La piedra de Sísifo
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Los tebeos de nuestra infancia. La escuela Bruguera (1964-1986), de Antoni Guiral

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Los tebeos de nuestra infancia, de Antoni Guiral

     Antes que nada permítanme que empiece a lo Ángel González diciendo aquello de «pero quiero aclarar que», pues la infancia a la que hace referencia el título de este libro no coincide de refilón con la infancia de un servidor. Edades aparte ─cuyo escabroso tema siempre evito─, cuando la inefable editorial quebró y echó el cierre aún no estaba yo en disposición de disfrutar de la lectura, por lo que mi conocimiento en tales lides se debe, como he comentado en alguna ocasión, a los títulos que asumió Ediciones B, que no fueron pocos (Mortadelo, Súper Mortadelo, Mortadelo Extra, Zipi y Zape, Súper Zipi y Zape, Zipi y Zape Extra y colecciones varias como Olé! Superhumor o Magos del humor), y por el memorable suplemento infantil Gente Menuda, además de algún Súper Guai! y algún antiguo tebeo de Bruguera. Fue precisamente una de las prácticas más criticadas por Antoni Guiral, las reediciones, lo que hizo que me familiarizara ─y muchos de mi generación─ con bastantes personajes de la ya en aquel momento fenecida Bruguera. Es comprensible que los personajes más célebres, los que han conseguido entrar en la historia del tebeo, fueran pasto de estas publicaciones, pero otros muchos personajes, muchos de ellos de gran calidad, quedaron en la cuneta por el camino. Por poner un único ejemplo, después de repasar mi colección de tebeos compruebo con asombro que no hay ni una sola tira de Raf, uno de los dibujantes de trazo más perfecto y estimulante. Así pues, el libro de Guiral se plantea como una doble vía de descubrimiento y de redescubrimiento.

 

     El libro de Guiral es un ambicioso compendio en dos tomos sobre Bruguera desde sus comienzos hasta su desaparición. El primer volumen, titulado Cuando los cómics se llamaban tebeos, abarca la historia de Bruguera desde 1945 hasta 1963, por lo que los personajes que trata, al estar más alejados en el tiempo, son menos conocidos, con la excepción de Zipi y Zape que nacen en el 48 y de Mortadelo y Filemón que son del 58, muy diferentes sin embargo a su imagen actual. Casi todos los grandes personajes de Bruguera ─y cuando digo grandes me refiero a conocidos─ son posteriores al 64. No es necesario, salvo por alguna referencia aislada, haber leído el primer libro para comprender y disfrutar del segundo. Eso sí, hay dibujantes cuya semblanza apenas queda dibujada porque se trataron pormenorizadamente en el primer tomo.

 

     Los tebeos de nuestra infancia está dividido en tres partes, además de incluir una bibliografía al final. La primera parte hace un análisis de la historia de la editorial Bruguera, dedicando un apartado a cada década y añadiendo algunos subapartado de cuestiones muy específicas, como por ejemplo la relación de Bruguera con la publicidad, los personajes realistas, la polémica de las reediciones, e incluso espacio hay para las revistas de la competencia. La década de los sesenta empieza con algo que ya se venía anunciando desde finales de los cincuenta, la imposición a través de la censura de una línea editorial con personajes más edulcorados y tramas más inocentes que no pongan en peligro la formación de pequeños y jóvenes. Es la evolución que ocurre con personajes que en un principio nacen como políticamente incorrectos, llenos de humor negro y acidez, como la locura de Carioco, la prepotencia cultural de Facundo, o la maldad de personajes como Angelito o doña Urraca. La evolución que sufren por cierto estos dos últimos personajes es muy significativa: Vázquez opta por el camino de la fantasía y del surrealismo para Angelito ─consiguiendo una de las series más originales del panorama español─, algo que también pasa con Las hermanas Gilda, y Martz Schmidt se ve obligado a interrumpir la historia “Doña Urraca en el castillo de Nosferatu” a causa de la censura debido a la aparición de una sensuales vampiresas.

 

     A partir de la década de los setenta se inicia un proceso que a la larga será uno de los principales motivos del cierre de Bruguera: la continua reedición de historietas antiguas, la incapacidad para adaptar los personajes y las tramas a una época más actual, la progresiva despersonalización de las revistas, que poco a poco iban perdiendo su esencia para convertirse en un conglomerado de publicaciones con distintos nombres que se suceden de forma vertiginosa ─con el declive de la mítica Pulgarcito y de DDT pasan a ser las estrellas Mortadelo y Súper Pulgarcito─. Seguramente Guiral tenga razón, pero no es menos cierto que gracias a esta práctica esas historietas han ido pasando por distintas generaciones y han mantenido su popularidad.

 

     A pesar de su profunda admiración, Guiral denuncia algunas de las prácticas abusivas de la empresa, gestionadas por esa figura tiránica y de difícil trato que fue Rafael González: la no devolución de los originales y la cesión absoluta de los derechos de autor sobre Bruguera. Además de la destrucción de originales por la falta de espacio y la explotación de los empleados obligados a completar en algunos casos más de una veintena de páginas semanales ─por lo que era necesario contratar a un equipo de dibujantes para que ayudaran de forma anónima al dibujante estrella─, fue la despótica gestión de los derechos de autor lo que enfrentó a Bruguera con su gallina de los huevos de oro: Francisco Ibáñez. La situación final fue verdaderamente surrealista: Ibáñez fuera de Bruguera, sin poder dibujar sus propios personajes, que fueron asumidos por otras manos. Este no era sino el canto de cisne de una editorial que hacía muchos años que había dejado atrás su edad de oro.

 

     Aparte del apartado sobre la historia de Bruguera el libro se completa con dos apartados con una distribución que facilita enormemente la consulta, uno de ellos dedicados a los personajes más populares y el otro con una selección de los dibujantes más representativos. La selección tanto de unos como de otros sigue un criterio meramente personal, aunque hay que reconocer que cubre a todos los grandes. En la sección de personajes se ofrecen datos informativos generales, como el título oficial, el autor, la fecha y revista de nacimiento, cabeceras en las que ha aparecido, una explicación de la esencia del personaje, algunas observaciones y un compendio de las recopilaciones ─que tristemente en muchos personajes no existen─, además de alguna historieta como ejemplo. En el apartado dedicado a los dibujantes se hace una breve reseña biográfica, una lista con sus creaciones y otra con monografías de sus personajes.

 

     Ni que decir tiene que el volumen está lujosamente ilustrado, aunque seguramente es más material gráfico lo que se echa en falta. Se incluye un dvd con contenidos extras, pero, la verdad sea dicha, casi todos ellos aparecen en el libro. Si sienten añoranza o mera curiosidad después de haber leído mis palabras, les recomiendo que le echen un vistazo porque este libro es un auténtico recreo para la vista y para el intelecto, un compendio de buenos momentos, de risas y de recuerdos. Que ante todo sirva como ajuste de cuentas con el olvido.

Miércoles, 07 de Mayo de 2008 21:40. # Esta piedra. Tema: Ex libris No hay comentarios. Comentar.


Feria del Libro Sevilla 2008

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     Si pasan por Sevilla o tienen la suerte de vivir en ella ya pueden disfrutar de una nueva edición de la Feria del Libro, feria que este año está dedicada al Mediterráneo entendido como eje y cuna del saber occidental, a través de numerosos debates, conferencias, recitales poéticos, películas y presentaciones de libros sobre el tema. Para ir abriendo boca Antonio Gamoneda realizó una elocuente intervención en pasado jueves en la que hizo un repaso por la escritura poética vinculada al Mare Nostrum, tomando como punto de partida la escritura prepoética que suponen las pinturas rupestres y avanzando a través del tiempo, con la lectura y comentario no de fragmentos especialmente importantes, sino simplemente significativos para el autor.

 

     El programa pueden consultarlo en la página web renovada de la feria ─y en su bitácora─, en la que encontrarán además una interesante galería autovisual donde podrán incluso escuchar el discurso de Gamoneda si no han tenido la oportunidad de asistir. Además del discurso de Gamoneda tienen todavía la oportunidad de asistir al ciclo Sevilla Capital de la Poesía, con lecturas de Vicente Gallego, Ana Rosetti, Eduardo García, Aurora Luque o Joan Margarit entre otros; todo eso sin contar con intervenciones puntuales de Joaquin Sabina, Benjamín Prado o Juan Eslava Galán. Una amplia oferta ─también infantil─ que recoge todos los gustos y disgustos, y para botón de muestra el insidioso ciclo Salvados por la Lírica, con intervenciones de El Cangrejo Pistolero y la Carolain Band o La Bella Varsovia.

Sábado, 03 de Mayo de 2008 17:18. # Esta piedra. Tema: Ex libris Hay 1 comentario.


Hay Festival Alhambra

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     Hace un par de días pude saber que entre los días 3 y 6 de abril se llevará a cabo en Granada la primera edición de un festival británico de literatura que hará las delicias de los amantes de las letras y de los planes de última hora. Se trata del prestigioso Hay Festival, que nació en los años ochenta en el pueblo galés de Hay-on-Way y que se ha exportado con éxito a otras ciudades del mundo como Cartagena de Indias o Segovia. El programa del festival, que se desarrollará entre otros lugares en el Palacio de Carlos V o el Carmen de los Mártires ─con la Alhambra como telón de fondo─, presenta a escritores de reconocido interés como Francisco Ayala, Umberto Eco, Juan Goytisolo, Joaquín Sabina, Luis García Montero o Luis Antonio de Villena entre otros muchos. Cada evento cuesta el simbólico precio de cinco euros, excepto el concierto flamenco de Enrique Morente y Pepe Habichuela que cuesta veinticinco euros. Un servidor ya ha hecho todos los preparativos para el viaje y ha comprado las entradas correspondientes, cosa que por cierto, se puede hacer a través de Internet. No puedo sino decir lo mismo que con Cosmopoética 2008, que Granada no le va a la zaga a Córdoba.

Viernes, 28 de Marzo de 2008 21:30. # Esta piedra. Tema: Ex libris Hay 1 comentario.


Festival de Teatro Clásico de Almagro 2008

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     De festival en festival, si ayer me centraba en poesía hoy es momento para hablar de teatro. Y es que también está disponible el programa del Festival de Teatro Clásico de Almagro 2008, cuyas entradas están a la venta desde el 13 de marzo. Algo más subido de precio, el programa que presenta el Festival de Almagro ─una garantía en sí mismo─ es magnífico, hasta el punto de superar con creces su anterior edición e incluso el de Cosmopoética 2008. Aprovechando las fechas estivales les animo a planear un viaje vacacional para disfrutar de buen teatro clásico, así que vayan planificándose ya porque en Almagro las entradas y el alojamiento vuelan.

Domingo, 23 de Marzo de 2008 21:52. # Esta piedra. Tema: Ex libris No hay comentarios. Comentar.


Enseñar literatura

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Viñeta de Forges

     No es que pretenda hacer un descargo de conciencia pero me resultaba imposible pasar por alto la revista Mercurio de este mes, estando como está dedicada a la enseñanza de la literatura. Después del batacazo que pegara en diciembre al publicar un monográfico sobre las primeras lecturas infantiles e hiciera un balance general positivo del estado de la cuestión, que por supuesto fue desmentido por el informe PISA, se lanza en un intento desesperado por mantener el tipo con un puñado de artículos que hacen el manido repaso de siempre sobre la enseñanza de la literatura, planteando los problemas y las soluciones que se han repetido hasta la saciedad. Que si el ser humano es perezoso por naturaleza, que si la cultura es exigente, que si dentro del conjunto de opciones de un joven tirará siempre hacia lo más fácil, que si la culpa es un poco de todos, no sólo de los políticos.

 

     Uno de los grandes errores cometidos por el sistema educativo, una traba casi insalvable para la enseñanza de la literatura, es sin duda la unión de dos asignaturas relacionadas entre sí pero con la entidad suficiente como para permanecer separadas: lengua y literatura. Y puesto que donde antes había dos asignaturas ahora sólo hay una el tiempo que se dedicaba a ambas se ha visto considerablemente reducido. Un lugar común derivado de este problema es el de que los profesores dedican más tiempo a la enseñanza de la lengua que de la literatura, algo que, si bien es cierto, no es por gusto propio sino por necesidades de cumplir con los programas oficiales. Un profesor puede estar incapacitado para contestar a la dichosa pregunta que ¿y la sintaxis para qué sirve?, puede estar poco convencido de su utilidad, y sin embargo, está obligado a darle una mayor importancia a estos contenidos por encima de la literatura, no sólo por exigencias del currículo oficial, sino porque en cursos superiores al alumno se le van a exigir unos conocimientos sobre esa materia y obviarlo significaría crear lagunas infranqueables. Para que una revolución triunfe, si acaso debe haberla, no se ha de producir en aulas concretas sino en el propio sistema.

 

     Otro problema que se percibe de forma muy clara es que a los profesores de lengua y literatura se les ha convertido en los grandes animadores de la lectura. Es evidente que para enseñar literatura ─y lengua─ hay que “entrenar” al alumno en la comprensión lectora, pero esta labor no es ni debe ser tarea exclusiva de los profesores de esta materia, porque las dificultades en la comprensión de textos se presentan en asignaturas tan dispares como las matemáticas o la física y química. Cuando se propone que el alumno lea una hora a la semana se le endosa la papeleta al profesor de lengua, robándole tiempo a su asignatura, cuando esta forma de fomentar la lectura debería producirse fuera del horario lectivo de cualquier materia. Y por supuesto, como el alumno no sabe leer bien la culpa es necesariamente del profesor de lengua, que no ha hecho el suficiente hincapié en la comprensión lectora. Repartamos responsabilidades y pongamos en claro qué es lo que se pretende con la enseñanza de la literatura: que el alumno conozca una serie de épocas, autores y obras o que lea ─o más bien aprenda a leer─. Mientras esto no esté claro se seguirán dando palos de ciego.

 

     Una de las propuestas más interesantes ─de Amalia Vilches─ consiste en trabajar con relatos; aunque es en el fondo una herramienta sobradamente conocida, que no es ni mucho menos la panacea del fomento de la lectura, pero que tiene grandes ventajas frente a los textos largos porque permite leer obras completas, jugando además con elementos que pueden ser muy llamativos para los alumnos, como la originalidad o el sentido del humor. En este sentido recojo dos propuestas, dos recientes antologías aparecidas en 2006 que parecen tener muy buena pinta porque están dedicadas a padres, alumnos y profesores e incluyen actividades didácticas: Y se quedó en Al-Andalus (Arambel) y Qué me cuentas (Páginas de Espuma).

 

     En definitiva, de poco sirve presentar un problema que es tan viejo como las reformas educativas si no se ofrecen medidas sólidas para tratar de paliarlo. Es demasiado inocente e idealista pensar que para enseñar literatura de forma fructífera basta con amar la materia que se transmite. Como decía al principio, no pretendo hacer un descargo de conciencia: el profesor tiene tanta culpa, ni más ni menos, como el resto de los componentes del sistema, pero en muchas ocasiones no pasa de ser un engranaje estancado en un mecanismo que no comprende o no comparte. Yo, por mi parte, me quedo con las palabras de José Ramón Ayllón en uno de los artículos, cuando dice que el famoso texto de Pérez Reverte, «Permitidme tutearos, imbéciles», insinúa que con Franco se leía mejor, «comparación odiosa donde las haya, sobre todo porque es la pura verdad».

Viernes, 15 de Febrero de 2008 18:39. # Esta piedra. Tema: Ex libris Hay 2 comentarios.


«La cucaracha soñadora», de Augusto Monterroso

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Dibujo de La metamorfosis de Luis Scafati

     Pensar que Gregorio Samsa se convirtió en una cucaracha en La metamorfosis es un error bastante habitual. Lo cierto es, como dice Jorge Gómez, que «la palabra “cucaracha” no aparece explícitamente en ninguna parte en La metamorfosis». En realidad Kafka lo define como un «monstruoso insecto» y lo describe de la siguiente forma: «Hallábase echado sobre el duro caparazón de su espalda y, al alzar un poco la cabeza, vio la figura convexa de su vientre oscuro, surcado por curvadas callosidades, cuya prominencia apenas si podia aguantar la colcha, que estaba visiblemente a punto de escurrirse hacia el suelo. Innumerables patas, lamentablemente escuálidas en comparación del grosor ordinario de sus piernas, ofrecían a sus ojos el espectáculo de una agitación sin consistencia». Nabokov en un artículo titulado «Gregor Samsa» en su Curso de literatura europea hace un repaso de la descripción que se hace de Gregorio y llega a la conclusión de que es totalmente imposible de que el insecto sea una cucaracha ─de hecho lo único que tiene en común con las cucarachas es el color marrón─. Según Nabokov Gregorio estaría más cerca de ser un escarabajo que una cucaracha.

 

     No sé si importa mucho la clase de insecto que sea Gregorio, pero hay célebres y celebrados ejemplos de esta equivocación, que sin duda ayudan a perpetuarla. Uno de ellos es el caso del microrrelato de Augusto Monterroso «La cucaracha soñadora». La idea de relacionar a Kafka y a los sueños y de plantear al autor soñando a los personajes y al mismo tiempo a los personajes soñando al autor no es nueva ni mucho menos. Recuerdo haberla leído en un poema de Borges, en el que los personajes se rebelaban contra su autor ─no sabría decirles si es anterior o posterior al texto de Monterroso─.

 

     Ahora bien, si de lo que se trata es de buscar un antecedente, creo que no es difícil encontrarlo en el año 300 a. de C., en un breve texto que sorprende por su originalidad y por su profundidad filosófica, popularizado sobre todo gracias a Borges, que lo cita a menudo, y lo incluye en su Libro de los sueños. El texto, de Chuang Tzu, es el siguiente: « Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Tzu que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era Tzu». La diferencia entre ambos relatos se encuentra no sólo en el insecto utilizado, sino también en la estructura, que en el caso del viejo texto oriental es especular ─y por tanto infinito─  y en el de Monterroso tiene la estructura de muñecas rusas, introduciendo un sueño dentro de otro a través de la recursividad y de la subordinación.

 

     Disfruten del microrrelato de Monterroso:

 

 

     «Érase una vez una Cucaracha llamada Gregorio Samsa que soñaba que era una Cucaracha llamada Franz Kafka que soñaba que era un escritor que escribía acerca de un empleado llamado Gregorio Samsa que soñaba que era una Cucaracha.»

          Augusto Monterroso, La Oveja Negra y demás fábulas.

Domingo, 03 de Febrero de 2008 16:41. # Esta piedra. Tema: Ex libris Hay 3 comentarios.


Viaje en libro por la Unión Europea en 366 días

     Gracias a Cuchitril literario me he enterado de un curioso juego literario titulado Viaje en libro por la Unión Europea en 366 días. El juego consiste, como su propio nombre indica, en leerse un libro de cada país de la Unión Europea ─27 en total─ antes de la medianoche del 31 de diciembre. Me ha parecido interesante y he decidido aceptar el reto, a pesar de que este año tenía planeada y cerrada mi lista de lecturas. Procuraré ir intercalando, aunque casi con toda seguridad no voy a poder completar el recorrido.

Jueves, 31 de Enero de 2008 18:28. # Esta piedra. Tema: Ex libris Hay 1 comentario.


Historia de un milagro

     Con el tiempo he llegado a la conclusión de que los mejores escritos son aquellos que consiguen ponerme verde de envidia. Sana envidia, se dirá, si es posible que la envidia sea sana entre escritores o simplemente entre hombres, que es casi lo mismo. Quiero decir, para que un texto sea bueno tiene que cumplir fundamentalmente dos requisitos: no haberlo escrito yo y desear con todas mis fuerzas haberlo hecho. Futuro perfecto es una bitácora que está llena de este tipo de textos, en un género en el que la originalidad es fundamental: el microrrelato. Se trata de un auténtico filón de oro para los estetas cortazianos más exigentes, a la manera del Morelli más clásico.

 

     Porque la mejor forma de elogiar o recomendar la lectura de un escritor es ofrecer alguna maravilla de ese autor, he decidido callar, dejar el oropel a un lado y saltar al intermediario. Aquí les dejo con un relato que hará las delicias de cualquier lector, y que por sí mismo es una razón suficientemente poderosa como para acercarse al conjunto de la obra.

 

     Sólo siento haber llegado demasiado tarde a la bitácora, que lleva más de un año temporalmente cerrada. O quizá no lo sienta tanto, es lo que tiene la envidia, que en el fondo es maldiciente.

  

     Esta es la historia de un milagro.


     Estaba yo hace un par de días preparándome el desayuno cuando por un descuido se me cayó una tostada y... aquí viene el milagro: no cayó del lado de la mantequilla.


     Así es. Al contrario de todas las tradiciones, las costumbres y las leyes escritas y no escritas del mundo, la tostada había llegado al suelo del lado del pan sin untar.
Mi mujer y mi cuñada contemplaron el fenómeno y se lo contaron a sus amigas y amigos y a sus hijos y a los amigos de sus hijos, de manera que en poco tiempo la noticia había corrido por toda la ciudad. Pero además a eso del mediodía llegó la televisión y antes de caer el sol ya lo sabía todo el planeta.


     Vinieron a casa sabios de todo el mundo y sacerdotes de todas las religiones. Durante toda la noche y el día siguiente estuvieron discutiendo si era posible, si era probable o si fue realmente un milagro. Pero no había forma de que se pusiesen de acuerdo.


     Hasta que llegó Stephen Hawking en su sillita de ruedas con su ordenador portátil, miró la tostada y dijo:


     ─No es que la rebanada haya caído mal. Es que tu has puesto la mantequilla en el lado equivocado.

Viernes, 18 de Enero de 2008 19:32. # Esta piedra. Tema: Ex libris Hay 1 comentario.


Adiós, Maestros

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Pepín Bello y Ángel González

     Lo que pretendía ser en principio un sentido y único homenaje al que ha sido considerado por todos como último miembro del 27 se ha convertido de la noche a la mañana en un doble homenaje tras la noticia del fallecimiento del que consideraba como uno de los grandes poetas vivos de la segunda mitad del siglo XX, Ángel González.

 

     En los últimos años el concepto de “generación del 27” se ha debatido ampliamente, con la intención de añadir a la nómina tradicional a una serie de artistas secundarios, de carácter más local, que no han conseguido trascender unos reducidos límites geográficos ni han permanecido en la memoria de los poetas posteriores. Al mismo tiempo se ha reivindicado la inclusión de otras artes no poéticas, como la pintura o el cine. La existencia de Dalí y de Buñuel cuestionan precisamente el concepto que se tiene de la generación y ha propiciado el surgimiento de nuevos términos, como el que precisamente Ángel González utiliza, «grupo poético de 1927», para referirse a la nómina clásica. Mi pregunta es, si se incluye a tanto artista malo, ¿por qué no incluir al poeta sin palabras que fue Pepín Bello? Para mí José Bello Lasierra, conocido por todos como Pepín Bello, tiene un lugar más que indiscutible en la Generación del 27.

 

    De Pepín Bello se han hecho muchas descripciones, pero prefiero quedarme con la de Carmen Caffarel, que lo definió como «la memoria oral de la Edad de Plata y de la gran cultura española del siglo XX». Pepín fue eso, pero antes que eso fue lo que se explica sobre él en el libro ¡Ola Pepín! Dalí, Lorca y Buñuel en la Residencia de Estudiantes. En este volumen, publicado en mayo de 2004 como celebración del centenario del nacimiento de Dalí y celebración de los cien años de Pepín, Christopher Maurer describe al aragonés de Hueca como «un amigo genial, deleitaba a los tres [Lorca, Dalí y Buñuel] con su poder imaginativo, y sin publicar apenas una palabra demuestra que la inspiración late en la conversación cotidiana, al margen de la página impresa o la imagen pictórica o cinemática. Inspira Bello no sólo a los tres compañeros de la Residencia de Estudiantes, sino, décadas más tarde, con su humorismo, cordialidad y clara memoria, a los críticos e historiadores de la llamada Edad de Plata».

La piedra de Sísifo

"Crucifixión", de Salvador Dalí de 1925 para Pepín Bello

 

     Pepín fue, por una parte un importante elemento de cohesión en la Residencia, aquel que mantuvo su amistad hasta el último momento, aún cuando se produjo la ruptura entre García Lorca, Dalí y Buñuel. Por otra parte fue elemento de inspiración de todo tipo de elementos de resonancias lúdicas, como los putrefactos, los anaglifos o los micropoemas, un escritor sin obra que se consideraba a sí mismo como el más culto del 27; sin embargo, demasiado crítico consigo mismo ─porque escribir lo hacía, pero lo rompía todo después, como hizo con sus memorias─, más amante de la palabra hablada y de la comodidad que del sacrifico y la disciplina literaria. Ante todo, al fin, inventor del ruismo, habilidad para pasear por las calles, y miembro de la Orden de Toledo. Un juerguista de tomo y lomo, vaya.

La piedra de Sísifo

Único texto publicado por Pepín Bello, un caligrama titulado “El ateneísta” (L’Amic de les Arts, núm. 31, Sitges, marzo de 1929)

 

La piedra de Sísifo

Algunos putrefactos dibujados por Pepín Bello en 1927, inscritos en una carta a Federico García Lorca

     Voz de Pepín Bello, hablando sobre Salvador Dalí

 

     Por otra parte Ángel González, como ya he dicho uno de los poetas más completos vivos hasta ayer mismo. Muy frecuentado por mí ─algún poema suyo he publicado aquí─, últimamente había iniciado una lectura sistemática y ordenada de su obra, que me había llevado a hacer una antología personal de sus poemas. Y desde luego, si como poeta es deslumbrante, su faceta de crítico no le va a la zaga. Un intelectual autodidacta, como dice él de sí mismo «siempre digo con un poco de jactancia que la primera vez que asistí a una clase universitaria de literatura el profesor era yo». De su propia poesía decía lo siguiente: «el contexto ejerce sobre todo escritor una presión inescapable. Para los que tratan de hacer poesía de la experiencia ─como es mi caso─ la situación suele ser determinante en muchos aspectos formales. En cuanto a las intenciones, creo que marcan un primer impulso muy general, muy vagamente formulado, que ─como tantas veces se ha dicho─ sólo la escritura del poema revela. En ese sentido, el poema suele ser un hallazgo a veces inesperado para su propio autor. Es muy posible que sean sinceros los escritores que afirman que no tienen intenciones cuando se disponen a escribir, lo que equivale a afirmar que no quieren decir nada. Pero su obra, si vale la pena, dirá o significará algo. Yo pienso que lo que la obra signifique o diga es lo que inconscientemente quería decir el autor». Son palabras que suscribo plenamente.

 

     Y como decir algo sobre la genialidad de Ángel González implica necesariamente escribir y comentar alguno de sus poemas, prefiero no decir nada más por el momento y reservar alguna entrada completa a ello. Sólo dejo una pequeña maravilla que puse hace mucho tiempo pero que dejó de funcionar. Espero que les guste.

     Me basta así - Pedro Guerra y Ángel González

 

     Como decía Ángel ─vaya nombre más sernafínico─ González en «Ya nada ahora», «Largo es el arte; la vida en cambio corta / como un cuchillo». A pesar de las cuchilladas que da la vida, largo es el arte y larga es la memoria que mantendrá vivo el recuerdo en sus obras.

 

     Sin más, que descansen, Maestros.

Sábado, 12 de Enero de 2008 22:34. # Esta piedra. Tema: Ex libris Hay 2 comentarios.


Hijos del Mediodía, de Eva Díaz Pérez

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Hijos del Mediodía, de Eva Díaz Pérez

     Nada sabía yo sobre Eva Díaz, ni siquiera me sonaba su libro más conocido, Memoria de cenizas. La vi por primera vez en la Feria del Libro de Sevilla del 2007 en una atípica presentación de libro, y digo atípica porque era en realidad un homenaje a la Generación del 27, con la participación de Jesús Vigorra y del profesor Rogelio Reyes. Después de que este último abrumara con una cantidad de datos histórico-literarios apabullantes a un no muy abundante público, Eva Díaz saltó a la palestra libro en mano con una obra que toca tangencialmente al 27, con un homenaje muy particular y atractivo al mismo tiempo. Y es que este libro, Hijos del Mediodía, cuenta con un episodio en el que se novela la incursión de los «niños del 27», por emplear una expresión muy del gusto de la autora, en tierras sevillanas. Nada más y nada menos que una reconstrucción ficticia del momento anterior y posterior al Ateneo, a esa mítica fotografía que forma parte indeleble de la historia de la literatura. Sólo por este motivo merecía la pena leer el libro, independientemente de la calidad del conjunto.

 

     Y casi habría que decir que el libro es una mera excusa para justificar ese momento. La trama, como he dicho, no tiene una relación directa con el grupo poético del 27 excepto en momentos puntuales. Sólo Luis Cernuda cobra un papel más relevante, convertido en el fugaz e inolvidable amante del protagonista antes de que se marchara a tierras inglesas. Por lo demás, el papel que juega el 27, salvo Rafael Alberti y su inseparable Ignacio Sánchez Mejías, es más anecdótico que otra cosa. Se utiliza al grupo poético como contrapunto al grupo que se había formado en Sevilla, con integrantes como Fernando Villalón, Rafael Porlán, Alejandro Collantes, Joaquín Romero Murube, Rafael Laffón o Antonio Núñez de Herrera. Estos últimos poetas, casi todos ellos olvidados o menospreciados, son de alguna manera los protagonistas de la novela, los hijos de Mediodía, la revista que fundaron al modo de la más conocida revista Grecia, bandera del ultraísmo.

 

     La visión que ofrece Eva Díaz de estos poetas es en general poco amable, dibujando a un grupo «tan transido de Sevilla que no veía más horizonte que la vigilia de los jazmines», demasiado encerrado en sus horizontes y con el convencimiento absurdo de poseer la esencia sevillana de la poesía. El provincialismo del grupo hispalense choca de lleno con el cosmopolitismo y universalismo del grupo del 27, lo que deriva inevitablemente en un enfrentamiento en el que el 27 queda tan por encima como lo está Litoral de Mediodía. Sólo Villalón, Adriano del Valle y el apócrifo protagonista se salvan de la quema. De entre ellos, únicamente la figura de Villalón, el que debiera ser auténtico protagonista del libro, queda engrandecida con aura telúrica de poeta teosófico, empeñado en malgastar su fortuna en criar una raza mítica de toros de ojos verdes o en extraños artefactos como el silfidoscopio o máquina para cazar sílfides, perdido en mundos imaginarios como la isla de Tarfía ─con sus ibis y fenicópteros─ y obsesionado con la magia y los espíritus, más reales para él que sí mismo. El resultado final de esta inimaginable mezcla es el personaje más atractivo de la obra, y es precisamente el momento en que se marcha a Madrid y desaparece de escena cuando curiosamente la trama pierde interés.

 

     Las bromas vanguardistas se suceden, como por ejemplo en la cena jocosa que abre la obra en la que todos aparecen disfrazados de tópicos sevillanos ─Joaquín Romero Murube, por ejemplo, «se escondía tras un disfraz de gitanería o de Carmen descocada y perversa»─, pero algo huele a rancio, a postizo, a impostura. No se percibe la verdadera frescura vanguardista que en esos momentos se está viviendo en Madrid. Así es que Alejandro Collantes, el más rancio de todos, increpa a Antonio Núñez Herrera cuando aparece disfrazado de Virgen encarnando a la Macarena. El único personaje con sangre vanguardista en las venas es Fernando Villalón, que como ya he dicho está detrás de las escenas más surrealistas del libro, sobre todo en la incursión a la isla de Tarfía y en las sesiones espiritistas ─baste recordar que todo lo sobrenatural es muy del gusto del surrealismo y que las sesiones espiritistas estaban a la orden del día─. Este vanguardismo superficial, a pesar de todo, no convence, lo que en el fondo impregna de tragedia a los personajes, que parecen hacer todo lo posible por imitar a las grandes grupos literarios sin conseguirlo.

 

     Pero hasta ahora casi nada he señalado sobre Arturo Gándara, ese poeta de tercera fila con ínfulas de genialidad literaria y antes que poeta periodista, que hace las veces de protagonista en el libro. Gándara es un reporter con una sección fija dentro de un periódico local, El Liberal, titulada “Galería de raros”. En esta sección Arturo describe la vida de poetas apócrifos a los que atribuye extrañas peculiaridades, como por ejemplo el que se inspiraba en cucarachas o el cazador de suicidas. Estos artículos, que aparecen fuera de los capítulos, demuestran una absoluta y catastrófica falta de talento por parte de Arturo, que seguramente era lo que Eva Díaz quería conseguir, porque en el transcurso de la novela se constata en muchas ocasiones esa falta de talento. Al final, como era de esperar, y así se pone de manifiesto explícitamente en la novela, Arturo acaba convirtiéndose involuntariamente en uno de los protagonistas de su propia sección, condenado al absurdo de una existencia fracasada, cimentada en el absurdo de una misión imprecisa, que no logra perfilarse en las 548 páginas del libro.

 

      Arturo recibe extraños mensajes anónimos en forma de cartas y de libros, firmados por ilustres escritores sevillanos ya fallecidos, que le conducen a una búsqueda sin salida, en la que nunca queda muy claro cuál es el elemento que se está buscando. Esta misión es nada más y nada menos que resucitar la memoria libresca de Sevilla. Para ello Arturo cuenta con un cuaderno de tapas negras ─regalo de Cernuda─, en que el esporádicamente garabatea algunas anotaciones que pretenden ser un esbozo de la esencia literaria de Sevilla y que no hacen sino confirmar la mediocridad que se sospecha en el personaje, algo que ya se percibía en su “Galería de raros”. Quizá el punto más interesante sea el conflicto del personaje, consciente de su propia mediocridad, negándose a aceptarla. El cuaderno negro toma finalmente forma de libro, La ciudad del Mediodía, «un libro que hoy es inencontrable y que lo publicó en la editorial argentina Losada en 1957» dice Eva Díaz. Pero incluso en esa trágica mediocridad hay algo en el personaje que produce antipatía, quizá la falta de carácter que se le adivina, como si el personaje no acabara de estar formado completamente. Aunque políticamente se posiciona en la izquierda le falta la convicción y el valor de defender su pensamiento, se intuye capaz de las traiciones más repugnantes a cambio de salvaguardar su vida.

 

     El libro está claramente divido en dos partes: antes y después del estallido de la Guerra Civil. Los personajes más atractivos del libro, Fernando Villalón y el librero Don Miguel ─un claro homenaje a Don Miguel de Unamuno─ desaparecen de escena, el grupo del Mediodía pasa a un lugar muy secundario, sustituidos por personajes grotescos y desagradables como Pancracio el Achicoria o derrotados y absurdos como Antonio El Manigua. La literatura deja paso a la política. A partir de este momento la novela pierde todo su interés, que radicaba sobre todo en la descripción costumbrista del mundillo literario. El eje central que une ambas partes es la búsqueda de esa esencia literaria, en una trama detectivesca poco efectiva porque no se define correctamente qué es lo que se pretende; además, casi desde el principio del libro se presiente quién es el autor de los enigmáticos envíos. La lectura se continúa casi por inercia.

 

     No se puede dejar de mencionar el estilo, aspecto en el que Eva Díaz ha conseguido para bien o para mal la creación de una voz propia y de una manera de narrar muy personal. El lenguaje que utiliza está cargado de un lirismo exuberante e hiperbólico, elaborando una atmósfera densa que a la larga acaba resultando agotador para el lector. Conviene leer el libro con un diccionario a mano, porque el uso de palabras eufónicas y rimbombantes es abrumador, hasta tal punto que se llega a sospechar si tanto preciosismo no sirve para tapar otras carencias. Hay constantes referencias a elementos sensoriales, sobre todo relacionados con la vista y el olfato. Casi se podría decir que es un libro aromático, pues no hay página en la que no se aluda de alguna manera a olores. Incluso los personajes participan en esta celebración del olfato, a través de innumerables juegos en los que tienen que describir olores echando mano de imágenes verdaderamente estimulantes. El único peligro que existe es el de la saturación.

 

     Si bien es cierto que Hijos del Mediodía no es precisamente una novela deslumbrante, sí podría convertirse con el tiempo en un punto de referencia ocasional para los amantes obsesivos del 27. En el fondo es una gozada ver a escritores y poetas como Jorge Guillén, Dámaso Alonso o Luis Cernuda convertidos en personajes, hacer cábalas sobre qué podrían hablar en sus momentos de amistosa intimidad. La visión que se da de Dámaso Alonso, por ejemplo, entre divertida y tierna consigue despertar la complicidad del lector. El trabajo de documentación, todo hay que decirlo, es impecable ─se nota la vena periodística─, y la forma en que se mezclan ficción y realidad, lo que pudo haber sido y lo que fue hacen de Hijos del Mediodía una novela interesante para conocer más detalles sobre la celebración en el Ateneo de Sevilla, todo lo que la precedió y todo lo que vino después, que no es poco.

Viernes, 11 de Enero de 2008 19:30. # Esta piedra. Tema: Ex libris No hay comentarios. Comentar.


Tras la voz de García Lorca

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Federico García Lorca en Radio Stentor. Buenos Aires, 1934

     Entre 1933 y 1934 Federico García Lorca vivió unos seis meses en Argentina, durante los cuales ofrece numerosas conferencias, algunas de ellas grabadas en la radio, y asiste a exitosas representaciones de Mariana Pineda, Bodas de sangre y La zapatera prodigiosa. Aquí es precisamente donde habría que buscar un documento sonoro con la voz del poeta granadino, una grabación de cuya existencia no hay constancia segura. Lorca nunca logró grabar en el Museo de la Voz y sus intervenciones en Radio Nacional formaron parte de unos fondos que fueron destruidos durante la Guerra Civil. En principio no parece existir rastro de grabación alguna con la voz del poeta granadino, al menos dentro de nuestras fronteras. Fuera de ellas era notorio que Lorca había dejado su voz grabada en numerosas ocasiones, pero la búsqueda de estos archivos es un proceso tan largo y tedioso que nadie parece dispuesto a encontrar la aguja en el pajar.

 

     En el año 2002 el periodista Juan Tapia encontró en Argentina dos grabaciones con la supuesta voz de García Lorca. A partir de un pequeño artículo publicado en Argentina en 1998 en el que se hablaba de un documento sonoro con la voz del poeta Juan Tapia inició una investigación que le puso en contacto con Roberto di Chiara, el propietario del archivo sonoro más importante de todo el país. Entre centenares de cintas Tapia inició la búsqueda, hasta que al fin dio con una cinta que tenía la leyenda «Con ustedes el poeta español Federico García Lorca». Aunque Chiara sabía que Lorca era un poeta español no era consciente de la magnitud del hallazgo. Al final el sorprendente descubrimiento quedó en agua de borrajas.

 

     En una de las cintas, que dura entre 20 y 27 minutos, Lorca hace unas declaraciones para la emisora LR4 Radio Splendid, en las que pueden escucharse las siguientes palabras: «Nadie sabe ni se imagina la emoción simple y profunda que rodea mi corazón como una corona de flores invisibles, al saber que en estos instantes mi voz se está oyendo en América y que, sobre todo, está vibrando en Buenos Aires enredada en el gran altavoz del bar o disminuida en la pequeña radio que tienen en su cuarto de estudiante o la muchachita que hace escalas en su piano. ¡Salud, amigos!». En la otra grabación, para Radio Prieto, el poeta habla durante unos cuatro minutos sobre las corridas de toros. Ambas grabaciones permanecían en un penoso estado de conservación, y necesitaban pasar por un costoso proceso de limpieza y restauración antes de salir a la luz.

 

     En ese mismo año el propietario de estas grabaciones, Roberto di Chiara, se puso en contacto con la Fundación Federico García Lorca para negociar una posible venta, pero Manuel Fernández Montesinos, director de la fundación y sobrino del poeta, afirmó que después de un primer contacto Chiara no mostró mayor interés. La versión de Fernández Montesinos contrasta con la de Tapia, que ha manifestado en numerosas ocasiones la oposición de la familia de García Lorca a sus investigaciones, que también se opone a la exhumación del cadáver del poeta. Incluso Chiara informó a Tapia de que la familia Lorca le había amenazado con emprender acciones legales si se publicaba el documento sonoro.

 

     En el proceso de autentificación de las cintas es necesario que alguien que conociera a Lorca verifique que se trata realmente de la voz del poeta granadino. Aunque no es imposible encontrar a alguien que recuerde la voz de Lorca ─el propio Pepín Bello, por ejemplo─ cada vez es más difícil, lo que dificulta las investigaciones. Por otra parte, ninguna institución se ha ofrecido a financiar la restauración de las cintas, sin lo cual jamás podrán salir a la luz, y la voz de Lorca permanecerá oculta, convertida en un episodio más de los muchos misterios que rodean la figura del gran poeta universal.

 

     Por lo demás, hace algunos días un amigo me pasó un enlace a una página turística de Buenos Aires en la que el actor Víctor Laplace describe algunos de los hitos arquitectónicos y culturales más destacables de la ciudad, descripciones que adereza con grabaciones de escritores como Borges o Unamuno. Entre estos archivos figuran dos grabaciones en las que se puede escuchar la supuesta voz de Lorca recitando su poema «Despedida» y un fragmento de Bodas de sangre. Todo parece encajar, porque efectivamente Lorca residió en la habitación 704 del Castelar Hotel y efectivamente grabó su voz para la radio Stentor, pero la voz que aparece en estos archivos tiene un parecido más que sospechoso con la voz de Rafael Alberti. Tanto es así que es evidente que se trata de una falsa pista, lo cual es indicativo de la falta de profesionalidad de la página y de Víctor Laplace.

 

    En fin, habrá que esperar a ver cómo se desarrollan las investigaciones de Tapia, que hace unos meses impartió una ponencia titulada «Tras la voz de Lorca» en los XII cursos internacionales de otoño de la Universidad de Cádiz, lo que demuestra que no se rinde ni mucho menos.

Miércoles, 02 de Enero de 2008 20:09. # Esta piedra. Tema: Ex libris Hay 1 comentario.


«El cascanueces y el rey de los ratones», de E.T.A. Hoffmann

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Grabado basado en «El cascanueces y el rey de los ratones», de E.T.A. Hoffmann

     Hace un par de navidades publiqué en esta misma página el delicioso relato de Paul Auster «El cuento de navidad de Auggie Wren», una maravillosa narración que con dos detalles ─¡pero qué detalles!─ dio lugar a la película Smoke. Como ejercicio mental me he propuesto buscar cada año para estas fechas, si las ocupaciones festivas me lo permiten, un cuento de temática navideña para hablar de él. En este caso el cuento elegido, «El cascanueces y el rey de los ratones» de Hoffmann, no voy a publicarlo como hiciera con el de Auster por motivos de extensión, y porque en definitiva no es difícil de encontrar por Internet.

 

     No es necesario que me refiera al argumento porque como suele ocurrir con muchos relatos infantiles ─y es, en principio, un cuento para niños─ forma parte del acervo popular, dentro del subgénero de los cuentos de hadas, que comenzara con Charles Perrault y que a través de los hermanos Grimm engarza con Michael Ende. Pero la historia del «Cascanueces» debe sobre todo su popularidad al ballet que compuso Tchaikovsky, que no se basa directamente en Hoffmann sino en una obra de Alejandro Dumas titulada Casse-noissette que sí se basa en Hoffmann. En mi contra he de confesar que antes de conocer el cuento de Hoffmann mezclaba ciertas partes con «El soldadito de plomo» de Hans Christian Andersen, otro de esos cuentos infantiles que me han acompañado desde que tengo uso de razón.

 

     Lo que se encuentra en Hoffmann más allá del elemento maravilloso y preciosista hasta el dulzor más ahíto ─me refiero a la descripción del reino de las muñecas, cuya herencia se percibe claramente en «El velo de la reina Mab» y en otras partes de Azul… de Rubén Darío─ ha sido una modernidad apabullante. Aunque el esquema de construcción narrativa de este cuento y de otros relatos de Hoffmann sigue un mecanismo muy simple y reiterativo, no hay que olvidar que los estudios de Propp parten de los cuentos tradicionales, la forma en la que introduce el elemento mágico dentro del relato anuncia caminos que resultarán profundamente fructíferos en el siglo XX. En un principio la historia se presenta como un relato realista a la manera tradicional, pero a partir de un momento determinado, y siempre de la mano de un misterioso personaje, se introduce el elemento mágico, que amenaza con invadir e incluso suplantar al mundo real. La modernidad de la obra se concentra, sobre todo, en esta técnica, que posteriormente manejará de forma magistral Kafka en sus narraciones y que en el fondo dará origen al realismo mágico.

 

     El protagonista, María en el caso del «Cascanueces», se debate entre estos dos mundos con mejor o peor fortuna, decantándose finalmente por el mundo de la fantasía. Cascanueces es el personaje que sirve de guía, como el archivero Lindhorst en «El puchero de oro», y que acompaña al protagonista en un viaje iniciático que culmina con el triunfo absoluto de la imaginación. La construcción narrativa, como he dicho, es sencilla, basada frecuentemente en dualidades, empezando por la más evidente: realismo frente a imaginación. Los personajes se decantan por uno u otro mundo, aunque muchos de ellos pretendan permanecer en una zona intermedia. El modelo de funciones de Propp ─o modelo actancial en Tesnière y Greimas─ se puede aplicar perfectamente: frente al protagonista hay siempre un antagonista, que puede ser un personaje fantástico, como el rey de los ratones o un personaje realista, como los padres de María. También es fácil localizar a los personajes que eventualmente actúan como ayudantes: el magistrado Drosselmeier y su hermano Federico. En el caso de este último, su participación es fundamental porque entrega al Cascanueces el objeto que le permite alcanzar la victoria sobre el rey de los ratones: una espada.

 

     Algo curioso narrativamente hablando es el uso del tiempo, manejado de forma algo tosca por parte de Hoffmann, pero necesario para conseguir un ambiente determinado. La acción comienza explícitamente en Nochebuena y continúa con el día de Navidad, que es el momento en que se entrega a María el Cascanueces como regalo. A pesar de que pasan los días: la convalecencia de María debido al corte con el cristal del armario tras la batalla entre los húsares y los ratones, los días que pasa meditativa y preocupada, otros tantos días bajo las amenazas del rey de los ratones…; el ambiente no deja de ser en ningún momento navideño. Se ha eliminado el tiempo en el mundo realista para conseguir un deliberado efecto de cuento navideño, aunque la Navidad sólo aparezca superficialmente en la historia, como un simple decorado de fondo.

 

     Un último aspecto que no puede pasarse por alto, y que en muchas de las versiones que se hacen del cuento se omiten, es el matiz terrorífico de ciertos aspectos de la historia. Me refiero casi exclusivamente a la descripción que se hace del malvado rey de los ratones, con sus siete cabezas y sus siete coronas. Hoffmann consigue crear un personaje cruel, horroroso y despreciable que levanta los odios, miedos y desvelos de los más pequeños, que en definitiva son los auténticos destinatarios de este maravilloso relato navideño.

Jueves, 27 de Diciembre de 2007 17:13. # Esta piedra. Tema: Ex libris No hay comentarios. Comentar.


Retratos, de Truman Capote

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Retratos, de Truman Capote

     Existen dos formas de conocer la vida y la personalidad de un autor: a través de lo que él dice de sí mismo y a través de lo que dicen los demás. Al primer camino se llega a través de lo que el escritor deja entrever en sus textos ─método peligroso porque remite al obsoleto biografismo y positivismo comteniano─ y lo que confiesa en los escritos expresamente autobiográficos. El segundo método también tiene sus inconvenientes, porque no todos los estudios u opiniones son igualmente respetables y válidos. Desde luego, ni sé ni mi importa si es más fiable lo que dice un estudioso debidamente documentado o lo que dice alguien que tuvo contacto, íntimo o no, con el autor. El primero enarbola la bandera de la objetividad y el segundo la de la cercanía. Ni lo sé ni me importa: como en todos los sucesos lo conveniente es conocer todas las versiones para formar una visión global más completa. Y los retratos forma una porción muy interesante de esta visión total, porque ofrecen de primera mano testimonio de las filias y fobias entre escritores, artistas y pensadores en general.

 

     Hay muchos tipos de retratos, casi tantos como escritores de ellos. Pueden ser absolutamente ficticios, como los que hace Borges en Historia universal de la infamia o parcialmente ficticios, como los de Papini en Gog o El libro negro. Los hay que son breves pinceladas de un puñado de rasgos significativos organizados en torno a una exposición, que es lo que pasa con Españoles de tres mundos de Juan Ramón Jiménez ─o tan breves como los Jesús Marchamalo y Damián Flores en 39 escritores y medio─, o también existen largos fragmentos narrativos que bien podrían ser fragmentos de algún relato o alguna novela. Esto último es lo que ocurre principalmente con el libro Retratos de Truman Capote, aunque no carezca de la síntesis sugestiva al estilo de Juan Ramón Jiménez.

 

     El libro de Capote está organizado en largos capítulos correspondientes al encuentro con alguna celebridad, ya sea del mundo del cine, de la literatura o de la fotografía. Además, se añade un apartado final titulado De «observations», que son un conjunto de retratos más breves en los que se muestra el gusto por la pincelada al que antes aludía. En este desfile de personalidades del mundo y de la cultura y del arte Capote consigue contrastar la construcción de un ambiente refinado con la humanidad e incluso la vulnerabilidad de los personajes que describe, sobre todo en aquellos que profundiza más. Parecen eternamente impelidos a buscar una razón para su existencia, lo que se desprende sobre todo de las conversaciones que mantiene con ellos.

 

     La deuda de Capote con el periodismo es absoluta, plasmada en la capacidad para recordar y rememorar los encuentros en sus más nimios detalles, sobre todo en los retratos de mayor extensión, lo que los convierte en una pormenorizada crónica social. Así por ejemplo, en el retrato de Marlon Brando se reproducen conversaciones que pretenden parecer literales aunque se intuyen reconstruidas. Este actor, al que no en vano se le dedica la mayor parte del libro, aparece dibujado como un ser generoso y frágil, que busca desesperadamente la compañía y una trascendencia que va más allá de su oficio de actor, cuyo éxito efímero constantemente amenaza con abandonar por el sueño de la escritura. Del mismo modo describe a una Elizabeth Taylor extasiada por la tensión amorosa que le unía a Richard Burton, con referencias desoladoras a Montgomery Clift. En el caso de Marilyn Monroe ─esa adorable criatura─, una de las grandes amigas de Capote, opta por una descripción dramatizada, con alguna que otra historia subida de tono, en la que se alude principalmente a su relación con Arthur Miller. Con Tennessee Williams hace un sentido recuerdo póstumo en el que el dramaturgo queda perfilado como persona de infinita tristeza interior que tiene que recurrir a drogas y alcohol para engañar su angustia.

 

     Algunas de las personalidades que también desfilan por el apartado De «observations» son: John Huston, Charlie Chaplin, Pablo Picasso, Coco Chanel, Marcel Duchamp, Jean Cocteau, André Gide, Louis Armstrong, Humphrey Bogart, Ezra Pound o Isak Dinesen. En algunos casos, como ocurre por ejemplo con Pablo Picasso o con Louis Armstrong, ni siquiera llega a conocer a los personajes, sino que la referencia no va más allá de expresar su admiración. En otros presenta aspectos poco conocidos que desvelan nuevos matices. Es lo que ocurre con Ezra Pound, poeta que suele despertar desprecios por su adhesión política al fascismo italiano y por la campaña desprestigiadota que Estados Unidos urdió contra él; en el libro, sin embargo, aparece como un generoso amigo dispuesto a interceder por aquellos que están dentro de su círculo de amistades, como con Joyce, a quien dejó dinero para que acabase el Ulysses. Un retrato que también tiene un gran interés es el de Jean Cocteau y André Gide, que expone de forma lúcida las diferencias diametralmente opuestas de ambos escritores franceses ─el primero imaginativo pero falso y el segundo verdadero pero poco imaginativo─.