanzan una importancia considerable, como son Maximiliano Tornet ―el sindicalista que encabezó la huelga― o William Rich ―director de la Compañía y causante de la tragedia del año de los tiros―. Curiosamente entre ambos Cobos Wilkins establece un nexo de unión y de desunión que casi los eleva a la categoría de héroe y antihéroe, de original y de reflejo. Físicamente iguales, tanto que quienes los conocen se sorprenden de que no sean la misma persona, su carácter es antitético. El sindicalista cubano es entregado y visceral, dispuesto a luchar por lo que considera injusto; frente a él, el inglés es frío y racional, únicamente preocupado por que la Compañía obtenga los mayores beneficios, independientemente del coste humano que ello suponga.
Frente a estos dos personajes reales y masculinos, Cobos Wilkins deja caer todo el peso de la trama sobre otros dos personajes, ficticios y femeninos. Dos personajes, Blanca y Katherine, que representan, cada uno a su manera, cada uno de los mundos contrapuestos en Riotinto: el español y el inglés. Dos almas que, al fin y al cabo, son un curioso ejemplo de mestizaje, pues ambas han hecho importantes concesiones, unidas por John Francis White, el abuelo de Katherine. Tanto es así que la anciana no duda en ofrecer su casa a la visitante extranjera. Será el diálogo de estos dos personajes, convertidos casi en maestro y discípulo, lo que sostendrá la trama del libro y acabará desvelando con todos sus detalles la verdad que se esconde tras el año de los tiros y que tanto el gobierno español como las autoridades inglesas pretendieron ocultar al mundo. Ese secreto que John Francis White mencionó a su nieta, el motivo de que Katherine haya viajado para encontrarse con Blanca.
El personaje omnipresente en toda la novela no puede ser otro más que el propio espacio, las minas de Riotinto, Corta Atalaya. Ese espacio aparece mitificado desde la visión de una niña, la pequeña Katherine, a través de las historias de su abuelo, aparece como «ese lugar remoto y fascinante, fuera del tiempo y del espacio. Aunque real». No en vano se le llama a Riotinto «las Puertas del Infierno». White relataba sus historias, como si de Las mil y una noches se tratara, con relatos que a Katherine parecían superiores a las novelas de Dickens o de Verne, mezclando realidad y ficción, imaginación y hechos históricos, personajes inventados y verdaderos. Y uno de esos personajes, el protagonista quizá, es Blanca, apodada Hada por White. Katherine, al reencontrarse en carne y hueso con ese personaje de su infancia, queda conmocionada. La mezcla de realidad y ficción es, quizá, una de las características más notable de la novela de Cobos Wilkins, aunque al mismo tiempo es algo que suele ser habitual en la novela histórica, que tiende a ficcionalizar acontecimientos del pasado.
Lo mágico y maravilloso también tiene su espacio, aunque discreto, en la novela. El personaje de Maximiliano Mallofret está envuelto en un misterio y en un carisma que roza la maravilla, consiguiendo unir incluso a grupos políticos contrarios para luchar contra la Compañía, siendo capaz de «ilusonarlos, despertar y alentar su fe en el triunfo». Otro elemento mágico en la novela es la amiga invisible de Blanca, que es un personaje cuya existencia real desconoce el lector, aunque la propia Blanca, con ojos de adulta, confirma que verdaderamente existió como una entidad ajena a ella. Esta amiga invisible, Estrella, sorprende por dos motivos: hay otro personaje ―Rosita, la anarquista enana― que aparentemente parece verla y además sabe con certeza el desgraciado desenlace de la huelga el mismo día de la masacre. Katherine dice creer sin el menor atisbo de duda en Estrella: «Me habla de una amiga invisible, una niña llamada Estrella. Lo hace con tal convicción y naturalidad que no permite siquiera plantearse la mínima duda. No admite término medio: creer o no. Yo me he decidido rotundamente por el sí».
El estilo de El corazón de la tierra puede llegar a ser algo farragoso en ocasiones. Parece que Cobos Wilkins está demasiado interesado en aclararlo absolutamente todo y no dejar ningún cabo suelto. En la conversación entre Blanca y Katherine es frecuente el uso por parte de la anciana de expresiones castizas o de palabras que aluden a costumbres concretas de nuestro país. Blanca interrumpe constantemente la narración para dar explicaciones sobre todo aquello que considera que Katherine no conoce ―le enseña a hacer torrijas, por ejemplo―. Blanca llega a decirle a Katherine: «Ay, Katherine, hija, tampoco voy a estar explicándote palabra por palabra».
La novela de Cobos Wilkins, conocida sobre todo a partir de su versión cinematográfica, puede tener su valor como documento histórico, como denuncia de una situación injusta y como testimonio de los trágicos acontecimientos que en el momento se intentaron silenciar. Sin embargo, como novela deja que desear. La conversación entre Blanca y Katherine resulta demasiado artificial, no fluye con naturalidad. El halo de mitificación que envuelve todo el ambiente no es suficiente para mantener una trama que ambos personajes no pueden sostener con sus palabras. El personaje de John Francis White queda muy desdibujado, quizá Katherine sepa la verdad sobre aquellos acontecimientos que ocultó su abuelo, pero apenas se ofrecen más datos de interés más allá de que era un buen hombre. Pensemos que, después de todo, lo importante es que el lector, al igual que Katherine, sepa la verdad de lo ocurrido en 1888. Una pena que la narración no acompañe.
Ven a leer con Canal SurAún a riesgo de perder lectores tengo que confesar que seguía con no poco interés Negro sobre blanco de Sánchez Dragó. No sé si es que en tiempos de crisis cultural televisiva ―¿y cuándo no lo es?― uno se agarra a la primera tabla de salvación que pilla. Lo cierto es, todos lo sabemos, que los medios televisivos no son precisamente adalid de la cultura, en una sociedad en la que mandan las audiencias, reflejo más ecuánime del sentir general. Afortunadamente, en la televisión pública no está tan marcado el concepto de negocio y siempre es posible encontrar alguna propuesta interesante. Los domingos por la tarde uno de esos oasis culturales, curioso por reunir calidad y bastante tiempo de emisión, es El público lee de Jesús Vigorra. El formato del programa lo conocerán sobradamente: se invita a un escritor que haya publicado recientemente y a tres lectores que van desnudando los entresijos de la obra a través de diversas preguntas y de sus puntos de vista.
Desde hoy mismo y durante tres meses, hasta el 16 de mayo, El público lee adquiere una importancia central con la campaña «Ven a leer con Canal Sur». Ya que, según las estadísticas, sólo el 50 % de los andaluces son lectores, se pretende fomentar el hábito de la lectura, con una ambiciosa campaña en televisión y en radio. Los presentadores más conocidos y mediáticos de la cadena andaluza promocionarán la lectura a través de un sencillo concurso semanal. Dependiendo del escritor que esté invitado a El público lee harán algún comentario sobre él y una sencilla pregunta sobre su obra. La respuesta se puede enviar por SMS para participar en el sorteo de un libro digital con 500 textos de autores clásicos. Desde hoy ya se pueden ver los anuncios dedicados a Eduardo Mendoza, que presentará con Jesús Vigorra Tres vidas de Santos. La pregunta no puede ser más fácil: ¿A qué ciudad española se refiere La ciudad de los prodigios de Eduardo Mendoza?
Personalmente, como campaña publicitaria en fomento de la lectura me parece cuanto menos chocante. Lo de mandar mensajes me recuerda que, desgraciadamente, incluso la televisión pública es un negocio; me da la sensación de que se pretende hacer caja con la literatura antes que promocionarla. El lado positivo es que se hará publicidad del programa de Jesús Vigorra y de los escritores que van a él. Habrá que estar atento para ver cómo funciona la campaña, porque el éxito, después de todo, no está en que la gente mande más mensajitos, sino en que lea más. Rosalía de Castro + jazz = Rosalía XXI![]() Rosalía XXI Con la producción de Rosalía de Castro pasa algo parecido a lo que ocurre con la de Bécquer: el público en general tiene una idea equivocada de su obra, una concepción basada sobre todo en tópicos que se repiten una y otra vez, que tocan a estos autores sólo superficialmente, dejando a un lado lecturas más profundas y enriquecedoras.
Para intentar difundir una lectura distinta, más abierta, atractiva y actual, la Consellería de Cultura encargó el proyecto Rosalía XXI, que representó a Galicia en la Feria Internacional del Libro de la Habana en 2008. El resultado, un espectáculo organizado por el escritor gallego Anxo Angueira y el pianista Abe Rábade, que consistía en una revisión a la escritora gallega en clave de jazz, huyendo así del tópico de Rosalía como poeta llorona y blanda. Además de los mencionados también participan en el proyecto Guadi Galego como cantante, Jesús Santandreu en el saxo tenor, Nelson Cascais al contrabajo y Bruno Pedroso a la batería.
El resultado es una fusión llena de riqueza, como se puede comprobar en la versión musicalizada del poema «Alborada». La mezcla del jazz con el gallego, un idioma muy parecido al portugués, hace que el ritmo sea muy similar al de la bossa nova. Una verdadera preciosidad que nos acerca a Rosalía con una lectura desenfadada y fresca. |
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